Escondite

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La furgoneta dejó de moverse y al salir de la misma Aileen y yo nos encontramos con una zona llena de casas semiderruidas, era como si hubieran abandonado hace mucho aquella zona de la ciudad.

- ¿Dónde estamos?- pregunté.

- Cerca de las afueras de la ciudad, estamos apartados y por aquí no vive nadie así que es el mejor lugar para escondernos.

La puerta del conductor se abrió y un hombre entrado ya en edad emergió por ella. Para nuestra sorpresa tenía la cara parcialmente llena de quemaduras y el poco pelo que le quedaba era de un tono rojizo al igual que el de Roy, se acercó a nosotros y al igual que hizo Iain la pasada noche se puso a observarme de arriba a abajo.

- Ya veo- dijo mientras se pasaba la mano por la barbilla.- Así que tú eres el famoso Skull que le está dando tantos quebraderos de cabeza a Zead.

- Así parece, sí.

Como Roy me tendió la mano para saludarme.

- Me llamo Reid.

Se la estreché.

- Thomas.

- Así que Thomas ¿eh?- entonces reparó en Aileen.- ¿Y tu acompañante?

- Aileen- respondió, con el mismo tono que le había respondido a Roy anteriormente.

- Bien, pues si no os importa seguirme un momento. Vamos Roy.

- Sí- respondió este.

Los seguimos hasta una de las casas que se veían medianamente bien comparadas con el resto, y para nuestra sorpresa el interior no tenía nada que ver con la fachada. Era como si acabáramos de entrar a un laboratorio, aquel lugar estaba impecable y dotado de cosas tecnológicas y herramientas de toda clase, algunas de las cuales ni siquiera podía imaginar para que servían.

- Sentíos como en vuestra casa- dijo Reid.- Ven por aquí Thomas.

Me llevó hasta una camilla e hizo que me sentara sobre esta.

- ¿Te importa quitarte la sudadera?

Le hice caso y me la quité, dejando al descubierto mi magullado torso. Cogió un estetoscopio y me lo pasó por el pecho mientras Aileen y Roy observaban.

- Ya veo, como era de esperar no tienes pulso... ni tampoco respiras. Las heridas se mantienen igual que cuando las recibiste, no cicatrizan tampoco, como si tuvieras la sangre coagulada en esas partes. ¿Has notado algo extraño más aparte de esto en tu cuerpo?- se puso el estetoscopio en el cuello.

- Bueno, he notado que tengo más fuerza, y que algunos sentidos los he desarrollado más de lo normal.

- ¿Y hambre?¿La has sentido?

Callé, no sabía si debía responder a esa pregunta o no.

- ¿Y bien?- insistió Reid.

Asentí con la cabeza.

- Está bien, entiendo que te cueste responder a eso. Pero la verdadera pregunta sería: ¿has comido?

Sabía por donde iban los tiros.

- No, aunque tuviera que volver a la tumba no probaría eso nunca.

- Te creo, per...

- ¿Qué tiene de importancia la comida con todo esto?- interrumpió Aileen. Ahora que caía en la cuenta ella no sabía nada de los... hábitos alimenticios que me pedía mi cuerpo, si lo supiera tal vez me acabara mirando como a un auténtico monstruo. Reid notó mi cara de preocupación.

- Digamos que las personas como Thomas no pueden alimentarse de cualquier cosa. Roy, ve al refrigerador y tráeme el sustituyente.

Roy le hizo caso y desapareció por una de las puertas para aparecer seguidamente portando una pequeña caja que almacenaba lo que parecían ser pastillas. Se las pasó a su padre y este me las pasó a mí.

- Aquí tienes, tómate una de estas cada vez que sientas hambre y desaparecerá por completo. Las he creado yo mismo para esa función, aunque aún no tengo muchas unidades.

Nada más acabar la frase abrí la caja ansiosamente y me metí un par en la boca, sentía como mi estómago se tranquilizaba por primera vez desde hacía mucho. No sé como había podido aguantar hasta ahora.

- Veo que se acabaran rápido- contestó Reid mientras me sonreía.- Procuraré hacer más para cuando se te acaben, ahora si no te importa...- cogió una jeringuilla que se encontraba en una mesa a su lado.- Voy a coger una muestra de tu sangre para analizarla y  poder así averiguar que es lo que te ha traído de vuelta.

- Está bien- contesté.

La llenó de mi sangre y nos dio vía libre por la estancia para que nos relajásemos. La verdad es que nos hacía falta, sobre todo a Aileen que ni siquiera había podido dormir algo.

Ellos desaparecieron en una de las habitaciones y Aileen y yo nos recostamos en un pequeño pero cómodo sofá.

- Deberíamos irnos ahora que podemos- me dijo.

- ¿Por qué?- pregunté.- Creo que es el primer momento de relax que tenemos desde la noche de Cannibal.

- Lo sé, pero... piénsalo Thomas. Siempre que se nos acerca alguien es para hacerte daño, por lo menos desde que te conozco.

- Sí, puede que sea así pero... ellos me dan buena espina, no me los imagino con malas intenciones. Además, nos salvaron de Iain en la fábrica.

- No sé, no deberías de ser tan confiado.

Al rato Aileen terminó quedándose dormida apoyada en mi hombro después de una racha de cabezazos intentando evadir el sueño. La contemplé, aún me preguntaba que seguía haciendo a mi lado después de haber estado en peligro por mi culpa en más de una ocasión. Sabía que no le quedaba nadie ahí afuera pero a veces pensaba que estaría mejor sin mí, o por lo menos más segura.

Ahora que me percataba se me había olvidado preguntar a nuestros anfitriones cómo sabían de Zead y de aquel científico loco.

Zead (reescribiendo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora