Tiempo era uno de los dioses que menos socializaba de todo Ithis, (hasta Angustia le ganaba en ese aspecto), los dioses lo conocían y sabían cómo era por lo que Vida les contó sobre él, hace como unos millones de años atrás..., pero nada más. Incluso Vida ya no sabía cómo iban las cosas con el Dios, debido a que desde hace muchas décadas que no lo visitaba y de todos modos tampoco Tiempo era tan comunicativo, solo se enfocaba en trabajar diariamente, sin descanso, con las esferas del presente, pasado y futuro, manteniendo así el equilibrio en el universo, documentando todo lo que ocurriera a través del tiempo. En fin, era todo un enigma para los demás dioses incluso para Muerte, a excepción de Vida claro está, ya que nunca habían llegado a verlo, a veces también llegaban a creer e imaginarse que Tiempo en realidad no existía o era alguien omnipresente.
Vida y Muerte salieron de la biblioteca de la iluminación un par de horas antes, pero en el camino se distrajeron un poco con sus trabajos y los encargos que tenían que revisar de sus sirvientes.
Ahora por fin, que ya faltaba un cuarto de hora para que fueran las diez de la mañana, iban andando hacia el hogar de Tiempo.
- ¿Crees que esté en casa?- preguntó Muerte mientras entraban en el jardín.
- No tiene ningún motivo para salir, incluso desde que yo fui creado él era muy distante y reservado... conviví muy poco tiempo con él porque siempre estaba enfrascado en su trabajo- contestó.
La casa del Tiempo estaba muy alejada de los demás, se podría decir que ésta estaba hasta la otra punta de Ithis. Ambos se habían teletransportado y cuando ya estuvieron más o menos cerca se fueron caminado por algunos parajes de nubes y praderas celestiales hasta llegar al interior de un bosque lleno de viejos árboles que solo existían en ese lugar. Después de unos cuantos minutos de seguir un sendero aparentemente deshabitado por los dioses, se encontraron a las afueras de la casa de Tiempo, un cancel color azul oscuro, que rodeaba la propiedad, les impedía el paso.
- Es la primera vez que lo verás... ¿estás nervioso?- habló Vida mientras abría la puerta del cancel.
- No lo estoy..., tanto- respondió. - Bueno, quizás un poco intimidado, hace mucho habías dicho que era incluso más alto que yo-
- Sí, así es, muchísimo más- mostró una sonrisa burlona, - no te preocupes, puede ser serio y reservado pero no es un mal tipo- le dio un par de palmaditas en la espalda, -ahora vamos-
Fueron andando por una extensa escalinata de piedra blanca, ya que la casa se encontraba situada en lo más alto de una colina. Los rayos del sol iluminaban la enorme fachada de marmol color azul de la casa que brillaba como si fuera una perla reluciente, las ventanas en toda la fachada estaban abiertas de par en par y las cortinas negras que sobresalían a veces se meneaban con la suave brisa de la mañana.
Pasaron unos cuantos minutos cuando por fin llegaron a la entrada.
- ¡Tiempo!, ¡oye, ¿estás en casa?!- gritó Vida mientras tocaba la aldaba con forma de reloj de arena de la puerta de madera.
Nadie respondió en unos largos segundos. El dios de piel verdosa estuvo a punto de volver a tocar la puerta, cuando de repente ésta misma se abrió de repente incitándoles a pasar.
- Vamos...- dijo Vida entrando a la casa.
- Bien- asintió Muerte algo nervioso por lo que había presenciado con la puerta.
La puerta volvió a cerrarse detrás de ellos después de que ingresaron. Adentro todo estaba muy tranquilo..., ahora estaban en la sala de estar, la cual estaba conformada por un par de sillones enormes y un espejo también grande flotando en medio de la pared. En las paredes solo había pinturas del universo, de estrellas, galaxias, planetas desconocidos y del famoso big bang que creó los planetas de nuestro universo conocido y miles de relojes de arena flotaban en el techo abovedado, cada uno a su ritmo, marcando distintas horas de diferentes épocas. Ambos contemplaban todo esto mientras caminaban al interior de una habitación que estaba al final del pasillo, o bueno, más bien Muerte seguía a Vida, ya que él dios verdoso más o menos recordaba el lugar de trabajo de Tiempo.
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Entre la Vida y la Muerte
Hayran KurguUn firmamento azul apareció ante sus ojos, y lo que parecían ser las ramas de un árbol enorme lo cubrían de los primeros rayos del sol de la mañana. El cantar de las aves lo trajo de vuelta a la realidad, dándose cuenta más o menos de dónde se halla...