once

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¿Cómo carajos Zabdiel sabía que estaba aquí?

— ¡Papi! — Luci corre a abrazar a Christopher.

De un movimiento rápido, me había colocado la remera del pijama.

— Zabdiel... — suspiré — ¿cómo sabías que estaba aquí? — pregunté arreglando un poco mi remera.

— Christopher me llamó, me preguntó en qué bar estabas y nos siguió.— dijo de lo más normal.

— ¿Por qué trajiste a...? — dijo Christopher refiriéndose a Luci

— Papi, ¿por qué estás sin camisa?

— Oh, es que tu madre me tiró sopa — ríe

— Papi, me quiero quedar en la casa del tío Zabdiel, mañana me va a llevar a ver a Mich...

— ¿Mich? ¿Quién es Mich? — frunció el ceño y giró a verme. Yo tampoco sabía quién era Mich.

— Michael, el hijo de Walter — aclaró Zabdiel. Asentí sonriendo pero Christopher tensó su mandíbula.

— No. Vas a lo de Zabdiel, obviamente — me guiña el ojo — pero no vas a ver a aquel niño...

— Pero papi...— se quejó

Bufó. — Está bien.

— Gracias papi, ¡adiós! — se despidió con un beso en la mejilla a cada uno.

Zabdiel le susurró algo a Christopher y luego se fue con Luci en sus brazos.

— Bien — dijo al escuchar el ruido de la puerta cerrarse. — ¿Aún sientes mareos?

— No — sonreí.— me voy a dormir — comencé a caminar a la habitación.

Me dieron náuseas devuelta. Me cepillé los dientes y preparé ropa para ducharme, de lo caliente que me ponía Christopher, sudé.

Me recosté en la bañera, con el agua caliente.

— Cómo extrañaba estar tan tranquila...— susurré.

Me mojé un poco el rostro, tenía sueño. Cerré mis ojos por un rato hasta que me interrumpieron.

— ¿Puedo? — preguntó Christopher quitándose su ropa, quedando sólo en bóxer.

— No, no puedes — dije y volví a cerrar los ojos.

— No seas egoísta...— susurró

— Vete, Christopher.— dije y luego escuché el ruido de la puerta abrirse y luego cerrarse. Se había ido.

No, no se había ido, acaba de sentarse delante mío, esta bañera era grande, cabían.., cuatro personas, algo parecido a un jacuzzi, en fin, en vez de irse al otro extremo se vino cerca mío.

Lo miré a los ojos, su mirada era intensa, también asustaba.

Suspiró y comenzó a besarme ferozmente. Apoyó sus dos brazos a mis costados. Bajó sus besos y casi mordidas, a mi cuello. Con una mano jugueteaba con mi pezón, eso me excitaba más... Luego bajó a mi feminidad, y comenzó a acariciarla desesperante, que de mi boca salían gemidos, no tan altos.

— Christopher... Ya...— gemí

Me gira y yo quedo encima de él. Sintiendo a su amiguito, menos mal que estaba en boxer, sino, ya estaría dentro de mí.

(...)

— No fue lo que esperaba, pero estoy satisfecho — dijo secándose con la toalla, no tuvimos sexo, no hicimos el amor, sólo nos excitamos.

300 NOCHES | Christopher Vélez y tú | HOTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora