-¿Cómo esta mi hijo doctor? –pregunto de inmediato Trisha.
-Jorge esta mejorando sus signos vitales ya están mejor, podremos despertarlo de que se autorice –explico el doctor.
-En cuanto se autorice háganoslo saber –dijo Trisha más relajada.
-Solo una cosa, aun no sabemos si él no recuerda nada lo despertaremos para asegurarnos y verificar que es lo que ha sucedido con él- dijo el doctor hablando con un movimiento de manos.
-De acuerdo –respondió Trisha.
Me quede mas tranquila Jorge ya estaba mejor, solo faltaba estar segura de que es lo que pasaba por su cabeza.
-Dice el doctor que Jorge ya esta mejor –dije al entrar al cuarto de Diego.
-¿En serio? Me da mucho gusto, necesito hablar con él –dijo este mirándome.
-Aun no saben si perdió la memoria, apenas lo sabremos en cuanto despierte –conté dejando caer mi espalda en la silla.
-Espero que todo salga bien Martina-dijo él tocando mi mano que estaba recargada en la camilla.
-No tienes idea de cómo lo espero yo también –dije asintiendo.
-En cuanto se pueda hablar con el házmelo saber para ir con él –dijo Diego poniéndose cómodo.
-Claro no te preocupes –dije ayudándolo a acomodar una almohada.
-Vamos a dar un paseo –dijo con una sonrisa.
-¿Qué? Estas loco no puedes caminar –dije mirando su pierna solo para asegurarme de que estuviera enyesada.
-Pero podemos ir con la silla de ruedas –dijo apuntando una en la esquina de la habitación.
-¿Puedes salir? –cuestione responsable.
-Pregúntaselo a la enfermera si no me crees –dijo elevando ambas cejas.
-Lo hare Diego, no confiare en ti y no quiero me que regañen por tu culpa –dije con una mirada fusiladora.
Salí asomando mi cabeza de un lado a otro, una enfermera de baja estatura y una silueta delgada se acercaba acomodando su uniforme.
-Mmm ¿disculpe? –indague con respeto.
-¿Si? –dijo la chica poniendo sus lentes de contacto.
-El joven de esta habitación ¿puede salir a dar un paseo? –pregunte apuntando con mi pulgar justo detrás de mi.
-Déjame echar un vistazo –dijo ella abriéndose espacio para pasar.
La chica checo la tabla que estaba a los pies de la camilla, y checo el reloj que yacía en su muñeca torció el gesto y miro a Diego.
-No has tomado tus pastillas –dijo la enfermera.
-Eso es importante Diego, tienes que tomar tus pastillas si quieres dar un paseo –dije poniendo mis manos sobre mi cintura.
-Tienes razón –dijo mirando a la chica yendo hasta el otro extremo del cuarto buscando algo en un mueble.
-Aquí tienes –dijo ella dándole unas tres pastillas en la mano, y luego sirviendo agua natural en un vaso de vidrio.
-Gracias –dijo este mirando las pastillas aterrorizado.
-Eso se ve doloroso para la garganta –dije con una cara de miedo, y es que odio tomar pastillas.
-Luego de tomar las pastillas puedes dar un paseo pero solo de 20 minutos y solo en el hospital –dijo ella aclarando.
-De acuerdo –dijimos al disparejo.
