quince

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— ¡Hemos llegado! —exclamó Austin con una gran sonrisa.

Los otros cuatro, que estaban durmiendo tranquilamente en las literas, saltaron por el susto y comenzaron a quejarse; casi todos sufrían el mismo dolor, excepto una persona. Alan hizo una mueca cuando intentó sentarse en la cama y se mordió el labio inferior para evitar maldecir, ya que sabía que sus amigos se darían cuenta enseguida de lo que había ocurrido anoche.

— Eres un... agh —gruñó Valentino, cubriéndose completamente con las mantas de su cama—. Déjame dormir mil años más y luego gritas. Ahora cierra la puta boca.

— Vaya, qué actitud —murmuró Austin mientras se cruzaba de brazos y veía los cuerpos inmóviles de los integrantes de su banda—. Díganme, ¿quién ganó anoche? —preguntó en voz alta con la intención de molestar.

— Yo, obviamente —respondió el pelinegro nuevamente.

— No mientas, Arteaga —se metió Phil en la conversación, evitando subir el tono de voz—. En la segunda copa casi te caes por los mareos, maldito mentiroso.

— Joder, me duele la cabeza —se quejó Tino, ignorando a su amigo—. ¿Y Alan?

— Aquí —murmuró el pelirrojo, levantando un brazo; era lo único que podía hacer sin que le doliera algo.

— ¿No te duele la cabeza? —preguntaron el guitarrista y el baterista.

— Ah, no... no bebí tanto...

— ¿No? —preguntó Aaron, ya despierto. Alan respondió con un sonido.

— ¿Entonces por qué no te has levantado y besuqueado con Austin? —cuestionó el pelinegro—. Necesito mi Cashby mañanero para olvidar el feo dolor que siento en mi pobre cabeza.

— Pues... ah...

Austin soltó una carcajada divertida al ver la situación, pues sabía bien la razón por la que el pelirrojo estaba de esa forma. Por un lado se sentía un poco culpable pero por el otro se alegraba de haber sido el que ocasionó aquello. Era raro, pero así lo sentía.

El pelirrojo intentó reincorporarse en la cama pero, primero, chocó la frente contra la parte superior de la litera y, segundo, le dolió el culo como la puta madre. Mordió su inferior con más fuerza y exhaló todo el aire que tenía retenido, aguantando el dolor de ambas zonas.

— ¿Estás...? Digo, ¿quieres pastillas para el dolor? —preguntó Austin, ahora preocupado, cuando se acercó a la cama en donde estaba el pelirrojo.

— Sólo debo moverme y se me pasará, supongo —respondió Alan, suspirando para luego reír.

— Lo siento —se disculpó el mayor.

— Nah, yo fui el de la idea.

— ¿De qué hablan? —preguntó Tino, ya de pie y viendo toda la escena—. ¿Qué secretos le guardan a mamá Arteaga, eh?

— ¡¿Qué dices?! —exclamó Austin—. ¡Lo siento, no te oí bien! —continuó y rió ante las quejas de los tres.

— Austin Robert Carlile, te juro que si no cierras la boca te doy con la chancla —amenazó el pelinegro con una mano en la cabeza.

Para cuando Alan, Aaron, Tino y Phil tomaron pastillas para el dolor, se ducharon y arreglaron, el autobús llegó a Long Beach. Todos miraron interrogantes a Austin y éste sólo se encogió de hombros, aclarando que cuando los despertó, en realidad se refería a que habían llegado a California. Aún así, nadie hizo un comentario al respecto y guardaron todas sus pertenencias para luego bajar del autobús.

down the road [cashby]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora