Kara.
Si en ese mismo momento alguien me preguntaba lo que hacía yo ahí, no sabría qué responder. Me había inundando la sensación de querer salir de Hybrion y aparecer en cualquier otro sitio, justo aquí. Me quedé en la barra del club por no sé cuánto hasta que la ví entre la gente. La había sentido desde el cielo por muy extraño e increíble que fuera.
Supe que nada me causaba tanto dolor como besarla. Mi propia boca quemaba por el ardor, todo mi ser quería alejarse pero yo simplemente no podía.
La había tomado por sorpresa antes cuando actué por impulso. Pero ahora ella se había dejado llevar y todo se había vuelto mucho más intenso. En verdad intenso.
Lena tenía las manos cerradas en mi cintura, fuertes y firmes. Me había empujado contra el pilar a mis espaldas sin ninguna otra escapatoria más que su boca. Y yo la deseaba. Quería con desesperación la lengua que rozaba la mía frenéticamente. Sin importarme lo mucho que mi cuerpo sufría con ese contacto yo anhelaba ese calor.
Un gemido escapó de Lena y rebotó en mi boca haciendo que más de una parte de mi cuerpo enloqueciera. Llevé mis manos a su rostro, luego las posicioné en su cuello para que no se alejara. Lena gruñó por el tacto pero solo sirvió para encenderme más. Me empujó aún más contra el pilar, ella se pegó más a mi cuerpo.
—Que puta obsesión me provocas —murmuró con la respiración entrecortada. Yo no hablé, ya no podía. Estaba extasiada entre el dolor y el placer. Vaya masoquismo.
Ví como Lena subía las manos hasta mi estómago y como su boca abandonaba mis labios de a poco hasta llegar a mi cuello. Con sorpresa sentí como lamía de arriba a abajo la piel al descubierto, como mordía y besaba con suavidad. No podía saber a estas alturas si el dolor que me generaban sus besos era por nuestra naturaleza o por las ganas de que no se detuviera.
Mis manos se encontraron con el borde de su pantalón vaquero y pronto me miró a los ojos. Tan verdes y preciosamente divinos. Por inercia me incliné y la besé de nuevo. Sus manos me soltaron y no volví a sentirlas pero siguió besándome. Me besó con calma y juré que incluso el juego que hacía su lengua me estaba diciendo mil cosas.
Una humedad salada me hizo abrir los ojos y apartarme unos centímetros. Su mirada estaba cristalizada. De repente rota. Supe que esa misma manera de verme la había visto muchas veces antes. Antes. Cuando éramos solo Lena y Kara.
Quise tomar su mano pero retrocedió. Quise secar sus lágrimas, volverla a besar, no importaba si dolía.
—¿Qué pasa, Lena?
—¿Dónde estoy? —me comenzó a asustar como su mirada lentamente comenzaba a oscurecerse. Por muy verdes y claros que eran, siempre había existido esa obvia oscuridad que en los últimos minutos no había estado. Frunció el ceño.
—¿No sabes?
—¿Por qué estoy contigo? Por qué... —comenzó a mirar sus manos, tocar su cuello donde yo había tocado. Quizás sentía los restos que el calor había dejado. Fue como si le hubiera golpeado de una sacudida. —Oh, demonios, tengo que estar loca.
—¿No sabes lo que acaba de pasar?
—Yo estaba con Blaire y... —relamió sus labios pensativa, como quitándose una duda, sintiendo el sabor de mi boca también. Se le formó una sonrisa falsa y complicada. —Nos besamos.
Esta vez yo la miré con confusión. Por un instante tuve que tocar el pilar a mis espaldas para asegurarme de seguir allí. De a poco fui sintiendo como mis poderes volvían a mi cuerpo. Sentí dolor en las diferentes partes de mi ser, en el cuello, sobretodo la boca. Pero recordaba bien.
No podía creerlo. No podía procesar lo que me había pasado pero lo único que llenaba mis emociones era el asco, enfado y confusión. Lena a un par de metros también se debatía sus propias acciones pero yo, yo siendo un ángel, había perdido el camino de la nada. Recordaba estar en Hybrion y de pronto venir aquí, olvidar todas mis facultades y mis poderes.
ESTÁS LEYENDO
Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
