dos

6K 383 98
                                        

— ¡Christopher! — exclamé y saltó del susto.

— ¿No sabes tocar la puerta? — se levantó el pantalón.

— Mmm... Primero, es nuestra habitación, segundo, no, no lo sé. — reí

— Eres perfecta, Tn.

— ¿A qué se viene eso? — pregunté frunciendo mis labios.

— No lo sé... — se acerca a mí — quizás por esto — me apreta el trasero acercándome a él sintiendo su erección — Mm... ¿No lo notas? — jadeó

Gemí. — Eso es, nena...— murmuró y me besó en la comisura de los labios. Cierra la puerta y me empuja hacia ella levantándome por las caderas.
— Tengo que hacerte mía, tengo que entrar en ti ahora.— susurró encima de mis labios y me besó dulcemente, pero luego el beso de a poco fue desesperante.

Christopher se va quitando la campera de cuero aún así siguiendo el beso. La tira por algún lado de la habitación y se separa de mí para luego empujarme en la cama.

— ¿Sabes? — pregunta riendo — hace tiempo que no uso mis juguetes contigo...

Me tensé.

— Oye oye... No sólo tengo las cosas que mayormente has visto tú...— dice relajado

— No quiero que me toques con ninguna de esas cosas.— sentencié

— No sabes qué tipo de cosas tengo allí, no te haré daño, Tn — suspiró —. Además sólo te amarraré a la cama, nada más.

— ¿Y para qué quieres eso?

— Oh.., Tn, Tn...— acaricia mi cabello — para que no te escapes de mí, y yo tenga todo el control en ti.

— ¿Eso es sarcasmo, no?

— Em...Sí, claro.— suspira — ahora, sigamos...— me besa el cuello mientras sube mi vestido.

De repente suena el teléfono de la casa, sólo a Christopher se le ocurriría tenerlo en la habitación para no bajar a la sala y contestar.

— No voy a contestar — dijo aún con sus labios en mi cuello.

Me quitó el vestido y acariciaba mi espalda en busca del sujetador. — Donde mierda está.— espetó.

La puerta se va abriendo y Christopher me tapó con el vestido.

— ¡Por una puta vez quiero que nos dejen de interrumpir! — gritó

— Señor Velez, Zabdiel de Jesús lo está esperando en la sa... Oh, lo siento — dijo Susan, la mucama.

Me sonrojé. — No importa.

— Dile que ya voy, en unos minutos.— dice Christopher y Susan asiente con la cabeza y se retira.

Los brazos de Christopher rodean mi cintura y bajan mis bragas. Se quita el pantalón rápidamente y se posiciona en mi entrepierna. Cierro los ojos y me penetra y no despacio, se movió fuerte mientras me tomaba de la cintura, sentía dolor pero si era Christopher sólo sentía placer, lo hacía duro y eso... me gustaba.

300 NOCHES | Christopher Vélez y tú | HOTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora