Despertó de golpe. Un sonido de botes de basura de metal cayendo lo sacaron de su sueño. Se sentó rápido de la banca, buscando el origen del estrepitoso sonido. A lo lejos, alcanzó a divisar cómo dos botes de basura rodaban por las calles adoquinadas.
— Debió ser un gato...— se dijo a sí mismo tratando de tranquilizarse, comenzaba a sentirse inseguro ahí, sentía que algo no iba bien.
Se levantó sin hacer ruido y sin más se fue en silencio, no estaba de más cuidarse, después de todo no sabía si había delincuentes o ladrones rondando por ahí.
Llegó hasta la otra cuadra y se sintió más aliviado de alejarse del sitio donde habían caído los botes. O hubiera pensado eso un rato más, si no fuera porque más a lo lejos, en uno de los callejones vio un par de sombras con forma humanoide que lo observaban.
Paró en seco al verlas. Se estaba metiendo en muchos problemas.
— Lo siento...— titubeó. —No quiero problemas— dijo alejándose unos cuantos metros del lugar.
Las sombras volvieron a mirarlo, pero esta vez un par de orbes brillantes y amarillas, que hacían de reemplazo a sus ojos, lo observaban con detenimiento... escudriñándolo, sin darse cuenta de que estas mismas se estaban acercando más a él.
— En verdad lo siento, no busco problemas...— se alejó más. Se estaba poniendo cada vez más nervioso. — ¡No me di cuenta que esa era su banca, soy nuevo aquí!— comenzó a caminar más rápido.
Esta vez sí se dio cuenta, demasiado tarde, de que comenzaban a rodearle y a perseguirle. Salían por todas partes de la oscuridad, de los callejones, de las calles solitarias y de las alcantarillas. Como una manada de lobos en busca de la cena.
— Esas definitivamente no son personas—
Eran cosas sobrenaturales, algo que nunca había presenciado antes. Lo estaban persiguiendo y lo estaban rodeando. Miles de ojos amarillos aparecían en la oscuridad. Chillidos y gruñidos salían de las bocas de esos espectros. Corrió todo lo que pudo con desesperación, cruzando calles, pasando por callejones y negocios, hasta llegar al resguardo de una pequeña farola que iluminaba un poco su entorno.
Descansó uno de sus brazos en el delgado poste de fierro, mientras con la otra se apoyaba en la rodilla, estaba tosiendo de tanto correr. Ya no los veía, pero su corazón desbocado le advertía que aún seguían ahí. Cada vez más respiraba con dificultad por la adrenalina que le instaba a correr y salir de ese sitio. ¿Qué tenía que hacer? ¿Qué eran esas cosas?
Chillidos y bufidos volvieron a oírse a su alrededor. Lo habían alcanzado. Intentó volver a correr en dirección al parque, cuando vio que algo saltaba contra él. Se agachó justo a tiempo y pudo ver a los causantes de su terrible miedo.
No eran sombras, ni mucho menos animales o personas. Definitivamente no eran de este mundo. No sabía cómo describirlas. Parecían ser esqueletos con el color de la brea impregnada a su cuerpo, algunos tenían forma humanoide y un par de huecos en su diminuto cráneo hacían de ojos. Había unos más pequeños que parecían perros, con una cola larga, filosa y serpenteante. Todos en distinto tamaño, fuerza e incluso con unas garras tan largas y filosas que podrían perforarle el torso si quisieran, además de unos dientes parecidos a agujas gigantes.
Se levantó rápido y reanudó su huida. Cuando bruscamente una de esas cosas se abalanzó sobre su espalda, el peso del animal hizo que cayera de bruces contra el pavimento, dando como resultado que le doliera el pecho y el mentón. Se quejó por el terrible dolor que sentía, pero sin distraerse tanto, con fuerza se volteó y golpeó a la criatura apartándolo de su cuerpo, la criatura chilló de dolor y justo a tiempo pudo levantarse y huir rápido al parque o dónde sea que estuviera más seguro. Sin embargo los seres eran veloces y le pisaban los talones. Estaba a punto de dar vuelta por una esquina de una de las tantas casas del pueblo, cuando una criatura lo sorprendió de frente y lo hizo retroceder. Se le había acabado la suerte. Detrás de él, sin que se diera cuenta, una de ellas con sus enormes colmillos de aguja, se abalanzó con violencia contra él haciéndolo caer al pavimento duro y helado de la calle. Sintió que la criatura lo mordía en la nuca, cerca de la cabeza, y trataba de jalarle algo que le dolía como mil demonios.
— ¡Déjenme en paz!— gritó con miedo, intentando sacarse al ser de su espalda — ¡Ayuda! ¡Por favor, alguien ayúdeme!—
Sintió dolor en sus cabellos, con cada jaloneo que le hacía el monstruo. Más criaturas llegaron y de igual manera lo inmovilizaron. No podía hacer nada, esta vez iba a morir.
Dejó escapar un alarido de dolor con cada mordida que le propinaban a su frágil cuerpo mortal. Puntos blancos y negros nublaron su visión, estaba desmayándose.
— ¿En verdad este será mi fin?—
Su visión se nubló y por un momento de verdad creyó que había llegado su final y perdió por completo las esperanzas. Cuando de repente, una luz lo dejó cegado por momentos, él creyó que era el camino hacía el más allá o algo por el estilo, pero se sorprendió al ver que ese destello fue acompañado segundos después por una explosión.
Un estruendoso ruido se escuchó por toda la cuadra de esa avenida; criaturas y partes de monstruos salieron volando por los aires. Sus oídos no le daban tregua y quedó sordo unos momentos por culpa de la explosión. Recobró un poco la fuerza y la conciencia y con algo de dificultad pudo apartarse lo suficiente del camino de aquellos monstruos. Vio como algunas criaturas huían del sitio, corriendo como cucarachas, volviendo a sus inmundos escondrijos en la oscuridad.
Se arrastró a duras penas hasta llegar a una pared donde se sentó y jadeó de dolor al sentir que la sangre salía de su cuerpo, la piel le ardía y le quemaban las mordidas hasta lo más profundo de su alma, además del fuerte dolor que sentía en la cabeza que le dificultaba pensar con claridad.
Entonces, escuchó voces amortiguadas que se acercaban y un par de figuras aparecieron frente a él. Su visión estaba cada vez más borrosa y no lograba discernir muy bien quiénes eran.
— ¡Te sacaremos de aquí!...— alcanzó a escuchar y una segunda explosión se hizo presente.
— ¡Muerte, rápido! Tenemos que llevarlo con Médico ¡ahora!...—
Sintió que lo cargaban y por primera vez una calidez muy familiar invadió su mente y cuerpo por completo que lo liberaron por un instante de la intensa agonía que sufría. Trató con dificultad de ver quién era su salvador, abrió los ojos lentamente con algo de dolor y pudo observar a un chico de piel pálida con un mechón naranja en su corto cabello negro que lo llevaba cargando lejos de los espectros.
Un dejavú surgió en su mente en ese momento, un destello de recuerdo vino a su memoria al ver su semblante. Se le hacía bastante conocido, ¿qué no era...?
— ¿... Des?—
No pudo mantener sus ojos abiertos por más tiempo y se desmayó, sin estar consciente de su alrededor o sus salvadores.
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Entre la Vida y la Muerte
FanficUn firmamento azul apareció ante sus ojos, y lo que parecían ser las ramas de un árbol enorme lo cubrían de los primeros rayos del sol de la mañana. El cantar de las aves lo trajo de vuelta a la realidad, dándose cuenta más o menos de dónde se halla...