Lena.
Olvidaba muy seguido lo que mis propias armas podían llegar a causar. Era sencillo utilizarlas, apenas se sentían en mis manos, eran casi una parte fundamental de mí. Pero esta vez la daga me jugaba en contra.
La tenía con tanta presión sobre el pecho, apretaba con tanta furia el corazón, que un hilo delgado de sangre comenzó a salir. Mi sonrisa fue macabra. Perdida y resentida como me sentía le sonreí aún más.
Kara había tardado en entender, su sorpresa se tornó rígida y abrí la boca para respirar. Un largo suspiró escapó de mi boca, un suspiro tan tenso como doloroso. Entre el corte que ella me había hecho y la punta afilada clavándose más y más, me sentí de a poco entrar en un abismo oscuro. Bastaba un solo movimiento para que el filo helado se hundiera en mi pecho, mi piel era dura y fuerte pero mucho más lo era yo.
El desconcierto de Kara se dispersó cuando apreté el mango de la daga y aunque yo no esperaba ningún tipo de reacción por su parte, levantó la espada y con un ágil mandoble la daga cayó al suelo. La oscilación del golpe había causado un corte horizontal en mi pecho, pero había bastado eso para que mi cuerpo comenzara de por sí a curar la herida.
—No morirás hoy —repuso violentamente, otro paso más y estuvo tan cerca que sentí su respiración—. Vas a cumplir el trato pero lo haremos a mi manera, de la forma en que yo quiera, el día que yo prefiera.
Mi boca sabía a ceniza, como si hubiera estado masticando algo denso y pesado. Mis emociones, seguro. Me estremecí cuando puso la mano en mi cuello, el dolor iba subiendo niveles y se lo debí al odio que ella sentía. Nunca iba a creerme. Esa sensación seca y penosa volvió a molestarme.
Kara bajó el brazo. Por una fracción de segundo su expresión se limitó a ser la misma de siempre, la inquebrantable mirada angelical de escepticismo sin esa reciente furia. Pero no duró demasiado, bastó dar un paso atrás para desaparecer y dejarme sola con mis propios pensamientos.
Kara.
—Kara —Tom fue el primero en correr hacia mí cuando atravesé las puertas de la sala de entrenamiento. Lo ignoré, no era capaz de mirar a nadie a los ojos—. ¡Kara! Detente, por favor, estuvimos buscándote los últimos cuatro días y... Dios, ¿qué pasó?
Apresuré el paso, teniendo solo en mente la puerta del otro lado de la sala, la que daba a aquella pequeña habitación donde nadie me molestaría.
Muchos ángeles detuvieron su entrenamiento al verme pasar, muchos se me quedaron mirando asustados, sin duda mi aspecto era terrible. No tardé en ver cómo Sara corría hacia mí, poniéndose en frente para impedirme el paso.
—Muévete.
—Por todos los cielos, ¿quién te ha hecho esto?
Sus ojos vagaron por la piel al descubierto que mi ropa de entrenamiento dejaba ver. Mi cara llena de moretones no se llegaba a comparar con las heridas que ya habían pasado a ser cicatrices en mis brazos. Líneas irregulares, algunas más profundas que otras, cruzaban mi pecho y se perdían bajo la ropa.
«Y ni siquiera has visto mi espalda» pensé amargamente. En mi sangre seguía hirviendo el odio, la venganza contenida y bajo todo eso, la vergüenza. No por lo que me habían hecho, no por la humillación que había aguantado, pero sino por haberme permitido ser capaz de sentir lo que ahora sentía. Me avergonzaba de mi furia, la cólera y el enfado que un ángel no podía jamás permitirse sentir.
Si no golpeaba algo entonces quizás comenzaría a llorar frente a ellos así que esquivé a Sara, dejé atrás a Tom y seguí caminando. Mis puños apretaban las emociones contenidas, quizás así podía hacerlas desaparecer.
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfictie(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
