Lena.
—No te odio —murmuró Kara cuando me había alejado de ella y estaba lista para desaparecer. Me volví a su expresión endurecida, como si fuera muy grande el esfuerzo que estaba haciendo para que las emociones no escaparan—. Pero tampoco puedo estar segura de todo lo que está pasando. Todo lo que ocurrió.
—Te di mi verdad, ahora eres tú quien tiene que detenerse a pensar.
—Me torturaron frente a ti. Para ti —soltó con un deje de vergüenza.
—Nunca pedí que lo hicieran pero no podía decirles que se detuvieran. Te ayudé de todos modos, Kara, muy en el fondo sabes que fui la única que se encargó de sanarte.
—Hace cinco minutos dijiste que querías matarme —replicó frunciendo el ceño.
—Bueno, sí, eso antes cuando... Olvídalo. Lo que quiero decir es que ya no tengo ese deseo asesino de verte arder en el infierno. ¿Bien?
—¿A qué se debe? ¿Por qué un demonio como tú, reina ahora, dejaría sus ganas de matar a un ángel tan de repente?
Kara no era la única que estaba pasando un mal rato. No solo ella tenía problemas para entender. En esa silenciosa casa y viendo su exhausta expresión me sentí demasiado pequeña. Todo estaba muy mal y no sabía cómo solucionarlo. Era cierto que ya no pasaba por mi mente querer acabarla, no tenía ganas de luchar en su contra, no pretendía más que terminar el trato. Así tal vez ya no tendría que verla, no sería necesario pasar por las emociones que me abordaban al mirarla, emociones que no comprendía. No debería molestarme tanto que no me creyera, debería estar riendo de ella, burlándome de lo que le habían hecho.
Kara negó, sus ojos dejaron entrever lo agotada que estaba.
—No sabes lo mucho que me gustaría creerte —dijo con la voz quebrada—. Cuando me miro al espejo y veo las cicatrices no puedo ignorar tu rostro en ese trono, mirándome con tanta... ¿Qué pensabas en ese momento, Lena? ¿Qué pasaba por tu mente?
—Trataba de no pensar en nada —bajé la vista al suelo sin poder mirar sus ojos azules, tan suplicantes, como si quisiera escuchar algo que valiera la pena. Algo que yo no tenía.
—¿Y esa cabaña? ¿Por qué estábamos ahí?
—Te lo he dicho.
—Que me llevaste ahí y me curaste tú misma, ¿pero por qué, Lena?
—No hagas que lo diga cuándo sé que no me creerás —articulé sintiendo la ansiedad y una extraña y creciente tristeza subirme por la garganta. Sentí mis ojos cristalizarse cuando la observé, odiándome de nuevo por sentirme de pronto tan frágil.
—Quiero saber.
—Porque me importas, Kara.
Se sintieron como palabras escupidas al aire sin sentido. Hacía siglos que algo así no salía de mi boca, algo tan real que ni siquiera tenía explicación para mí. Yo sabía que todo lo que había hecho por Kara bajo mi propio riesgo no era solo para mantenerla viva y terminar el trato. Lo había sabido cuando la ví atada en la máquina de tortura, cuando había apretado los puños al ver los azotes y sentir yo misma el dolor. No estaba orgullosa de lo que me pasaba. No esperaba que ella se sintiera igual. Pero su expresión perpleja me hizo querer esfumarme, estar en cualquier otro lugar lejos de su mirada.
Cuando habló ni siquiera pareció su voz.
—¿Yo te importo?
—¿Por qué te resulta tan absurda la sola idea de creer en mí? ¿Por qué ser un demonio me privaría de sentir algo más que odio? Tienes una imágen muy destrozada de lo que soy, Kara, nunca vas a entender mis razones por más de que te las diga una y otra vez.
—Podrías ponerte en mi lugar.
—¿Tu lugar? —espeté más alterada que antes.
—Durante los últimos cuatrocientos años no has causado más que sufrimiento. Sé cómo puedes jugar con la mente de una persona, sé cómo los haces doblarse ante ti, como los manipulas. Tengo mis razones para sentir que esto podría ser otro de tus juegos. Una macabra manera de terminar conmigo. No puedes esperar que tire todas mis precauciones a la basura solo porque se te ocurrió salvarme para luego volver a querer matarme.
ESTÁS LEYENDO
Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
