“Narra Kendall”
Gritaba su nombre una y otra vez, tocaba insistente la puerta, las lágrimas que habían existido hace unos segundos en mis ojos eran remplazadas por nuevas. Me preguntaba por qué me costaba tanto decirle que la amaba, a qué era a lo que le tenía miedo, si ambos nos correspondíamos en nuestros sentimientos. Al parecer Logan tenía razón, ella nuca me abrió la puerta. Regrese a casa con los ojos hinchados por las lágrimas, lo sé, que un hombre llore es muy raro pero, enserio estoy enamorado de esa chica y me duele perderla, estoy consciente de que todo esto es mi culpa pero, quizás este tiene que ser el final.
Subí las escaleras tratando de hacer el menos ruido posible para no despertar a los chicos, ya que se encontraban durmiendo, y claro solo yo estaría despierto a las 2:30 AM.
Sin hacer o decir nada más me tire sobre la cama de mi habitación y deje que el sueño me llevara a los lugares más lejanos que existían.
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“Narra Anne”
- Escucha, sólo tienes que ayudarme con ese pequeño plan, no te va a costar nada, por favor- le suplique a Carlos mientras me ponía casi de rodillas frente a él.
- Anne, crees que es lo correcto- me tomo de las manos tratando de evitar que me arrodillara frente a él. Su mirada transmitía inseguridad, y parecía no estar muy seguro con lo que le acababa de proponer. Al principio se había mostrado gustoso y decidido de ayudarme pero, en cuanto le confesé el plan sentía como si se estuviera arrepintiendo de haberme contestado con un “sí”.- No creo que ser un “remplazo de Kendall”, por así decirlo, sea el plan perfecto para que Kendall logre caer a tus pies, ¿no crees qué es un poco bajo?, es muy inmaduro, Anne- llevo sus manos hasta su cabeza y alboroto un poco su corto cabello castaño, si supiera lo lindo que se ve cuando hace eso.
- No creo que quieras que te pida que finjas ser mi novio o si- le pregunte. Su rostro se tornó inmediatamente de un color rojo vivo, claro que el mío no estaba en mejor situación.
- No me molestaría pero, sin duda dolería- contesto desviando su mirada marrón de la mía.
- Por favor- suplique.- él se pondría tan furioso, y se molestaría demasiado, yo haría contigo todas las cosas que solía hacer con él, se pondría celoso, Carlos, no es justo que llevemos un mes sin hablarnos, después de ese día que vino a mi casa ya no me volvió a dirigir la palabra, ya sé que así lo quería yo pero, si se hubiera disculpado unas treinta veces más tal vez lo hubiera perdonado, él se rindió muy rápido y eso me hace pensar que no le intereso.
- Está bien lo hare- contesto suspirando.- y bien cuándo comenzamos- hizo una pausa.- y cómo- pregunto levantándose del sillón en donde nos encontrábamos sentados. Le dirigí una sonrisa maliciosa y me pare para abrazarlo.
- Ahora mismo- le susurre.
La mañana era fría, casi como si fuera invierno, lo sorprendente es que era una mañana fría de verano, en toda la semana no había dejado de llover, había veces en que llegaba a casa toda empapada por culpa de los malditos imbéciles que se empeñaban en pasar por encima de los charcos cercanos a la banqueta para empaparme. Además no sólo era por estar empapada sino que tenía que venir aguantándome el miedo que le tengo a las tormentas, y como, Carlos, no estudia aquí es mucho más difícil sobrevivir un día así. Lo peor era que cuando, Kendall, pasaba en su auto y me miraba toda mojada y temblorosa sólo me volteaba la cara mientras el muy imbécil seguía divirtiéndose con todas sus amiguitas de su nueva clase de interpretación musical. Últimamente todas las chicas querían estar con él, ¿Dónde estaba su noviecita cuando en verdad se necesitaba?, se había vuelto demasiado popular por todo el instituto y no dejaba de restregármelo en la cara. Maldito. Pensé.
Me levante apagando el despertador que como siempre que tocaba escuela se interponía entre la relación que llevábamos mi cama y yo. Entre al cuarto de baño y decidí darme una larga ducha para despejar mi mente, hoy era el día en que tendría que planear mi primer movimiento. Me encontré a mí misma enumerando los acontecimientos a los que me iba a tener que enfrentar hoy.
1.- Kendall y su manada de amiguitas tambaleándose por los pasillos del instituto como si fueran la gran realeza.
2.- La transferencia de Carlos a este instituto.
3.- A mis estúpidos celos.
4.- A todas las miradas de repulsión que me lanzan las personas al tenerme que topar con Kendall.
5.- A mi rutina de enfrentamiento diario con Schmidt.
Creo que hasta ahora era todo en la lista.
A veces sorprendía a kendall observándome de lejos mientras yo me encontraba sentada en el lugar donde solíamos sentarnos los dos, bajo el árbol que nos brindaba una gran sombra. Era raro, y yo sabía perfectamente que se tambaleaba de un lado a otro con cuanta falda se le pusiera en frente para ponerme celosa, lo peor era que sí le funcionaba.
Me obligue mental y físicamente a salir de la ducha, ya que me levantaba temprano para ir a la universidad pero, no le podía dedicar todo el tiempo a eso, también tenía que peinarme y arreglar mis útiles del día, además de que todavía estaba el tiempo que me llevaba ir de aquí para el instituto, y como Kendall ya no me llevaba ahora tenía que valerme por mi misma y mi auto era un asco, llevaba descompuesto un mes y decían que no tendría arreglo jamás.
En menos de media hora ya estaba llegando al instituto, me arrepentía con toda mi vida haberme traído estos tacones y este vestido un poco arriba de la rodilla, lo único que causaban era que mis piernas se congelaran a cada paso que daba, además de alguna que otra mirada pervertida de uno que otro chico.
Me encamine rápidamente a entrar al instituto, parecía ser una costumbre en mi llegar tarde a historia de la música con el señor Collins. Estaba tan perdida en mis pensamientos que sólo pude sentir el impacto que causo un gran choque que acababa de ocurrir conmigo y un sujeto.- lo siento- susurre mientras me agachaba apurada para recoger mis libros. Se oyó la queja de este, era una voz demasiado familiar que yo reconocía en un instante.
- ¡Por qué no te fijas por donde caminas Scott!- Kendall. Pensé.
- Quien fue el tonto que tampoco se fijó- le conteste mientras observaba como sus amiguitas lo ayudaban a levantarse del suelo y me miraban con rabia, o era asco.
- Ya es costumbre tuya llegar tarde no, Scott- cuando dijo eso revise rápidamente el reloj que traía puesto en mi muñeca izquierda y comprobé que era aún más tarde que de lo que ya era hace un rato. El señor Collins ya no me iba a dejar entrar, seguí recogiendo mis cosas para después mirar mal a Kendall que se estaba burlando de mi muy notoria prisa. Salí corriendo por el pasillo hasta llegar al aula. ¡Demonios! La puerta estaba cerrada, eso significaba que por más buena y elaborada que estuviera mí excusa nunca me dejaría entrar.
Camine hasta el patio y comencé a sentir una mirada sobre mí, volví mi cabeza para tratar de asegurarme de quien era esa mirada y en cuanto lo hice un Carlos demasiado sonriente se acercó.
- ¡Anne!- me grito aún más cerca que antes.
- ¡Carlos!- corrí a abrazarlo, y cuando lo alcance me colgué de su cuello y permanecí así un buen rato, sabía que Kendall nos estaba mirando.- ¿Qué haces aquí?- le pregunte.
- Vine a terminar de arreglar lo de los papeleos- bufo.- Ya lo habías olvidado- inmediatamente negué con la cabeza.
- Que tal si vamos a platicar un poco más cómodos por ese árbol que esta allá- apunte con mi dedo hacia el árbol donde Kendall y yo acostumbrábamos sentarnos, nuestro lugar especial del instituto. Lo tome de la mano para empezar a caminar en dirección a este. Pude ver como Kendall estaba rojo de la rabia, y eso me gustaba, no, me encantaba. Después de unos minutos de llegar y sentarnos me le acerque a Carlos hasta llegar a su oído para poder susúrrale algo.- Listo para el plan- el asintió con la cabeza.
Ahora era mi turno de hacer morir a Kendall de celos, y esto iba a ser demasiado divertido.
