Kara me había dejado sin habla. Estaba delirando, claro, fue obvio incluso antes de darme cuenta de que tenía fiebre. No había dicho otra palabra y más que una rara desilusión, me generó un vacío profundo.
—Todavía puedo irme —dije mientras cambiaba los vendajes de su espalda. La fiebre había llegado como un mal chiste y yo estaba cada vez más y más molesta. En especial conmigo—. Todavía puedo salir de aquí antes de que despiertes.
Las marcas en la punta de mis dedos por haber tocado su sangre todavía seguían ahí cuando me alejé y miré por la ventana. Había dejado de nevar, el sol quería salir de entre las grises nubes y las montañas, a lo lejos, me juzgaban en silencio por lo que hacía.
Kara comenzó a decir tonterías la siguiente media hora. Murmuraba cosas que yo no llegaba a entender, palabras sin sentido y cada tanto, mi nombre.
Le ponía paños mojados de vez en cuando pero Kara hervía, así que pasé a la nieve. Por muy absurdo que era eso la hizo calmarse un poco y su temperatura bajó un par de grados.
—Es un demonio, Sara —dijo suavemente. Yo estaba apoyada en el marco de la puerta pero escuchaba con claridad—. Es un demonio.
—Tu amiga no está aquí —señalé, pero Kara siguió con los ojos cerrados. Flotando sobre recuerdos de tiempos pasados hace demasiados años.
—Ella me odia. Lena me odia.
Mi corazón experimentó una emoción difícil de poner en palabras. La sacudida en mi pecho, el titubeo en mis acciones antes de volver hacia la cama y sentarme a su lado. No quería sentirme así, no podía ni soportaba estar aquí, sabía que lo único que tenía que hacer era irme.
Pero mientras más la miraba, mientras más observaba la paz de su rostro, más se me imposibilitaba siquiera dejar la habitación. No tenía idea de lo que hacía en este lugar, no entendía mis propios sentimientos, era extraño siquiera pensar en tener algo que sentir.
—Yo no te odio —murmuré con una voz tan baja como diferente. Como si se tratase de un llamado abrió los ojos, clavó la mirada en mí, una mirada que me hizo querer dar un paso atrás y desaparecer.
—Te ves distinta.
—¿Tú crees?
—Oscura —volvió a murmurar.
—Las ventajas del infierno.
—Infierno —cerró los ojos, frunció el ceño y los abrió de nuevo—. Mi cuerpo duele.
—¿Qué recuerdas, Kara?
Hizo una mueca. Sabía que estaba confundida, que el dolor no la dejaba entender ni recordar, que no estaba segura de porqué estaba allí. O quién era yo del todo.
—Mi hogar.
—¿Hybrion? —pregunté, nombrando aquella ciudad en el cielo.
—¿Qué es eso? —ladeó la cabeza, intentó moverse pero se detuvo—. Mi casa en... ¿Esta es alguna de las cabañas de tu padre?
—Kara.
—¿Acaso nos escapamos?
—Estás pensando en el pasado —le advertí—, tienes que recordar quién eres ahora.
—Sé quién soy. Mierda, esto duele. ¿Qué sucedió, Lena?
—¿No recuerdas?
—Estabamos en el jardín —respondió fácilmente.
—Eso ocurrió hace... —tuve que detenerme apenas al empezar. Me sentí incapaz de romper la ilusión de que nada había cambiado, de que ella era distinta y de que yo no era lo que pensaba. Kara tomó mi silencio como si fuera una buena señal y una sonrisa calida le iluminó el rostro. Mi propio vacío se quejó por la verdad que le ocultaba.
—¿Me has secuestrado aquí?
—Un cambio en el ambiente no viene mal —murmuré, fingiendo aquella personalidad tan olvidada que me había sido arrancada cuando me convertí en demonio.
—Frío, me gusta.
—También a mí.
Kara respiró hondo, abrió la boca para hablar pero algo se lo impidió. Al contrario se me quedó viendo. Ella estaba tan segura de que todo seguía igual de normal, tan fácil, una vida tan simple. ¿Cómo podía arruinarle eso, quitarle la esperanza de que tenía una vida sin responsabilidades divinas que atender?
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
