Capítulo 8. Escándalo y una nueva ayuda.

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- Vaya, para ser un hospital privado se ve demasiado costoso pero sencillo, ¿desde cuándo trabaja aquí?- preguntó Leo sentándose y probando la mullida cama con sábanas de seda roja que estaban en el consultorio principal de Médico.

- Varios milenios, para ser exactos- contestó Médico sin dejar de lado la tablilla de las medicinas.

Leo se rio con la respuesta. - Debe de sentirse así, esta profesión es muy pesada y extenuante o eso recuerdo que dicen- se levantó y esta vez observó por la ventana con dirección al jardín de enfrente, y donde, más a lo lejos, estaba el camino de adoquines que pasaba por el bosque.

Llevaban una hora conversando. Leo se sentía mejor y Médico solo lo revisó un par de veces más para estar segura de su salud, cuando lo hubo comprobado, le prestó ropa que tenía guardada y que le quedó perfectamente, ya que su antigua vestimenta estaba rota y cubierta de sangre. Ambos sin saber qué hacer solo se metieron a la sala privada de Médico, donde normalmente atendía a los dioses, y ambos esperaban a Vida y a Muerte. Leo los esperaba por respuestas y ella para darles el diagnóstico final para que por fin lo llevaran a su hogar.

- Al parecer no viene mucha gente aquí, ¿estamos muy alejados de la ciudad? Debe ser muy tranquilo trabajar todos los días-

- Bueno, no estamos tan lejos y no hay muchos que habiten por aquí-

- Oh, con que un pueblo pequeño...- suspiró y siguió mirando afuera, esta vez con un dejo de nostalgia en su corazón. - Me recuerda mucho en el que nací. Recuerdo que cuando tenía 9 años me caí de un árbol que estaba en la granja de mi abuelo, todo porque trataba de dejar en su nido a un pequeño polluelo que se había caído, pero en eso un montón de gorriones se posaron en todo mi cuerpo e hicieron que me cayera; nunca había entendido el por qué lo hicieron, pero después comprendí que simplemente los animales me seguían incluso si los ignoraba-

Volvió a reírse.

- En fin, fue un día tan fatal que incluso el hospital de la comunidad estaba cerrado cuando llegamos, tuve tanta mala suerte-

Médico lo observó algo sorprendida, no solo porque había recordado algo sin darse cuenta sino que con el pequeño relato su cordón de plata se extendió como por arte de magia. Ya no solo era un pequeño tuvo sobresaliendo de su nuca, sino que ya estaba hasta un par de metros más largo, pasando desde su escritorio hasta el pasillo. Mientras él estaba distraído, se asomó afuera de su oficina y pudo comprobarlo.

- Entonces era por eso que lo tenía tan pequeño... entonces era cierto lo que me decía sobre no recordar nada-

Leo sin darse cuenta de todo lo que ocurrió e incluso del recuerdo que llegó a su memoria en ese momento, de nuevo se sentó en la mullida cama mientras suspiraba resignado.

- ¿Conoces muy bien al chico mago?- preguntó.

Médico lo miró confundida, - ¿chico mago?-

- Lo siento, no sé su nombre y eso que fue él y su amigo el que me rescató de esos horribles monstruos-

- ¿Dónde lo conociste?- preguntó Médico intentando desviar la conversación del nombre a otra parte.

Leo se rascó la nuca.

- Es un poco larga la historia y extraña; la verdad es que, como te dije antes, no recuerdo de dónde vengo ni por qué estaba en un parque a solas, sin nada con lo que pudiera comunicarme o identificarme. Vagué por ese parque de un pequeño pueblo durante horas, sin que la gente me ayudara, en realidad me ignoraban por completo cuando intentaba hablarles. Después de intentar comunicarme con los habitantes sin ningún éxito, volví al lugar donde desperté y me senté en una de las tantas bancas que había alrededor.

Entre la Vida y la MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora