veintiocho

62 14 25
                                        

Su vaso lleno de cerveza parecía lo más interesante del mundo en ese momento. El lugar al que habían ido era uno de los que más visitaban cuando de salir entre amigos se trataba, pero en ese instante él no quería estar allí. Lo peor de todo era que Austin estaba a su lado. ¿Por qué? Por culpa de Arteaga.

No entendía por qué ahora todos comenzaron a actuar como antes, queriéndolo unir con el vocalista. Alan ya se había rendido ante eso, ¿por qué no lo entendían y lo dejaban en paz? Austin lo había dicho después de todo: no hay Austlan Cashby, ni ninguna otra mierda.

— ¿Por qué tan amargado? —le preguntó Jennifer, a su otro lado, en voz alta para que pudiera escuchar a través de la música.

— Porque todo es una mierda —dijo, encogiéndose de hombros—. Mírame, luzco como esos adolescentes deprimidos que odian la vida.

— Tienes veinticuatro, Alan. Todavía eres joven —rió ella, negando con la cabeza. Alan sonrió—. No te estés deprimiendo y mejor disfruta la vida.

— Mejor ve a enseñarle a bailar a Tino —murmuró, señalando al pelinegro en la pista de baile junto a Aaron y Phil y sus novias—, porque en eso sí que es malo.

— Déjalo a mi bebé —se quejó la rubia, pero soltó una risa y se fue hacia la pista.

Ambos hombres se quedaron sentados, con sus vasos de cerveza en la mesa y la mirada en ella. Alan estaba incómodo, muy incómodo, y no podía fingir que estaba bien porque le temblaban las manos y se sentía inquieto mientras que Austin no decía nada y se encontraba quieto, a diferencia de él. Sacó su móvil del bolsillo para fingir que hacía algo interesante, aún con la música retumbando en sus oídos, hasta que sintió al castaño moverse.

— Alan —Austin lo llamó, haciendo que se tensara—, ¿podemos hablar?

— ¿Para qué? —preguntó a la defensiva.

— Para... hablar —Alan lo miró de mala manera en plan "no me digas", pero terminó asintiendo—. Vamos a otro lado —le dijo, y ambos tomaron sus vasos y salieron del bar.

Una vez afuera, el pelirrojo se permitió tomar aire y suspirar, sintiendo el aire frío en el rostro y en las manos, haciéndole poner la piel de gallina. Todos sabían que tarde o temprano aparecerían los copos de nieve, pues ya habían comenzado las heladas apenas empezaron el mes de diciembre.

— Oye —lo llamó Austin nuevamente ya que Alan se había quedado mirando a la nada.

— ¿De qué quieres hablar? —preguntó el menor, manteniéndole la mirada por primera vez en mucho tiempo.

— Lo siento —dijo él, totalmente arrepentido.

— ¿Qué sientes?

— Siento... siento no haberte escuchado o dejado hablar cuando querías hacerlo y, de veras, siento haberte comparado con Gielle. No, ni siquiera te comparé porque te he dicho que eras peor que ella cuando nunca fue así y, joder, odio haberme dejado llevar por la tristeza y el enojo. Nunca pretendí hacerte daño, pero es que me sentí tan... me siento tan mal, y ahora peor que antes al saber el error que he cometido —murmuraba Austin, sin mirarlo a los ojos ya que los tenía cristalizados—. Lamento mucho todo, Alan.

— ¿Cómo te has enterado de todo? —preguntó sin rastro de sentimiento alguno.

— Phil, y Tino me lo confirmó.

— Ah...

— ¿Y? —cuestionó Austin.

— ¿Y qué? —contraatacó.

— ¿No dirás nada al respecto?

— ¿Qué quieres que te diga, Austin? —preguntó, pero sin esperar respuesta—. ¿Quieres que te bese y te diga que todo está bien? Pues, ¿sabes qué? No será así. No, esto no es un cuento de hadas. No sabes lo mal que estuve, incluso antes de que todo se arruinara, ¿y sabes por qué? Porque te extrañaba y te necesitaba, aun cuando tú estabas en una cama de hospital. Pero, mierda, sé que también cometí un error; debí contarte que me había amigado con Ashleigh porque ella me lo pidió, pero quería decírtelo cuando volvieras. Pero, para cuando lo habías hecho, sabía que no todo sería como yo esperaba —sonrió amargamente, viendo los primeros copos de nieves descender del cielo oscuro gracias a la luz de los postes—. No me escuchaste, ni siquiera un poco. Y me quedé allí, oyendo cómo decías que era peor que tu ex esposa. ¡Ex esposa, Austin! ¡Ella fue una zorra contigo, acostándose con otro hombre, pero tú me acusaste de ser peor! Joder, ni siquiera llevábamos tres meses juntos y todo el trabajo duro por estar juntos se fue a la mierda porque no confiabas lo suficiente en mí. Y... lo siento, pero no creo que sea conveniente que volvamos.

— Pero, Alan...

— Ahora verás lo que se siente no ser escuchado, Austin —le cortó—. No sabes lo mal que estuve todos estos putos meses mientras tú te sentabas y pretendías estar bien. Has sido falso, y me duele. Yo en ningún momento me senté allí contigo a tratarte como amigo porque sinceramente no puedo, ni podré —gruñó, secando sus mejillas húmedas sin darse cuenta—. Tampoco fui y dije que nuestra relación no había existido. Sé que... que nunca lo dijimos en público, pero, joder, ¿siquiera podías haberlo dicho de otra manera? Estaba ahí, en ese mismo lugar contigo, pero me negaste de la peor forma —negó con la cabeza, otra vez con la sonrisa falsa en su rostro a pesar de que sus ojos y mejillas estaban mojadas y eso le provocaba más frío—. No puedes pretender que aceptaré tus disculpas y seremos felices otra vez porque, lamentablemente, el mundo en el que vivimos no es así.

— Por favor —pidió Austin, con los ojos en el mismo estado que los suyos.

— ¿Verdad que es horrible que no te dejen hablar? —preguntó, ahora mirándolo a los ojos—. Ahora hazme el favor de volver a ser hipócrita conmigo y fingir, que yo pronto aprenderé a hacerlo.

Alan bebió su cerveza helada y se dio la vuelta con la intención de volver al interior del bar, al menos hasta que Austin lo tomó de la mano, jalándolo hacia su cuerpo. Ni siquiera pudo quejarse cuando sus labios se unieron y lo callaron antes de tiempo, haciéndole querer golpear al castaño. No pudo resistirse por mucho tiempo cuando el sentimiento de la melancolía lo atrapó y terminó correspondiendo el beso de una forma desesperada y necesitada, aun con las gotas cayendo por sus ojos y la nieve cubriéndolos de a poco. Extrañaban esa sensación en sus pechos y les hacía sentir un calor que en ese momento no había, hasta que el pelirrojo se separó con fuerza, ahora llorando más que antes.

— No me hagas esto —pidió en medio de un sollozo, cubriendo su boca mientras sentía aquél nudo en su garganta.

Se apresuró en irse, sin importarle que fuera de noche o que estuviera lejos y sin su auto, simplemente se fue en busca de algún taxi. Pero, ni siquiera eso impidió que no escuchara lo que había dicho Austin:

— ¡Nunca me daré por vencido a ti!







jjjjjja, ya quisieran que volviera el cashby tan rápido.

xofrnz

down the road [cashby]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora