No había manera de calmarme. Cuando Tom me dijo lo que le había pasado a mi hermana la desesperación me embargó. ¿Los ángeles podíamos sentir esa clase de emociones? No estaba segura. Pero apenas mencionó que Alex había sido apuñalada lo primero que quise hacer fue buscarla. Sara me encontró en mi sala personal, en la cuál tomaba la mayoría de las medidas en cuanto a los entrenamientos, no dejaba de caminar de un lado a otro mientras esperaba la información que le había pedido a Tom.
—Kara, cálmate.
—¿Has visto a Tom? ¿Ya sabe dónde está?
—¿Puedes escucharme un momento? —dijo alzando apenas la voz y me detuve para observarla—. Creo que estás al tanto de los problemas que podrías causarle a Tom si alguien sabe que está investigando sobre una mortal.
—Sara, es mi...
—Sí, tu hermana, lo sé. Pero trata de pensar con claridad, ¿quieres? Esto no te ayuda. Encontré el hospital donde se encuentra internada pero esto me preocupa, Kara.
—¿Te preocupa?
—No estás siendo tú misma últimamente y ahora con esto de que Alex puede ir al infierno... Digo, es su destino, Kara.
—¿Qué tienes en contra de Alex? —frunció el ceño como si eso fuera la última que esperase que dijera.
—Olvidas que también era importante para mí.
Su expresión herida me hizo sentirme mal. Alex y Sara habían sido un dúo fantástico, eran las mejores amigas y en su momento inseparables. Cuando le quitaron las alas a mi hermana y la expulsaron del cielo Sara no podía hablar con nadie, ni siquiera conmigo. Nunca supe si se había sentido lastimada por el hecho de que Alex hubiera acabado en la tierra o decepcionada porque se enamoró de un demonio, no había querido decírmelo. De hecho con el pasar de los días no volvió a mencionar a mi hermana e imaginé que esa manera de olvidarla tan rápido era producto de su naturaleza; era un ángel, no una mortal, nosotros estábamos hechos para servir y proteger a los humanos, no para sentir. Pero yo seguía sintiendo tanto.
—Digas lo que digas, Sara, ella sigue siendo mi hermana. No la abandonaré.
—Está bien —asintió despacio, no me esperaba su repentina tranquilidad—. Está en un hospital de Chicago en terapia intensiva, el Northwestern Memorial. ¿Quieres que vaya contigo?
—No, estaré bien. Gracias, Sara, no sé qué haría sin ti.
Sonrió y se retiró sin el menor ruido. Pensé que tal vez me había sobrepasado con ella, estaba en lo cierto aunque no quisiera verlo. Alex era dueña de su destino y yo solo cambiaba el curso de las cosas para intentar salvarla, ¿pero cuánto tiempo tendría? Algo de lo que estaba segura era que su vida pendía de un hilo y si no hacía algo pronto no tendría más remedio que aceptar la realidad.
Pero no ahora. No hoy.
Mi forma humana era la misma que la angelical pero claro, sin todo lo celestial y las alas. Había decidido que lo mejor sería venir en carne y hueso, tal vez podría hablar con alguien que me explicara mejor lo que le había ocurrido a mi hermana.
En Chicago comenzaba a llover cuando entré al hospital en cuestión, era grande... Enorme. Me tomó un tiempo encontrar la recepción, ni siquiera parecía un hospital, me recordaba más a un hotel de lujo.
—Buenas tardes, quisiera preguntar por alguien que llegó aquí hace un par de días. —la señora se levantó las gafas rosadas y me contempló un largo instante. Quizás podría aparentar ser mortal pero seguía teniendo mi aura alrededor, era una protección más que a simple vista no se veía pero que si mirabas con atención podías sentirla. En el ojo humano era más o menos una sensación de fascinación. Salió de su ensimismamiento y se aclaró la garganta.
—Eh... Sí, ¿cuál es el nombre?
—Alex Danvers —muchos años habían pasado desde que no decía su nombre completo en voz alta. Me causó una gran impresión de vacío tener que estar hoy aquí, después de tanto.
—No puedo darle información a menos que sea familiar.
—Soy su hermana.
No dudó ni dió señal de creer que le mentía así que comenzó a teclear en la computadora. Escribió en una nota adhesiva y me la entregó. «Octavo piso, habitación 223, UTI.» Eso había sido fácil.
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
