Nos dirigimos hacia el lugar apuntado en la nota, se trataba de un edificio de apartamentos bastante grande. Llegamos un buen rato antes de la hora citada y nos ubicamos en una zona discreta pero no vi ningún movimiento sospechoso, Aileen menos aún ya que echó dormida aquel largo rato. La pobre al igual que yo había tenido una noche muy larga y no había podido descansar correctamente, yo tenía la suerte de no necesitar dormir.
Se acercaba la hora.
- Aileen- le dije mientras la zarandeaba un poco para despertarla.
- Eh... sí, sí- dijo medio dormida.
- Espérame aquí ¿de acuerdo? Si ves que ocurre algo peligroso vete.
- Vale vale- contestó, y volvió a dar otro cabezazo.
Entré al edificio y subí en ascensor al piso indicado, el séptimo D. Cuando me acerqué me di cuenta de que la puerta estaba abierta, la abrí y observé que dentro estaba demasiado oscuro. Aquello me estaba dando mala espina.
- ¿Hay alguien ahí?- pregunté, mientras daba mis primeros pasos en aquel oscuro apartamento.
De pronto la puerta se cerró y algo se clavó en mi cuerpo, las luces se encendieron. El piso estaba completamente vacío.
- Adelante- dijo un hombre mientras toqueteaba una especie de pistola.
Éste iba ataviado con una bata blanca como si fuera un médico. Tenía un revuelto y largo pelo blanco, y para mi sorpresa su ojo derecho estaba como robotizado. Tendría unos 40 años.
- ¿Me... acabas de disparar?
- Sí, pero no es nada de lo que preocuparte. El tranquilizante no hará efecto hasta dentro de un rato.
- ¿Tranquilizante?
- Bien- se acercó a mí y se puso a observar mi cuerpo detenidamente, sacó una libreta de dentro de la bata y empezó a hacer anotaciones.
- ¿Qué haces?
- Ssh, calla- contestó-. No me interrumpas.
Mi paciencia se acababa.
- ¡Bueno, ya está bien!- dije. Lo agarré por el cuello de la bata-. Dime ahora mismo qué esta pasando aquí y quien eres.
- Yo que tú no haría eso- dijo con toda la tranquilidad del mundo-. Hay cinco francotiradores apuntándote ahora mismo, con una señal mía te volarían la cabeza sin pestañear.
- Claro, ¿y qué más?- aquello sonaba demasiado surrealista para ser verdad.
El hombre entonces levantó un dedo y al segundo un proyectil rompió una de las ventanas, me atravesó el brazo con el que lo estaba agarrando y se incrustó en el suelo a un par de metros de mí. Lo solté.
- Bien, mejor- dijo, mientras se sacudía la bata-. En respuesta a tu pregunta mi nombre es Iain, y soy un investigador de Zead.
Me quedé igual que si no me hubiera dicho nada. Él lo notó y prosiguió con la explicación.
- Zead es ahora mismo un gran grupo financiero, una gran empresa, un clan... como lo quieras llamar, algunos hasta nos llaman una secta. Cannibal formaba parte de nosotros hasta esta pasada noche, en la que un desconocido al que hemos apodado Skull lo venció.
- ¿Y habéis preparado esta encerrona para vengaros de mí?
- ¿Vengarnos?- rió fríamente-. Oh por favor, Cannibal sólo era un idiota que nos aportaba dinero, nada más. Su pérdida no nos afecta en nada. Si hemos preparado esta encerrona es porque en lo que estamos interesados es en ti.
ESTÁS LEYENDO
Zead (reescribiendo)
RandomThomas Black, un chico de 17 años que misteriosamente vuelve a la vida, sin memorias de sí mismo más que su nombre. Sabiendo el rechazo que sufriría de la sociedad por su aspecto y su naturaleza decide esconderse de esta hasta que poco a poco va inm...
