veintiséis

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Su guitarra, el cuaderno y el lápiz estaban alrededor de su desastre en la sala. Probablemente eran las tres de la madrugada, pero él no podía dejar de escribir tanto las letras como las partituras de la guitarra, planeando todo en su mente de cómo se escucharía la canción luego de algunas mezclas más los demás instrumentos. Y lo más importante, las voces de los dos vocalistas.

Ya tenía casi toda la canción lista y no entendía cómo era que había tenido tanta inspiración para una canción, pero la tenía y estaba allí en su cabeza. A sus ojos, era una verdadera mierda lo que había escrito, pero era más o menos lo que sentía y creía en ese momento. ¿Será algo notorio para quién iba la canción? No tenía ni idea, pero al menos no sería tan pero tan notorio como lo eran las canciones de Frank Iero; ese tipo sí que no sabía disimular para nada, pero de todas formas amaba que fuera directo.

Volviendo al tema, las ideas seguían apareciendo en su mente y temió sobrecargarla en un momento, así que decidió dedicarse a agregar y quitar algunas cosas hasta que le puso un fin. Prosiguió con la guitarra, rasgando las cuerdas mientras cantaba la letra en voz baja; no le gustaba cantar porque era malísimo para eso, pero aun así quería ver cómo mierda quedaba todo. Sí, estaba lista.

Dejó todo por ahí y decidió irse a descansar un rato ya que el sueño estaba apareciendo. Estaba un poco feliz de haber hecho algo mejor que beber alcohol hasta llorar, así que se iba a dormir con los pensamientos más limpios y ordenados.





Una lamida en su rostro comenzó a despabilarlo hasta despertarlo, con ayuda de la luz del sol iluminando toda la habitación. Frunció el ceño, pues él recordaba haber tenido las cortinas de la ventana siempre cerradas. ¿Y si alguien había entrado a la casa? Cielos, estaba jodido.

— Oye, Nugget —la detuvo para abrazarla—, ¿no has visto a nadie entrar? —le preguntó como si ella pudiera responder.

Se quedó un rato acostado, abrazando a su perrita hasta que oyó un ruido provenir de la cocina. Se puso en estado de alarma y tomó un zapato, caminando con lentitud y silencio hasta el lugar de donde provenía el sonido. Cada vez se oían más y temió que fuera más de uno, y que le hicieran algo o lo secuestraran. Joder, ¿y si eran unas fans locas? Ahí sí que no tenía escapatoria. Miró hacia atrás para fijarse si venía Nugget a acompañarlo, pero la muy floja se quedó tranquila en la cama.

— Traidora —susurró.

Dio unos pasos más y, cuando llegó a la cocina, lanzó el zapato sin importarle quien fuera la persona allí.

— ¡Mierda! —exclamó la persona golpeada, mejor conocido como Mamá Arteaga.

— Puta madre —musitó antes de salir corriendo hacia su habitación, con Tino siguiéndole para devolverle el golpe con el zapato—. ¡Perdón, perdón, perdón! ¡Creí que eras un ladrón o algo así!

— ¡Te golpearé de todas formas!

Al final, si le devolvió el golpe y le dolió, pero terminó riendo junto al pelinegro. Volvieron a la cocina, ahora notando que su amigo estaba preparando algo de comer con ingredientes que había traído a su casa. Últimamente olvidaba comer o comprar algo, salvo la comida de la bulldog que nunca podía faltar en la casa.

— Tienes todo vacío, pero me alegra haber traído lo necesario para preparar panqueques.

— A veces creo que el papel de madre te sale perfecto y que Jenn sería como el padre malcriador. Que loco —comentó el pelirrojo, haciendo reír a Tino.

— Deja de hablar estupideces y mejor vete a ducharte. Apestas —ordenó, arrugando la nariz mientras se preocupaba en hacer la mezcla.

— Ves, eres como una madre malvada —le dijo antes de irse a hacer lo que le dijo.

Pasó a buscar su móvil y lo conectó al parlante a través de bluetooth, colocando música al azar antes de irse al baño. Una vez allí, se despojó de la ropa que tenía puesta y abrió el agua caliente y fría en la ducha, metiéndose dentro cuando el agua estaba templada. Soltó un suspiro y se dejó mojar por la ducha artificial mientras Queen estaba de fondo.

Tardó unos seis minutos, quizá más, en ducharse y para cuando salió, se secó y se vistió, el desayuno-almuerzo preparado por Tino ya estaba listo. El estómago le rugió y la boca se le hizo agua con tan sólo ver la comida. Ahí recordó el hambre que tenía.

— Dime tu secreto —le dijo mientras se sentaba en la silla y veía los panqueques, el café, el jugo, tostadas y frutas picadas.

— Tener una novia que te enseñe a cocinar —respondió con una sonrisa de enamorado. Alan sonrió levemente.

— Pues sí que te ha enseñado bien —asintió, luego de haber probado un bocado.

Mientras comían, canciones al azar que Alan tenía en su móvil se reproducían y se oían por toda la casa, evitando que haya un silencio. Nugget apareció al rato, saltándole al pelirrojo para que le sirviera comida, así que lo tuvo que hacer antes de que ella decidiera morderlo. Cuando terminaron de comer, se fueron a la sala y ahí recordó todo el desorden que había dejado por la madrugada, aunque se notaba que habían estado hurgando por allí.

— ¿Qué es lo que has escrito? —le preguntó Tino, aunque ya lo había leído.

— No te hagas —dijo el pelirrojo, rodando los ojos—. Se nota que lo has leído porque no sabes disimular.

— ¿Es para Austin?

— Cállate —musitó.

— Lo eeees —canturreó con una sonrisa.

Ambos se sentaron en el sofá compartido y vio a Valentino tomar la hoja toda rayada y borroneada por él mismo, buscando que tenga coherencia y sentido lo que escribía. También vio las partituras, tarareando cómo sería el ritmo de la canción. El pelinegro estaba impresionado.

— Austin tenía razón —murmuró simplemente, sin dejar de ver las hojas—. Toca un poco, ¿sí? Quiero oírla.

— Nunca —se negó el pelirrojo, mirando hacia otro lado.

— ¿Pero no se la mostrarás a los chicos para ver qué opinan? Estoy seguro de que a ellos les gustará. Créeme.

— Mentira, mentiroso —renegó como un niño pequeño.

Tino rodó los ojos, pero al rato tomó su móvil para hacer una llamada. Alan se le quedó viendo cada movimiento que hacía, frunciendo el ceño al no saber a quién llamaba hasta que comenzó a hablar con esa voz melosa que suele usar con su novia rubia. Hizo un gesto de asco sólo para molestarlo.

— ¡Hey, Jenn! —gritó para que se oyera en la llamada.

— Cállate —le dijo Valentino, y volvió a concentrarse en la llamada—. Ah, Jenn dice que hola. En fin, ¿qué dices, cariño? ¿Sí? Eres grandiosa, ¿lo sabes? Te amo, adiós.

— Los amo —habló Alan cuando el pelinegro finalizó la llamada con una gran sonrisa en el rostro—. Oh, no. ¿Qué has hecho, eh?

— Pueeees —alargó, removiéndose en el sofá—, quizá he planeado algo para antes de navidad. Y para navidad igual.

— ¿Qué?

— Mira, en unos días tendremos un concierto aquí y otros luego de navidad. No sé si lo recuerdas —dijo esto último con una obvia nota de que sabía que Alan lo había olvidado—. La cosa es que... pasado mañana nos juntaremos a ver lo de la canción que has escrito, ¡sin objeciones! Y, nada, otras cosas. Ah, ¿quieres venir a pasar navidad con nosotros?

— No sé si quería mostrarle la canción a Austin tan rápido...

— ¡Lo has admitido! —exclamó el pelinegro—. En fin, ¿sí quieres venir a pasar navidad con nosotros o qué?

— Nunca me perdería la comida hecha por Jenn







recién me doy cuenta de que esta cosa tiene muchos leídos omg gracias por tanto perdón por tan poco. las tkm <3

pd: les tengo una pregunta: ¿qué canción del último álbum creen que sea? igual como que es obvio, peeeero no importa, les pregunto igual porque quiero y puedo. si responden bien les doy otro capítulo (?).

xofrnz

down the road [cashby]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora