Capítulo 4 (Parte 1). Ataque y rescate.

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La tarde fue cayendo y las horas fueron pasando. Las ramas de los árboles se ondearon con el viento, las aves ya cansadas llegaban a sus hogares en aquel parque, y el sol crepuscular anunciaba la despedida de un día más. La gente salía de sus trabajos y se dirigían a casa, las madres iban por sus hijos de la escuela y la gente del mercado recogía sus mercancías de la calle rústica y empedrada. Era hora de irse, descansar y agradecer por un nuevo día otorgado. Mientras tanto, él se había quedado dormido. Sin darse cuenta de lo tarde que se estaba haciendo.

Aún se encontraba sentado donde el árbol, no se movió para nada de ahí. Lo que causó que un par de horas después, se quedara profundamente dormido.

No sentía nada en sus sueños y menos recordaba nada. No estaba soñando.

Abrió los ojos y se vio flotando en una infinita oscuridad. No sabía dónde estaba, ni qué hacía allí.

Entonces, escuchó algo. Algo apenas perceptible para sus oídos, era un susurro. Haciendo eco por toda esa inmensidad oscura donde se hallaba.

Volteó a todos lados buscando su origen.

Despierta...

Percibió que le decían. Se le hacía bastante familiar, ¿quién era?

Por favor, despierta

Un sollozó y un lamento vinieron después, resonando en su mente, en sus recuerdos.

Sintió una opresión en el pecho al escuchar llorar a la persona. Aún escuchaba sus lamentos y súplicas. No sabía quién era o cuál era el motivo de por qué lloraba. Sólo sentía que tenía que hacer lo que le pedía y rápido.

¡Despierta!

...

Abrió sus ojos de golpe. Su pecho subía y bajaba por el aire que desesperadamente trataba de conseguir, y un mar de lágrimas caía como cascada quemándole sus mejillas. Se levantó algo desorientado del lugar donde se acurrucaba, era cierto, había estado esperando al chico mago en ese mismo sitio. Miró sus alrededores y se dio cuenta de que era de noche, el sol se había ocultado y todo lo que le rodeaba era oscuridad. Sin darse cuenta, se había dormido ahí mismo y ahora había perdido un día completo en haberse quedado ahí. Se levantó sacudiéndose sus ropas y se limpió la cara con el abrigo que traía puesto.

— Sólo había sido un sueño— se dijo no muy seguro de lo que decía.

La voz que había escuchado en su mente había sido tan real para él que le hacía sentir un cúmulo de sensaciones que no podía describir en ese momento.

Sintió que le ardieron los ojos con el fresco que estaba cayendo en la noche. Necesitaba un mejor lugar donde pasar la noche, buscaría al chico mañana cuando despertara.

Sin más, volvió a internarse en los árboles guiándose por el enrejado del parque. Hasta que después de un rato, salió de aquel sitio. Necesitaría dormir en un lugar algo decente, sin que le doliera la espalda o el cuello, haber quedado sentado por muchas horas había hecho estragos en su cuerpo, le dolía todo.

Se masajeó el cuello y siguió caminando por las calles solitarias y vacías del pueblo. Probablemente era demasiado tarde como para pedir posada en algún sitio. No había nadie por las calles, sólo las farolas iluminaban con sus focos naranjas su camino.

— Estoy jodido— se dijo a sí mismo y se sentó en la acera, como esperando algo o a alguien.

Maldito seas, chico mago


Entre la Vida y la MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora