32. Dicen que Dios es misericordioso.

7.2K 709 99
                                        

Cuando las lágrimas
de los ángeles
caigan a la tierra,
las puertas del
Infierno volverán
a abrirse.



Kara.


Descubrir que tenía sentimientos por Lena fue lo más fácil. Sabía que era real, que las cosas que sentía por ella solo crecían al estar a su lado y se debía en gran parte a nuestro pasado y a lo que jamás habíamos podido olvidar.

Había aceptado lo que sucedía entre nosotras pero había comenzado a sentir miedo por varias cosas. Lo primero, y más obvio, lo que en realidad éramos. No se trataba de humanas, ni siquiera seres de igual naturaleza. Éramos todo lo opuesto. Lena era un demonio. Le habían manchado el alma al transformarla, le habían obligado a hacer cosas terribles y muchas de ellas las había disfrutado. Pero no era lo que me importaba ahora. Había visto un brillo de bondad con esa anciana y sabía que era una acción pura. Si algo como aquello podía ocurrir entonces Lena no podía estar del todo perdida. Los demonios no son compasivos y los demonios no te besan cada centímetro de piel con la lentitud de quien necesita demostrar amor. Sí, la palabra era grande, pero era la única con la que podía comparar lo que sentía cuando me tocaba o lo que transmitía al mirarme. No tenía el coraje para decirle como me sentía en verdad, confesarle que estaba enamorándome de ella otra vez era una idea descabellada.

Mientras la veía dormir boca abajo con la espalda al desnudo y el cabello negro disperso en la almohada pensé... ¿Qué tal si todo esto no era más que una mentira? ¿Qué si era solo una manera mucho más inteligente de destruirme? ¿Qué pasaba si Lena sabía actuar muy bien, hasta el punto de mirarme con tanto cariño o tocarme con tanta suavidad?

No me enorgullecía tener esas ideas pero era imposible ignorarlas. Después de tanto odio enjaulado y amenazas Lena había cambiado conmigo tan súbitamente que era de esperar tener algunas dudas, quizá. No quería pensar en la posibilidad de que fuera una farsa, que sus besos no eran reales, o sus palabras mentiras.

No quería imaginar que me miraría de repente y comenzaría a reír, que se acercaría a pasos lentos y me contemplaría con odio, que se burlaría por mi estupidez.

Lo nuestro bien podía ser verdad o una completa mentira.

Sentí mis ojos arder en ese momento. Se me llenaron de lágrimas con mucha rapidez y el nudo duro y pesado en mi garganta se instaló.

Fue cuando Lena se removió y giró hacia mí que quise salir de allí para que no me viera en ese estado. Pero me quedé en la cama, permanecí quieta. Estaba con la espalda pegada al cabezal y lloraba como una tonta cuando sus ojos se abrieron del todo y me observaron. La preocupación se expandió al instante, se incorporó con rapidez a mi lado y buscó mi mirada.

—Kara —susurró cerca de mi rostro—. ¿Qué pasa?
—No ha pasado nada.
—No puedes engañarme a mí.
—Solo son tonterías, Lena. Vuelve a dormir. Estoy bien.
—¿Bromeas? ¿De verdad piensas que te veré así y lo ignoraré como si nada? ¿Qué clase de demonio crees que soy? —sonrió y quise pegarle por ser tan endemoniadamente hermosa.

Respiré muy hondo. Ya no lloraba pero me sentía vulnerable y expuesta. Era un ángel, no era así como debía hacer las cosas. Ni siquiera debía sentir. Pero al volver a su rostro quise no haber pensado nunca en aquello, quise no tener que decirlo en voz alta.

—Dime que no es un juego, Lena. Por favor dime que no es otro de tus planes para acabarme. Necesito saber que esto es real. Tienes que decirme que no estoy cayendo en una trampa porque justo ahora ya no puedo volver atrás. No puedo pensar con claridad al verte, no sé cómo protegerme de ti si resulta ser una mentira, todo mi poder es inútil si ya te has metido bajo mi piel. Dios... solo necesito saber.

Prohibido Tocarte; Supercorp.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora