El escalofrío que me llegó a los huesos y llenó de hielo el interior de mis alas casi provoca que caiga de rodillas de no ser porque Lucifer tenía su mano apoyada con delicadeza en mi hombro. No era siquiera un agarre, sino un toque gentil; el poder necesario para sostenerme en pie.
—Cálmate, no hay porqué alterarse —contemplé un punto frente a mí con precisa atención con el fin de no vomitar. Ya no podía controlar mi cuerpo, me sentía como arena y simple piel—. No queremos que destroces este hermoso hogar.
—Dime porqué soy así.
—Mejor dime tú qué crees que eres.
Negué con la cabeza. Comenzaba a sentir el frío como si fuera parte vital de mí.
—Yo creo... que eres un maldito.
—Esos modales, querida. Anda, cuéntame.
—Soy un demonio. Es lo único que soy, todo lo que me completa. Soy...
—¿Qué? ¿Qué eres? —musitó solo para mí pero desde muy lejos. Ya no podía sentir su cuerpo rondar a mis espaldas.
—Un... —la garganta se me llenó de algo tenso—. No puedo ser un ángel, Lucifer.
—¿Por qué no?
—Me han entrenado para odiarlos. A cada uno de ellos desde que me convertí en un demonio.
—¿Y qué con eso? ¿No crees en los errores?
—No sé cuál es el beneficio que obtienes con este juego pero no te daré el gusto, Lucifer.
Él se materializó a un metro frente a mí, con las manos en los bolsillos y visiblemente esperando algo que yo no comprendía. No había dudas en que seguía yo de pie pero la debilidad continuaba en mi sangre, cosquilleando en mis extremidades.
—Mi reputación tal vez no me precede pero no todo es un juego despiadado al que arrastrarte. No soy tan malvado como mi padre y tú has sido testigo de eso a lo largo de estos últimos siglos. Cuando yo me aburro prefiero re decorar mi casa o atender el jardín. No asesinar a la mitad de la población mundial o provocar terribles catástrofes. Ya no es agradable que me den el crédito por sus trabajos sucios —agregó viendo apenado el suelo—. En fin, sobre tu divinidad.
—Lucifer.
—¿Cuántos demonios compasivos conoces? —las piernas me temblaron pero no me permití caer. Era obvio que él lo sabía todo. Y me temía que con detalle.
—Cualquiera lo habría hecho.
—¿Te refieres a salvar a un ángel o eso de el alma de un humano?
—Eso no es justo. No podía solo... solo dejarla morir.
—Pues que ángel tan especial —repuso con sentimiento—, generando tan asombrosas emociones en ti. Por arte de magia yendo contra tu naturaleza. Tan solo así.
—Soy un demonio, Lucifer.
—¿Por qué tienes tantas ganas de serlo?
—¿No deberías tú esperar lo mismo? ¿Por qué necesitas que crea... ?
—No es necesario que creas nada. Más bien que lo aceptes. Puedes seguir siendo una reina demoníaca después de todo —indicó sonriente. Él sabía que ya no me interesaba ningún título. Sentí mis hombros aún más tensos, más pesados.
—No puedo serlo.
—¿Cuántos demonios poseen tus alas? —lo observé mientras me consumía un frío agobiante—. No alas demoníacas, que se ven tan destrozadas y lúgubres como el alma del infierno más antigua y torturada. Alas angelicales. Como las mías.
Un destello de luz abarcó toda la sala cuando sus alas se extendieron. Alas celestiales en verdad, a pesar de todo pronóstico sus alas angelicales seguían siendo las mismas que aparecían mencionadas en los libros de hace siglos. Blancas como el papel, de apariencia majestuosa y fuerte. Fue leve el ardor en mi piel al descubierto, la observación de que su luz no me hería me inquietó terriblemente, pero todavía más a mis alas. Ese peso invisible me hizo doler los hombros.
—No hay de qué avergonzarse. Yo no lo hago a pesar de lo que soy. O quizás... quizás un poco, si consideramos lo desagradables que son los ángeles. Siempre tan correctos, ¿no es así? Buscando hacer una y otra vez el bien, ignorando que son controlados desde su transformación. Muchos se sorprendieron al principio. Que un ángel se convirtiera en el amo de un sitio tan devastador y cruel los dejó atónitos. Asustó a mi padre en esa guerra —dijo arqueando las cejas con un encanto vil—, el hecho de que una de sus creaciones pudiera diferir de sus pensamientos y escapar de su dominio. Quebrar su poder.
—¿Qué requirió?
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
