Capítulo tres. De locos va el asunto.

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Me encontraba en la apacible pero nada agradable sala de la doctora Janet Jones. Ella es una chica morena, de ojos oscuros, joven, profesional y bastante amable. Pero era yo la que no quería estar allí.

-Bueno Enya—ella comienza mientras se sienta en el sillón y lee algo en los papeles que tiene en su regazo, después deja las hojas sobre la mesa y me mira tras colocarse las pequeñas gafas negras.—¿Cómo te sentiste ayer?—pregunta entrelazando sus manos en su regazo.

-Mal—respondo desganada.

-Vamos Enya, sabes cómo va esto, intenta expresar tus sentimientos al menos—me pide la doctora mientras vuelve a coger los papeles.

Yo rodé mis ojos en respuesta y observé el techo, blanco, como el resto de las paredes, esta sala estaba decorada con armarios en tono madera intentando darle algo de calidez, pero cada vez que estaba aquí mis nervios se ponían de punta.

-Sabes que hasta que no me expliques cómo te encuentres no saldrás de aquí—la doctora Jones me recordó "amablemente"

-Sabe que soy mala con eso de las emociones—me quejé mientras giraba mi cara y la miraba.

-Probemos una cosa, Liz me ha dicho que pasaron dos sucesos distintos, cierra los ojos, y rememora esa escena—hago lo que la doctora me pide y vuelvo al callejón.—Descríbeme lo que pasa.

-Estoy volviendo del instituto hacia casa, ya antes había sentido que algo no iba bien, pero estar con Brian consiguió calmarme, así que iba tranquila escuchando a Cher Lloyd, de repente tropecé y fue ahí cuando Dean consiguió adentrarme en el callejón. Sentí impotencia, pues me inmovilizaba, dolor cuando decidió herirme, asco, repugnancia cuando me recordó por qué estaba allí y lo último, miedo a que me hiciese daño de nuevo.—Abrí mis ojos, no me apetecía recordar esa escena.

-Muy bien Enya, ¿qué ocurrió después?—inquiere con voz dulce la doctora. Suelto un suspiro y vuelvo a adentrarme en mis recuerdos.

-Llegué a casa y busqué dinero, sabía que Luke tenía algo ahorrado, pero me pilló, y después llegó Jack, y entonces mi madre me llamó al teléfono. Fue una de las típicas conversaciones con ella, pide dinero, digo que no tengo, insulta a Liz, luego a mí, y cuelgo. A continuación llamó a todos los que se encontraban allí y entré en un ataque de ansiedad, Jack me llevó a la cama y Luke me dio una de las pastillas.

Cuando desperté fue por golpes en la puerta, bajé como pude las escaleras y me encontré a Dean, mamá, Luke y Jack discutiendo. Me acerqué y me enfrenté a Dean, como usted me había indicado, le dije que no quería saber nada de él nunca más en mi vida y de mi madre tampoco. Le amenacé con denunciarlo, después se puso agresivo, llamamos a la policía y puse la denuncia. Me sentí bien cuando lo encaré, fue como si por primera vez me diese cuenta de que es simplemente un yonki más adicto a mierdas, me decepcioné cuando mamá no mostró ningún cambio cuando renegué de ella, pero supongo que ese es uno de mis deseos infantiles, aunque tenga claro que no se va a cumplir.—la doctora apunta todo en sus folios y parece que a mí me han dado cuerda.—cuando el policía tuvo que sacar fotos de las contusiones me sentí vulnerable y débil. Tenía su marca en mi cuerpo... No sé qué más decirle doctora—digo soltando un suspiro.

-Muy bien Enya, ahora cuéntame, ¿tienes miedo de lo que Dean pueda hacerte? Es decir, lo has denunciado.—ella me mira a los ojos y yo miro al techo.

-No, Dean puede ser muchas cosas pero no es idiota, me necesita como fuente de ingreso, no hará nada que me perjudique. Además ¿qué más puede hacerme? No le gustan los cuchillos y no tiene la fuerza suficiente como para romperme más huesos.

-Te aconsejaría que te apuntases en clases de defensa personal o de kárate o alguna arte marcial.—ella comenta mientras se recoge el cabello en un moño desaliñado.

Unpredictable ☯Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora