Kara.
Había sido un día ajetreado en Hybrion. Sara, quien me volvía a dirigir la palabra, estaba apoyada en la pared rocosa frente a mí. La sala de entrenamiento estaba atestada de ángeles que chocaban lanzas y espadas unos contra otros. Unos tenían más agilidad y fuerza pero otros eran más astutos y rápidos al esquivar un golpe.
—No entiendo —repitió pasando el dedo por el filo de su espada—. ¿Por qué haría eso?
—Es lo que me gustaría saber. Me cuesta tragarme que lo hace de buena voluntad.
—Mira, sabes que soy la que más en contra está de ese absurdo trato pero tuviste la posibilidad de elegir no ensuciar tus manos y me alegro de que hayas aceptado. Aun y aunque no me huela nada bien.
—¿Quizás si tiene buenas intenciones? —aventuré. Las dos intercambiamos una sonrisa de negación como si fuera la idea más tonta de todas.
Sara me había hablado por la mañana, disculpándose a su manera por cómo habían sido las cosas entre nosotras. Estaba contenta de tener a mi mejor amiga de vuelta pero me daba la impresión de que había algo que no me estaba diciendo. Después de tantos cientos de años es casi vital conocer cada emoción o comportamiento de los que te rodean. Con Sara siempre había sido fácil saber lo que sentía o las sensaciones por las que pasaba y por eso mismo estaba segura de que no estaba siendo del todo franca. Pero me lo guardé, si tenía algo que decirme, tarde o temprano lo haría.
Observábamos entrenar a un par de ángeles que tenían el aspecto de niños de quince años, las espadas mucho más grandes que ellos.
—¿De verdad no alardeó? Quiero decir, ahora que es reina es más propensa a ser una gran... —cerró la boca ante mi mirada y puso los ojos en blanco—. Bien, ¿una tonta con uno o dos poderes de más? De por sí se glorificaba con lo que tenía antes, no quiero imaginarme ahora.
—Fue bastante madura al respecto.
Mientras más pensaba en el encuentro con Lena más llegaba a la conclusión de que tal vez si lo hacía de buena gana. Pero a la vez era tan infantil esperar algo bueno de un demonio que me regañaba a mí misma por siquiera considerarlo. ¿Por qué lo hacía entonces? ¿Qué se traía entre manos esta vez? Muchos años habían pasado desde que nos habíamos enfrentado en una misma misión. Habíamos luchado de tal manera y la pelea había generado tanto poder que más allá de lo rotas que las dos acabamos ese día, ya no podíamos tolerar mirarnos a la cara. Pedirle que quitara a mi hermana de la lista había sido un golpe cargado de humillación hacía mí misma.
¿Qué podían significar entonces sus acciones? Ahora que yo no tenía que hacer nada más que mirar, Lena no tendría nada a cambio. No iba a deleitarse con la idea de verme atravesar un infierno para elegir otra víctima. No tenía pinta de ser un trato justo para ella y viniendo de Lena era tan extraño como confuso.
Un día después me aparecí en mi forma angelical en un pequeño pueblo de Londres. Tal vez no era lo nuestro disfrutar de algo tan mundano como la arquitectura, el clima frío o la nieve. Pero yo lo hacía. Me gustaba venir de vez en cuando hasta aquí y sentarme bajo la fuente en medio de la plaza principal, frente a la iglesia. Congelada como estaba ahora el agua no era más que hielo y escarcha y el querubín que hacía de adorno tenía los ojos vacíos y sin vida puestos en mí.
Pero esta vez no se trataba de lo que yo quería. Tenía una misión en este lugar, alguien a quien debía cuidar al menos un par de horas. Era muy raro que me dieran a mí algo tan simple, siempre que me iba lo hacía para enviar a las bestias al infierno, pero pocas veces para proteger. No me quejé, después de todo era un ángel y me digné a disfrutar de algo tan sencillo.
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
