El ascensor empezó a subir entonces.
- ¿A dónde nos dirigimos?- le pregunté a Cannibal.
- A los laboratorios, están en la planta 20 ¿Era uno de tus destinos también no?
- Sí.
A unos minutos de estar subiendo de pronto se fue la luz y el ascensor se detuvo.
- ¿Un apagón?- pregunté.
- No estaría muy seguro, tal vez nos hayan visto entrar al final.
Escuchamos un chasquido por encima del elevador.
- ¿Qué ha sido eso?
- Nada bueno.
De pronto empezamos a caer a tal velocidad que Cannibal y yo quedamos suspendidos en el aire dentro del cubículo, él se puso a toquetear en el techo del ascensor y consiguió quitar una especie de trampilla.
- ¡Vamos!- me gritó.
Salimos por el pequeño hueco y nos agarramos a una de las cuerdas mientras caíamos, di gracias al detalle de no sentir dolor porque las palmas de mis manos quedaron en carne viva por la fricción. En unos instantes escuchamos el estruendoso ruido de aquel cubo metálico chocando contra el suelo, aquello nos hubiera hecho puré a los dos.
- ¿Todo bien?- me preguntó Cannibal, mientras seguíamos allí suspendidos en las cuerdas.
- Sí sí, aunque nos hemos librado por un pelo.
- Mira- me señaló a uno de los lados, donde pude comprobar que se encontraba una de las puertas que daban a las plantas.- Tú que estás más cerca intenta llegar hasta allí y abrir la puerta, sino nos vamos a llevar aquí todo el día.
- Está bien.
Me zarandeé como en un columpio para coger algo de impulso y salté hacia el pequeño resquicio que había delante de la puerta, logrando llegar por poco. Puse mis manos entre las dos planchas metálicas y empecé a empujar cada una para su lado correspondiente, abriéndolas sin problemas. Entré a la planta y Cannibal tras mía.
- ¿Alguna idea de dónde estamos?- le pregunté.
- Diría que en la planta 18, no nos hemos alejado mucho a pesar de la caída.
- Bien, vamos a buscar las escaleras entonces.
- Espera- me detuvo poniéndome la mano en el hombro.- ¿No te parece extraño?
- ¿El qué?
- El hecho de que no haya nadie en la planta.
- Tal vez han evacuado debido al caos que está causando ahí abajo Roach.
- No lo creo, a estas alturas deben de haberlo abatido ya. Mira al suelo.
Ahora que me fijaba una especie de humo blanco cubría gran parte del piso.
- ¿Qué es eso?
- Una mala señal.
El eco de unos pasos nos alertó a los dos, alguien se acercaba a nosotros.
- Pensaba que estabas de vuelta en la tumba Cannibal- la voz era muy extraña, como si estuviera hablando a través de un respirador.
Un hombre se presentó ante nosotros, iba vestido con una gabardina negra que le tapaba hasta los pies y en la cabeza portaba una máscara de gas. Prácticamente no se le veía nada del cuerpo, ni siquiera las manos ya que unos guantes de cuero las ocultaban también.
- ¡Clyde!
- ¿Es también otro...?
- Sí, se le conoce por el sobrenombre de Steam debido a que es capaz de crear con su cuerpo un humo muy denso. Nadie salvo Iain que es el que lo resucitó le ha visto la cara jamás.
- Se te ha olvidado añadir que soy uno de los tres despertados más fuertes.
- Y sí, eso es. Pero nosotros somos dos y tú solo uno.
- ¿De qué os sirve superarme en número cuando ni siquiera me podéis ver?
Abrió la gabardina y de su cuerpo emergió una espesa y cuantiosa cantidad de humo que llenó la estancia al completo en unos instantes, no se podía ver nada.
- Te imaginaba más listo Cannibal, pero has elegido el bando perdedor.
No sabíamos siquiera desde dónde nos hablaba.
- Es muy fácil hablar desde las sombras- le respondió él.
De pronto un golpe lo tiró al suelo e inmediatamente voló por la estancia hasta chocar contra una mesa.
- ¡Cannibal!- grité.
Fui a acercarme a él pero de pronto sentí como algo me golpeaba en el estómago, y al segundo otro golpe en la mandíbula haciéndome caer hacia atrás.
- ¡Ten cuidado Skull!- me gritó mientras se incorporaba.- ¡Es capaz de ocultar totalmente su presencia en este humo!
- Bien visto Don obviedad.
Me levanté y me empezaron a llover puñetazos de todos lados, no podía protegerme sin saber de dónde venían. A Cannibal le había perdido la pista y no sabía nada de él, tal vez me hubiera abandonado para salvar el pellejo, no me sorprendería en lo más mínimo. Volví a caer tras aquella ráfaga de golpes y me pisó el cuello.
- Parece mentira que algo como tú le haya dado de qué hablar a Zead.
Le agarré la pierna con la que me estaba aplastando la garganta.
- Y tú que hayas olvidado que somos dos.
La figura de Cannibal emergió tras Clyde y le propinó un fuerte puñetazo en la cabeza, haciendo que se rompieran los cristales protectores de la máscara de gas.
- ¡Tú!
Cannibal le agarró el brazo con el que iba a golpearlo y le dio otro duro golpe en la máscara.
- Parece que no eres tan gallito ahora eh.
Clyde le dio entonces un fuerte golpe en el pecho con la mano abierta lanzándolo hacia atrás y a mí me pateó hacia un lado,volviendo así a desaparecer en la espesura del humo.
- Levanta- Cannibal me tendió la mano para ayudarme a incorporarme.
Pusimos espalda contra espalda para evitar que los golpes nos llegaran por algún punto ciego.
- ¿No te habrás asustado no?- dijo mi acompañante al aire, al ver que Clyde no hacía ni decía nada.
- ¿Asustarme?- respondió.- Sólo tengo que evitar que me atrapéis como antes, y para mi ventaja sé exactamente vuestra posición.
De pronto algo voló hacia nosotros y se me clavó en el hombro, era una especie de puñal. Seguidos a este un montón más volaron a dónde nos encontrábamos clavándose en nuestros cuerpos, nos los lanzaba desde todas las posiciones con una puntería y velocidad elogiables. No podíamos hacer otra cosa más que cubrirnos la cabeza que era nuestro punto débil.
- Me parece que estamos perdiendo- le dije a Cannibal.
- Ya me doy cuenta, aunque no sintamos dolor no es bueno para nuestro cuerpo recibir tanto daño. Aún dicho esto, sin saber dónde está no se me ocurre nada que hacer.
- La culpa es de este dichoso humo, es lo que le está dando una ventaja tan abrumadora. Si nos pudiéramos librar de este la historia sería otra.
- Sí... librarnos del humo. Se me acaba de ocurrir algo.
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Zead (reescribiendo)
De TodoThomas Black, un chico de 17 años que misteriosamente vuelve a la vida, sin memorias de sí mismo más que su nombre. Sabiendo el rechazo que sufriría de la sociedad por su aspecto y su naturaleza decide esconderse de esta hasta que poco a poco va inm...
