Mi hombro empieza a doler al sentir varios golpecitos repetitivos.
—Señorita, ya llegamos —me dice el hombre, volviéndome en sí.
—¿Qué hora es? —le pregunto algo somnolienta.
—Las doce y media.
Me incorporo de un solo golpe, estrellando mi cabeza con la de él. Se queja.
—Lo siento —le digo, mientras sobo mi frente—. ¿En dónde estamos?
Veo a mi alrededor y esto no se ve como mi casa y mucho menos como mi cama.
—En Houston.
—¿En Houston? —grito—. ¡Está loco! ¿Por qué me ha traído aquí?
—Porque no conozco su casa, señorita.
—¿Y por eso me trajo tan lejos? Cualquiera se estaciona en algún lugar y me despierta antes de traerme aquí.
Salgo del auto para tomar un poco de aire y el chofer hace lo mismo; edificios enormes nos rodean. Golpeo mi mano contra mi frente despertando el malestar de hace unos minutos. Hago una mueca de dolor.
—¿Por qué? Cielos, lléveme de regreso a casa no quiero estar aquí —le explico, subiéndome al auto nuevamente.
Mi cuerpo se siente como si le haya pasado un tren encima.
—No puedo llevarla de regreso —refuta él, al mismo tiempo que abre la puerta y me saca del auto de un solo jalón.
—¿Y por qué no? Usted es el loco que me ha traído hasta aquí, yo jamás se lo pedí.
—Tengo órdenes específicas de traerla aquí. Esta es una tarjeta de crédito —me dice, mostrándome la tarjeta que tiene en su mano.
—Se lo que es —frunzo el ceño—, acaso tengo cara de estúpida.
—Mire niña, pague con esto todos los gastos que realice en este hotel —dice, señalando el hotel que está justo detrás de mí—. Este es mi número de teléfono —me extiende su tarjeta—, cuando necesite que la recoja solo llámeme, pero que no sea hoy, ¿sí?
—¿Qué? Definitivamente está loco, acaso no vio lo que paso ayer, usted cree que yo me voy a quedar aquí sabiendo que esa gente puede venir a verme.
—Mire, niña loca, haga lo que se le dé la gana, pero yo ya cumplí con mi parte, si quiere largarse a otro hotel, váyase, pero lo único que le digo es que no tome las cosas tan a la ligera y deje que las personas le digan el motivo por el cual hicieron lo que hicieron.
—Se sube al auto y se marcha.
Me siento en la acera esperando desesperadamente que esto sea un sueño, pero no lo es. Pienso en un par de posibilidades para regresar a casa, pero termino por escoger ninguna, emprendo mi camino hacia el hotel y me acerco a la recepcionista de cabello rojo que está masticando chicle y escuchando música con audífonos.
—Disculpe —le digo, haciéndole señas con mis manos.
Ella se quita los audífonos y suelta—: Buenas noches, señorita, bienvenida al hotel Granda, ¿desea una habitación?
De paso el hotel es de ella. ¡Qué fastidio!
—No, necesito información. Sabe que otro hotel hay por aquí cerca.
—Pues el más cercano queda a unas siete cuadras de aquí, pero suele ser muy peligroso a estas horas, le recomiendo que por hoy tome una habitación aquí y mañana temprano si desea puede dirigirse al otro hotel, nosotros mismos le llamaríamos un taxi para que la lleve.
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Imparable
RomanceAudrey ha sido marcada por una tragedia familiar. Enfrentando el abuso y la pérdida. Esto lleva a Audrey a reconstruir su vida en Texas, dejando atrás un pasado oscuro. La trama se desarrolla entre recuerdos de su dolorosa infancia y la incertidumb...