PARTE 25 "La que trae mierda del pasado"

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Las vos resonante de Iñaki y la chillona vos de su esposa Lucía, retumban en el abovedado pasillo del primer piso sacándome de "LA MATRIX" creada con los relatos de "Ella".

Él, es el portero del edificio, un vasco reservado y muy pulcro. Ella, una exagerada y alegre española, siempre vestida con brillantes colores y una colección de veintitantos pañuelos de seda que suele llevar de diferentes maneras cubriendo una larga y oscura cabellera. Dice que es costumbre de su pueblo que las mujeres casadas cubran su cabellera, aunque niega ser gitana, es su costumbre andar con el tarot en el bolsillo del delantal brindando sus servicios esotéricos a la mayoría de las mujeres del edificio, lo que la ha hecho bastante popular por sus aciertos en la predicción.

Las horas habían pasado sin darme cuenta, viajando por ese submundo de penurias y personas enfrentadas en un drama familiar descripto por esta extraña mujer ("Ella" ) con lujos de detalles. Y yo acá, tratando de encontrar el hilo conductor a tanta madeja de datos hasta ahora (para mí) sin sentido.

Sentada cómodamente en la alfombra, con mi espalda apoyada en el mullido sillón frente al ventanal que dejaba ver el atardecer en la ciudad. La oficina había quedado en penumbras, solo las estáticas luces de la calle y de las marquesinas de los comercios de la cuadra se filtraban a través de las cortinas que se ondulaban con la fresca brisa que venía del río. La luz intermitente del semáforo de la esquina, dibujaba en las paredes un teatro de sombras con la más retorcida de las figuras.

A pesar de las horas de empeño, sigo sin entender que ah pasado. Estoy un poco asustada pero algo dentro de mi me impide pedir ayuda o comentar lo sucedido, solo estoy segura de que algo extraño me está sucediendo pero no sé bien que es... Mis ojos cansados y enrojecidos seguían fijos mirando la pantalla de mi notebook.

De pronto escucho subir el viejo ascensor, los ruidos se agudizaban en el silencio; el movimiento de las lingas subiendo... bajando... El chirrido del desplazamiento circular de los engranajes....

Amo ese ascensor, me recuerda tanto al ascensor del edificio de mi tía Divina de Av. Caseros en San Telmo, donde pase gran parte de mi niñez y los más gratos recuerdos de mi adolescencia. Como este, su estructura de principios de siglo con aire Parisino, molduras ornamentadas, escaleras caracol con escalones de mármol blanco, pasamanos de oscura madera posados sobre rejas estilizadas con cintas y filigranas de hierro rodeando el ascensor, un pasillo separa los palieres del par de apartamentos enfrentados, con ambientes de gran altura hacen de descanso al espiralado circuito de escasa iluminación.

Los pasos de dos personas y susurros del otro lado de la puerta de entrada, me sacan del dulce recuerdo de mi niñez, y de un salto me levanto del piso corriendo de puntas de pie hacia la puerta, suavemente apoyo mis manos sobre la lustrada madera pegando mi oído y tratando de escuchar. De pronto, las voces callan junto a la puerta y escucho un agitada respiración del otro lado, esto me aterroriza y doy un salto violento hacia atrás, frente a la puerta quedo inmóvil escuchando una llave entrar en la cerradura y girar al mismo tiempo que la perilla. Alguien abre la puerta lentamente... Casi en estado de pánico, conteniendo mi respiración agitada, tapo mi rostro con las manos y entre mis dedos puedo ver encenderse la luz .

- Que estás haciendo? Estás bien??? – Pregunta mi esposo asombrado con mi actitud y la oscuridad de la oficina.

- Que estás haciendo vos??? Estaba bien!! Pero vos casi me matas de un susto!!! – Respondo sobresaltada.

- Disculpe señora, pero el hombre estaba preocupado... Por eso lo acompañe hasta acá con la llave... - interrumpe Iñaki.

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