Kara.
—¿Te encuentras bien?
Fue lo primero que dijo Tom, mi amigo, cuando aparecí en la sala de entrenamiento. Sara había levantado la cabeza en mi dirección al verme entrar pero siguió sin más blandiendo su espada con otro ángel. Inexpresiva y distante la había notado, ni siquiera un rápido saludo luego de haber estado tanto tiempo fuera.
Tom me pasó una de mis armas, de las que solía usar siempre en los entrenamientos y él tomó la otra. Una un poco más larga y con un mango de oro, más pesada y fuerte.
—Estoy bien.
Comenzamos a calentar. Primero despacio y luego asestando suaves golpes que a ninguno dolía.
—Estuviste mucho fuera, comenzaba a temer por ti.
—Sé cuidarme bien, Tom —él giró con un movimiento eficaz y rápido y el peso de la espada dió de lleno en mi costado izquierdo.
—Tienes la guardia baja, ¿qué ha pasado?
—Solo es la falta de práctica.
—Luchas desde que tienes uso de razón, Kara —detuve un mandoble y busqué ocultar la mala sensación que aun sentía por dentro después de aquellos días en el hospital. —Sabes pelear mejor que todos nosotros, mejor que Sara incluso.
—Creo que Sara hoy no parece estar muy interesada en mí.
Cambiamos de lugar y Tom afirmó con la cabeza. Noté que tenía una nueva armadura puesta. De cuero duro angelical y de las resistente a cualquier daño. Tenía muñequeras y botas también del mismo cuero marrón claro.
Tom era un ángel alto, de buen estado físico y por supuesto, de los mejores en lo que hacía. Los músculos tonificados no coincidían en nada con su personalidad de niño por más de que tuviera más de doscientos años. Su cabello era plateado lo que le daba un aire más rebelde de lo que debería ser, sus ojos color caramelo eran el perfecto tono para su rostro, literalmente, angelical y divino. La mitad de los malak, los ángeles recién llegados, le tenían un gracioso miedo. Su tarea consistía en ser un ángel protector. No devolvía a los demonios al infierno si no era estrictamente necesario pero de eso se encargaban otros. Lo que él hacía era velar por aquellos desafortunados que dormían en las calles y no tenían para comer. Tom no podía ayudarlos pero alejaba a las criaturas del Averno de los vagabundos, quienes al ser presas fáciles, eran constantemente atacados.
Él era junto a Sara mi único amigo de verdad y no lo cambiaría por nada.
—Sara ha tenido unos días complicados a causa de tu ausencia. Creo que tanto trabajo le estresó un poco, ya sabes, ella solo quiere entrenar todos los días o ir a cazar de demonios. No quedarse aquí a supervisar ángeles.
—A veces pienso que a ella le iría mejor en todo esto pese a que no sea lo suyo. Es más dura y precisa al momento de entrenar.
—¿Y tú eres mala por ser más liviana con los que tardan en aprender a mover una daga? —replicó esquivando mi espada.
—No fue lo que dije.
—Eres la mejor de aquí.
—No hay mejores ni peores para nuestro señor.
Chocamos espadas por otros cuarenta minutos hasta que al fin nos retiramos. Varios se habían quedado a mirarnos con asombro por lo poco que nos afectaban las espaldas en la piel. Si bien ningún ángel resultaba herido con su propia espada, a los que recién llegaban les dolía demasiado un pequeño roce. Me causaba cierta intriga que pudieran sentir dolor aún, el dolor generalmente te hacía sentir más vivo.
—¿Me dirás lo que pasó con Lena?
Murmuró Tom cuando caminábamos calle abajo por Hybrion, asegurándose de que nadie estuviera cerca. La avenida estaba vacía.
Oculté la sorpresa de que fuera tan obvio saber que ella había estado ahí.
—¿Cómo sabes que estaba?
—No es difícil de deducir, ¿sabes? Por lo que sé Alex ya salió del hospital sana y salva, por el momento ningún demonio puede tocarla ya que su energía vital no está en todo su potencial y no les serviría de nada matarla. Pero llegaste y estabas desconcentrada y molesta y sé de solo alguien que puede ponerte tan... Furiosa.
—No estoy furiosa.
Tom alzó una ceja.
—No se supone que deba sentir ninguna de esas emociones, Tom.
—De ves en cuando está bien estar un poco enojado.
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fiksi Penggemar(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
