33. Humo y espejos.

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Lena.


—Por los siete infiernos —exclamó Nocturn cuando me aparecí en la sala del trono. Estaba vacía y solamente ella sentada en la silla junto a la mía—. ¿Qué demonios te pasó? Apenas regresas, te vuelves a ir y no sé nada de ti.
—Me estaba tomando unas vacaciones.
—Oh, claro, eso lo explica todo. Tienes suerte de que la Orden no haya solicitado una reunión.

Me dejé caer en el trono. Miré el mismo vacío de siempre, escuché los mismos lamentos a lo lejos, la igual oscuridad de todos los días y aún así algo estaba fuera de lugar. Pero volví a ver a Nocturn y más allá de su evidente enojo por mi ausencia supe que estaba aliviada. Quizás no era realmente mi hermana y las emociones fuera cosas de mortales, pero ella siempre se había preocupado a su manera por mí.

—¿Es cierto el rumor? —rompió el contacto visual y miró las puertas de roble al otro lado de la sala como si pudiera atravesarlas con la vista. Me pareció que no iba a responder o que lo negaría, pero dijo;
—Todo es verdad. La guerra se acerca más pronto de lo que podremos soportar. ¿Pero cómo te has enterado tú?
—No olvides que lo sé todo, Nocturn. Ahora dime ¿por qué diablos una guerra? ¿Por qué ahora?

Se removió y tardó unos momentos en encontrar las palabras justas.

—Me han dicho que algo está mal. Han habido asesinatos en masa de mortales a mano de demonios que ni siquiera están bajo el mando de alguna legión. Y justamente eso es a lo que los de arriba no les gusta. No tener el control y que las cosas no salgan como quieren. Todos nosotros tendremos que luchar, supongo que es hora de terminar con esos ángeles de todos modos.
—Muchos de ellos son muy poderosos —murmuré, un poco más para mí misma. Nocturn solo asintió pero al instante su expresión cambió a una cuestionadora.
—Nunca me dijiste que hiciste con Kara Danvers.
—¿Qué quieres decir?
—Cuando desapareciste luego de que la torturaran, ¿qué pasó con ella?
—Escapó.
—¿Sin más? Oh, vamos. Estaba casi muerta. Además ¿quién escapa de ti?
—¿Estás dudando de mí? —dije con calma, estudiando un punto vacío en el frente.
—No, claro que no.
—Bien. Ahora déjame sola, necesito pensar.

Se fue sin decir palabra alguna. Estudié mi brazo y el lugar donde una Kara furiosa me había lastimado. La herida había sanado pero si se miraba con atención se podía distinguir una línea irregular muy fina.

Estando en el infierno comencé a cuestionar mis últimas decisiones. Quizás era este lugar lo que hacía que lo peor de mí brotara hasta la superficie pero una parte de mí estaba enojada. ¿Cómo es que podía sentir todo lo que sentía por un ángel? Y no cualquiera pero Kara. Kara, quién desde el comienzo se había convertido en mi indudable enemiga. A quien le había jurado una guerra silenciosa desde mucho antes de nuestro trato. Kara, el ángel al que más había odiado. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía verla ahora a los ojos y sentirme vulnerable? ¿Cómo es que iba a entregarle mi vida en sus manos?

En mi corazón se libraba una batalla aparte entre lo que era y lo que sentía. Era un demonio. La ira, la maldad, el orgullo y la crueldad se revolvían dentro mío y no había nada que yo pudiera hacer. Estaba enojada, estaba molesta, incluso tenía esas ganas de volver a destrozar un alma como antes pero no podía. Ya no. Me quedé sentada en el trono, estudié mis emociones pero era absurdo.

Una buena parte de mí quería arrancar de raíz todo lo que Kara significaba. Mi naturaleza me pedía a gritos que siguiera con el viejo plan, que dejara de jugar. La otra parte luchaba y peleaba por silenciar ese enfrentamiento en mi mente, hacía todo lo posible para que el infierno no ganara.

Mi cabeza dolía cuando me transporté en segundos a mi habitación. Como si fuera a propósito o el mismo Lucifer percibiera mis lamentos internos una demonio esperaba paciente en mi cama. La conocía de memoria. Decenas de veces habían sucedido cosas entre nosotras pero yo estaba vacía y me sentía confundida. Quería salir de ahí, quería volver a escapar como aquella vez pero ¿hacia dónde? Pensé entonces en lo que debía de parecer. Seguro me veía como un animal asustado. Quieta, allí a mitad de la habitación y sin nada que decir.

Prohibido Tocarte; Supercorp.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora