Capítulo 5. Arrepentimiento.

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Vida y Muerte se hallaban en la sala de espera, fuera del consultorio de Médico.

Llegaron después de unos instantes que rescataron al chico y de prisa, sin ningún tropiezo, arribaron a la casa de la Diosa. Tocaron fuertemente la puerta y llamaron a gritos en varias ocasiones. Hasta que la Diosa de mirada fría y actitud algo sombría, salió enfadada, aún con la pijama puesta, a atenderlos.

- ¡Déjenme en paz por Ithis!- refunfuñaba de ira y abrió la puerta casi azotándola contra la pared del recibidor. - ¡¿Qué no saben la hora que...?!-

No pudo terminar la frase al ver a los dos Dioses frente a ella. Les hubiera dado una tremenda paliza o un largo y fastidioso sermón sólo por haberla despertado en plena noche sin ningún motivo aparente, pero al ver las ropas ensangrentadas del Dios más alto con un humano cargando en sus brazos mientras agonizaba de dolor y a Vida totalmente pálido y preocupado, decidió atenderlos.

- ¡¿Qué están esperando?! ¿A que los invite a pasar? ¡Vamos, no se queden ahí parados! ¡Llévenlo a dentro!-

Entró a la casa corriendo poniéndose su bata que había agarrado de un perchero que estaba cerca. Vida y Muerte de igual manera entraron y la siguieron hasta el consultorio. Metieron al frágil humano en una camilla y lo trasladaron rápidamente a una habitación. La Diosa de ojos turquesa les dio órdenes a diestra y siniestra para que le ayudaran a curar las heridas. Así fueron unos angustiantes 30 minutos de ir y venir por vendas, agua, medicinas, etc. hasta que Médico los echó del pequeño cuarto donde lo habían llevado, con la excusa de que necesitaba revisarlo más a fondo y que no hubieran tantas personas alrededor sofocándolo.

Así que ahí estaban. Llevaban casi una hora afuera en la pequeña sala de espera, aguardando a que Médico saliera y les diera noticias sobre el chico.

Habían llegado justo a tiempo, por milagro, a salvar al humano y llevarlo a que lo sanaran de sus horribles heridas con la Diosa. Las plagas lo habían atacado y casi hubiera estado muerto sino hubieran llegado a tiempo.

El Dios de ojos verdes estaba con la mirada gacha mientras se tapaba la cara con ambas manos angustiado y sólo esperando a que esa pobre alma no se hubiera muerto por su culpa. Sentía tanto remordimiento en su ser por haberlo dejado olvidado en aquel parque, que no se lo podía perdonar.

Muerte se encontraba a su lado preocupado por su amado de las estrellas, tratando de que se tranquilizara y no pensara en lo peor; dándole ánimos y una que otra palmadita en la espalda.

- Muerte, fue mi culpa... sino lo hubiera olvidado no habría terminado así- se reprochaba a sí mismo, culpándose de la situación.

- No es verdad Vida, ya pasó y él estará bien- le dijo con voz suave, intentando que todo rastro de culpa, aunque sea la más mínima, se esfumara. -Saldrá vivo-

Entonces la puerta del cuarto se abrió. Ambos al instante se pararon y antes de que pudieran decir la más mínima palabra o frase, Médico habló:

- Se encuentra bien y por ahora sólo está durmiendo, por suerte, las heridas fueron algo superficiales y no pudieron dañarle internamente...-

Los Dioses intercambiaron miradas de alivio. Se alegraban profundamente de que no hubiera pasado a mayores la situación.

- Solamente tiene que permanecer unos cuantos días más para observarle más a fondo las heridas que le hicieron las plagas en el cordón de plata, casi se lo arrancaban a la fuerza y necesito saber si aún tiene remedio- concluyó.

Ambos fruncieron el ceño, confundidos, y volvieron a intercambiar miradas de estupefacción.

- ¿Cuál cordón de plata?- preguntó Vida.

Entre la Vida y la MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora