Había costado todo en mí alejar la sangre de sus labios.
La manera en la que en un solo instante se había obsesionado con beberla me había hipnotizado. La visión de su lengua bañada en mi sangre me había desconcertado y no estoy segura de si en el buen sentido. El calor que se había creado en mi entrepierna por su mirada azulada llena de necesidad, los labios manchados de maldad... pues estaba teniendo problemas para mantener la calma. Si hubiera sabido allá en la cabaña, cuando destrozamos todo, que era tan seductor verla adquirir unas gotas de mí... Kara seguramente me habría golpeado por sugerir algo como eso.
Incluso después de besarla todo aquello permaneció igual, mi excitación no desapareció porque quisiera hacer lo correcto en un momento donde podían atraparnos. Casi podía escuchar a Lucifer riéndose en el fondo de mi mente «Oh, Lena, ¿qué estás esperando? ¡Si lo quieres tómalo!»
Así que hice lo posible por concentrarme en la herida de mi antebrazo mientras se curaba. Si empezaba con mis comentarios de siempre Kara se abalanzaría sobre mí en cualquier momento. Digamos que uno de los efectos secundarios al volverte un demonio es que comienzas a tener todo tipo de deseos impuros.
Varios se vuelven sedientos de sangre, otros tantos destruyen durante meses todo lo que encuentran y algunos se sienten bastante hormonales y se acuestan con todo lo que ven. Usan el poder apenas desarollado de la transformación y aprovechando la torpeza de los mortales tienen largas, muy largas, sesiones de incansable sexo.
En mi caso había recibido todo el paquete. Tenía un inmenso deseo de matar y destruir a cualquier humano que pudiera atrapar, más aún mi cuerpo estaba en llamas unas veinte horas al día y necesitaba apagarme. Entonces el sexo ayudaba un poco.
Por eso sabía que tenía que poner un alto. Lo que no le había dicho antes era que en realidad sí podía transformarse en un demonio. Podría volverla igual a mí si dejaba que cierta oscuridad se filtrara en su cuerpo. Y mi mente casi me juega una mala pasada. Estando tan perdida en como se tragaba el líquido que por poco olvido concentrarme en mi tarea.
Tenía que alejar todas mis malas cualidades y eso dolía. Era como separar algo que era físicamente imposible. Así que mientras ella bebía, mi brazo comenzaba a hacerse más pesado y débil y falto de energía. No le diría que era una sensación agonizante dividir lo endiablado de mi sangre. Ya bastante mal lo había hecho al dejar caer algo de mi calentura en su boca. En mi defensa ella tenía la culpa por hacerlo así de intenso.
—¿Así te sientes siempre? —preguntó lentamente. Tenía la sensación de que hasta su voz se le hacía algo extraño.
—¿Cómo te sientes tú?
—Poderosa. Confiada. Fuerte.... Muy fuerte. También estoy un poco calien...
—Sí, así me siento por lo general —le interrumpí con rapidez frotándome la herida recién hecha. Las demás, las que sus alas hicieron al quemarme, ya eran solo líneas blancas—. Pero mil veces más que tú ahora. Solo has bebido un poco.
—¿Cómo manejas sentirte así?
—Se vuelve parte de ti y terminas acostumbrándote a lo que eres —me fui poniendo de pie y le extendí la mano. Cuando la tomó, quise sostenerla por siempre ante la cálida sensación; no quemaba, ni ardía, ni molestaba. Kara me miró con una mezcla de asombro y admiración, ignorando por completo que ya no existía calor ardiente entre su piel y la mía—. ¿Qué?
—Realmente eres más fuerte que yo.
—Estás comenzando a exagerar, ángel.
Caminé un poco en su cuarto. Deteniéndome frente a una estantería donde un par de armaduras descansaban brillantes. Podía ver mi propio reflejo oscuro, siempre tan oscuro.
—No exagero —volvió a hablar Kara, esta vez sonó más a su yo habitual—. Eres poderosa y por lo que puedo sentir de tu sangre, mucho más que yo. En la guerra podrías...
—En la guerra sabes cuál es tu tarea y no volveremos a discutirlo.
—Lena.
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fiksi Penggemar(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
