doce

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— ¡Sólo cállate, Christopher! ¡Eres peor que una mujer! — me grita Zabdiel.

— ¡Mira, lo logramos, lo logramos! — gritó emocionado cuando la camioneta se había caído

— Estúpido, TN está en la camioneta, se lastimó — murmuré

— No lo sa...— de repente salieron seis hombres de la camioneta — carajo, traen armas...

— ¡Qué hacemos! — grité desesperado

— En el baúl, fíjate, creo que hay algunas armas.— abrí la puerta pero escuché un disparo

— ¡Mierda! — grité

— ¡Agachate y deja la puerta abierta! — me gritó, escuché algunos disparos, era Zabdiel

Abrí el baúl... Bueno, habían varias cosas...

— ¡El tipo se lleva a TN al campo! — escuché un grito de Zabdiel

Suspiré. Tomé un chaleco, que no sé qué hacía ahí. Dos revólver y algo parecido a... Una ametralladora, pero más pequeña que las que ví en películas.

— ¿Por qué cojones tengo esto en mi auto? — pregunté aunque nadie me respondiera.

Corrí hacia el hombre que se llevaba a TN.

— ¡Carajoo! — grité cuando ví que me disparaban. De lejos escuche las risas de Zabdiel. Bufé.

— ¡Aléjate! — me gritó el hombre apuntándole la vientre a TN. ¿Cómo se enteró?

— ¡Suéltala! — lo apunté

Recargó el arma.— Tienes dos opciones, irte, o que la mate y también.., al bebé.

En un movimiento rápido apunté su pierna y disparé.

— ¡Wow! — grité, no sabía como usar un arma.

— ¡Hijo de perra! — dijo el hombre en el piso. Tomé a TN de la mano, me dí vuelta y le disparé nuevamente a ese hombre.

— Ya... TN, sólo... Ten calma...— acaricié su cabello. Me abrazó fuerte.

— ¿Los liquidaste a todos Zabdi? — grité

— ¡Si! ¡Me encanta esto! — gritó mientras bailaba con el cuerpo muerto.— ¡Baila tu cuerpo alegría macarena! — movió los brazos del hombre.

— ¡Zabdiel! — le grité — ¡Vamos ahora!

Bufó y corrió hacia nuestra camioneta.

Despejé un poco de cabello que cubría el rostro de TN y la besé.

— No dejaré que nada te pase, cariño — dije al separarme de ella. Se sonroja y desvía su mirada al suelo. Suelta una lágrima y me abraza nuevamente.

— ¿Por qué me está pasando esto? — murmuró

¿Qué le decía? Ni yo sabía.

— No lo sé... — la apreté mas a mí — siempre te cuidaré, a ti y a nuestra hija, preciosa...

— ¡Vamos ya! ¡Antes de que alguien llegue a ver esta masacre! — gritó Zabdiel

— ¡No es mi culpa que tengas armas en mí auto! — le grité

— ¡Perdón! ¡Sólo lo hago por precaución!

— ¡Me hubieras avisado que pondrías armas, imbécil!

— ¡Idiota! — me apuntó el dedo mayor

Lo miré enojado y bajó su dedo de inmediato. Sonreí victoriosamente.

300 NOCHES | Christopher Vélez y tú | HOTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora