31. A veces encuentras a un ángel en la oscuridad.

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Kara.

Lena estaba de brazos cruzados contemplando el fuego en la sala de estar. Dos días habían pasado desde aquella noche, si tuviera que definirlos en pocas palabras lo más seguro sería... mucho sexo.

Desconocía el porqué, no quería entrar en las razones de mi nuevo e insaciable apetito sexual. Cielos, era un ángel, y sabía bien lo incorrecto de los últimos días. Todo estaba mal y no lo negaba pero ver a Lena me quitaba las preocupaciones. Había pasado siglos queriendo ignorar que ella existía, muchos años luchando contra las criaturas bajo su mando y mucho tiempo negando los sentimientos confusos que querían asomar al verla.

Siempre había odiado el hecho de que se convirtiera en demonio pero ahora al ver en sus ojos el reflejo de las llamas dudaba. Tenía la sensación de que solo detestaba nunca haber podido acercarme, de que me la quitaran de repente y de que al ser yo un ángel sus intenciones fueran erróneas. Hasta hace poco lo eran, al menos. Suspiré y Lena notó mi presencia.

—Hey, no te había oído. ¿Cómo dormiste?
—Muy bien —admití y ella sonrió, muy satisfecha consigo misma. Horas antes habíamos tenido un encuentro violentamente sexual, alas, garras y todo, en la cocina y habíamos quedado exhaustas—. ¿Tú has podido descansar?
—No mucho —y volvió la vista al fuego con una mirada reflexiva—, no necesito hacerlo de todas maneras. Me siento fantástica.
—¿Segura?
—Claro.
—¿Lena?
—¿Mm?
—¿Te arrepientes de esto?

Su rostro pasó de inmediato a la confusión y pronto la vi caminar hacia mí, sentándose en el borde de la mesa de roble a mi lado y cruzándose otra vez de brazos.

—¿Por qué lo preguntas?
—Quiero saber si sientes que fue un error.
—¿Tú piensas que lo fue? —si Lena era un demonio lo que menos percibía en ella era algún rasgo de maldad. Literalmente, todo ese odio que la caracterizaba no estaba presente.
—Pienso que fue algo... Intenso. No un error.
—Tampoco fue un error para mí, Kara. Los últimos días se han sentido tan bien que de verdad... No quiero volver.
—¿Hablas en serio? —repliqué con sorpresa. Sus ojos brillaron.
—Es algo que me gustaría ¿sabes? Deseo quedarme contigo, donde sea, en cualquier lugar. Pero también conozco las reglas y los lugares que nosotras ocupamos en el universo. Eres un ángel importante que tiene responsabilidades divinas, un dios al que obedecer. Y yo me he convertido en reina, no me malinterpretes, ahora es lo que menos me importa, pero lo que intento decir es que somos dos seres que tienen lugares que ocupar ¿entiendes?
—No se cansarán hasta encontrarnos —y perdí todas las esperanzas.
—Exacto, y será mucho peor para ti. Por mi parte si alguien se entera creerán que solo estaba jugando contigo, queriendo marcar a un ángel, volverlo impuro... —al decir lo último sus ojos se ensombrecieron, dándose cuenta de que era justo lo que había hecho—. Pero tú... A ti te van a desterrar, Kara, no quiero eso para ti.
—¿Por qué importaría si lo hacen?
—Amas lo que haces. Sé que en el fondo no quieres dejar el cielo y no quiero ser la razón por la que sufras.
—Quizás ya lo sepan, quizás Dios... No sé qué tan buena idea sea volver, Lena. ¿Cómo puedo seguir pretendiendo ser un ángel luego de esto?
—Sabes que si te arrepientes de corazón te perdonarían.
—No. Esto no fue una equivocación. Después de siglos me he vuelto a sentir viva, ¿cómo puedo ignorar eso?

Lena estiró perezosamente la mano en busca de la mía, por mucho que quemó ninguna de las dos se molestó. Me acercó y depositó un beso tierno en mis labios. Al abrir los ojos tenía la expresión más derrotada y apesadumbrada que hubiera visto en ella.

—Tú y yo, más que nadie, sabemos que no podemos tener todo lo que deseamos.
—Lo que siento por ti es confuso —murmuré tragando saliva—, es como si no hubieran pasado cuatrocientos años, como si tú fueras tú... Cómo si pudiera volver a...

Prohibido Tocarte; Supercorp.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora