Tenía cuarenta segundos para tomar una decisión. Y tenía dos opciones. La primera era alertar a todo el mundo y cancelar el ciclo de sueño de mi equipo para que buscaran los libros que sabía tomaron de la sala secreta, y tomáramos las precauciones necesarias en relación al bordado de oro en mi brazo. La segunda, y la más peligrosa para mi salud, era no decir nada, no alertarlos y esconder el tatuaje hasta nuevo aviso.
Suspiré, yo no era así; lo que menos necesitaba en este momento era dudar de mis principios y valores. Vamos, que no era la ocasión ideal para replantearme mi moralidad.
—Chicos, necesito que se levanten. Empezó lo de la marca. ¿Ya puedo saber un poco, no creen? —Mis amigos no tardaron más de cuatro minutos en salir de sus bolsas de dormir y buscar sus mochilas. Todos se dirigieron al comedor mientras yo iba a la cocina para preparar un poco de café.
Saqué una bandeja de uno de los cajones y serví la infusión en seis tazas. Lo bueno de trabajar en la cafetería de tendencia era que me sabía los pedidos usuales de todo el mundo, motivo por el que no me costó recordar qué le agregaban a sus cafés. Leche, esencia de vainilla y tres cucharadas de azúcar para Angie, nada para Melinda y Nick, una de azúcar para Carter, estilo capuchino para Gemma. Yo, en cambio, aún no encontraba la mejor forma de tomar café, por lo que no le agregué nada.
Llevé los cafés a la mesa del comedor y repartí las tazas entre todos los chicos, que sacaban los libros de sus mochilas.
—Qué bueno que marcamos todo lo relacionado a la marca de la Elegida antes de irnos de la biblioteca el otro día —festejó Carter.
—Veamos qué encontraron que pueda escuchar. ¿Algún método para evitar lo que sea que me vaya a pasar? —les pregunté.
—Acá. Según este libro, solo deberías mantener tu energía en niveles altos. Dice que puede causarse por haber tocado o tener en tu posesión más de quince objetos del poder. ¿Cuánto era el máximo de objetos portados por un Elegido? ¿Diecisiete? —Gemma miró a Nick esperando que verificara sus datos, así que él abrió el libro que tenía en frente.
—Dieciocho —la corrigió. Asentí y me levanté.
—Voy al baño, pueden discutir sobre mi estado crítico a mis espaldas mientras tanto. —Todos me miraron mal y salí de allí, caminando por el largo pasillo hasta el sanitario. ¿El motivo? Además de que debía hacer mis necesidades, una acidez asquerosa había subido por mi garganta.
Antes de salir del área de servicios, tragué el casi-vómito tan fuerte como pude y volví al comedor para hacer una simple pregunta:
—¿Efectos secundarios? —cuestioné. Carter carraspeó y abrió su libro.
—Hay un par que se me prohíbe mencionarte, pero entre los que podés saber se encuentran los siguientes: ardor en la zona marcada, vómitos, nauseas, dolores estomacales, jaquecas, cansancio, fatiga y desmayos. —Y eso explicaba mi repentino malestar estomacal. Yo no vomitaba casi nunca, a excepción de cuándo me contagié de virus o cuando me pasaba algo demasiado asqueroso.
—Eso explica lo de ayer a la tarde —comentó Melinda. Asentí de acuerdo y me senté en la silla para posteriormente darle un sorbo a mi café.
—¿Así que jaquecas? Argh, odio esas cosas —comenté.
—Argh, ha de ser terrible —se burló Carter.
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PÉRDIDA
خيال (فانتازيا)Secuela de "PERSUASIVO". Libro 3 de la trilogía "La Elegida". LEER LAS DOS ANTERIORES ANTES DE ESTA. Mi vida como la Elegida fue de mal en peor después de Navidad. Más problemas, una ventaja desaprovechada y el miedo acechándome. Y la muerte solo...