Kara soltó un suspiro agitado mientras el beso se volvía más y más caliente, provocando que mi mente se siguiera nublando.
Una cosa era haberla besado sin estar del todo en mis cinco sentidos, otra que ella lo hiciera no recordando quién era, pero esta vez nada de eso interfería. Ella era un maldito ángel que sabía a la perfección lo que hacía y yo el débil demonio que había dejado de resistirse a sus impulsos.
Sentir el ligero calor que amenazaba con querer arder cada vez que rozaba su lengua me elevaba, me provocaba y me invitaba a jugar aún más. Kara me besaba con un instinto hambriento. Para cuando sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo había perdido todo mi control.
—Déjame quitarte la ropa —dije entre sus labios cuando Kara terminó de arrancar la parte superior de mi túnica con las manos.
Se separó apenas, las dos muy agitadas. Me dispuse a desabrochar los cinturones de la ropa de combate angelical, luego rompí los botones porque la paciencia era muy poca en ese momento. El aliento que me quedaba desapareció cuando noté que nada cubría sus pechos. El aire frío endureció sus pezones con tanta rapidez y la piel pálida de alrededor estaba tan a mi alcance que quedé hechizada.
—Me lleva el diablo.
Kara permaneció en silencio pero me guió hasta el centro de la cama. Con ella sentándose sobre mi cintura comencé a temer por la seguridad de toda Alaska. Yo solo había quedado en ropa interior pero el ángel ya se estaba ocupando de eso.
Estudiaba con atención la tela entre mis pechos, jugaba con la seda y de vez en cuando me miraba con ojos incitantes. En mis relaciones nunca había dejado que nadie tomara ese rol dominante sobre mí. Siempre era la que otorgaba el placer, lo encontraba fascinante y me daba la dosis justa de satisfacción. Pero con Kara era distinto. Sentía que iba a explotar y ni siquiera me había tocado.
Cómo sabiendo lo que pensaba Kara se acercó a mi rostro, bajó la cara hasta mi cuello y besó con suma lentitud mi piel. Mordisqueó varias veces mientras recorría la curva hacia mi clavícula, luego más tarde, poniendo sus ojos en mí, rodeaba con su boca mi pezón y tiraba de él muy apenas con los dientes. Jugaba con la carne sensible, lamía donde mordía y volvía a repetir los movimientos tan torturadores.
Cuando siguió con mi pecho izquierdo sentí una de sus manos merodear por mi pelvis hasta quedar en mi entrepierna. Apretaba mis muslos, de vez en cuando se acercaba a mi centro, pero nunca del todo. Los leves pellizcos eran como cosquillas para mí pero vaya que las sentía en todo el cuerpo.
Sentí esa necesidad de volver a besarla y no me demoré. La tomé por el cuello y me hundí en el sabor de sus labios, me entregué al juego particular de su lengua al abrirse paso por mi boca y un gruñido salió de lo más profundo de mi garganta cuando su mano volvió a apretar mis muslos, mucho más cerca del punto que anhelaba ser tocado.
—Eres tan jodidamente preciosa pero tienes que... —uno de sus dedos había rozado una parte ya debilitada sobre mi ropa interior generando que las pulsaciones entre mis piernas aumentaran.
—¿Si, Lena?
—Tienes que tocarme.
—Tengo prohibido tocarte —murmuró sobre mis labios, besándolos un segundo después, llenando mi cuerpo de sensaciones placenteras. Su mano ágilmente abrió mis piernas y me sentí al descubierto pero no importó. Era solo para ella—. Eres un demonio.
—Tócame, Kara.
Ella sonrió. Seguía viéndose como un ángel, nada en su expresión había cambiado en cuanto a eso. Pero el deseo, la intensidad y la caliente mirada habían llegado de improvisto y no se irían fácilmente.
Contuve la respiración cuando separó aún más mis piernas y tres de sus dedos acariciaron un sitio en particular sobre la tela. Solo caricias suaves que iban de arriba hacia abajo con la presión justa para no hacerme correr en segundos.
ESTÁS LEYENDO
Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
