3.- Su unico familiar

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Su pecho subía y bajaba con su respiración agitada, soltaba gemidos de vez en cuando, el sudor frío hacia que su pelo negro se pegara a su frente, su piel pálida estaba brillante por lo mismo y el reflejo de la luna, sus párpados se apretaban con fuerza y sus ojos se movían bruscamente bajo éstos.

-Lo siento- Un pequeño susurro salió de sus delgados labios.

La ventana abierta dejaba paso al frío viento que movía las cortinas con brusquedad, dejando ver la luna medio llena con las estrellas a sus lados titilado.

Despertó con un grito ahogado y se sobresaltó sentándose de golpe, se talló los ojos grises llenos de lágrimas y se quitó la camiseta mojada.

Otra vez recordando eso, ya tenía 17, ¿y seguía haciéndolo?, esto era el colmo, casi todas las noches era igual y si no era esa era una peor.

-Fue...Solo una pesadilla- Gimió todavía alterado- ...o un recuerdo.

Se paro con las piernas temblando y vio el reloj de su mesita.

5:05 a.m.

-Otra vez...- Susurro un poco molesto pero más calmado. Su respiración se había normalizado casi por completo.

Se encaminó a la puerta descalzo y cuando toco el picaporte le dio un escalofrío en todo el cuerpo que hizo que la soltara de inmediato, se calmo un poco y la abrió.

La casa era muy pequeña y oscura, o al menos para él lo era, esa casa le daba escalofríos siempre, ya que ahí había ocurrido la mitad de las cosas que lo volvieron tan desconfiado y triste.

Recorrió el largo y lúgubre pasillo que estaba como boca de lobo, al final del pasillo estaba la cocina.

Agarro un vaso de vidrio y se sirvió agua, después busco en la nevera, encontró los hielos y le puso 3 a su vaso. Cuando se lo termino regreso a el pasillo, a mitad de camino a su cuarto había otra puerta que llevaba a el baño y se metió ahí. Palpó la pared y encontró el interruptor, lo toco y la luz se prendió, ahora la habitación estaba con un color anaranjado.

El baño tenía una bañera gris claro igual que la taza y el lavabo, las cortinas de la bañera eran blancas.

Corrió las cortinas, giro la llave del agua caliente y poco después el agua fría. Mientras el agua llenaba la bañera, se quito los shorts y los bóxers y cuando el agua estuvo a la temperatura indicada y la cantidad correcta se metió, se lavo el cabello y se talló el cuerpo. Término poco después pero se quedo un rato ahí un rato, pensativo.

Después de un buen rato, cuando el agua se enfrío por completo, salió para secarse el cabello y luego el cuerpo, se ató la toalla a la cintura y se fue a su cuarto.

Agarro unos pantalones negros, una camiseta roja y un suéter negro, se miro a el espejo de cuerpo completo que tenía, rozo su cicatriz de el cuello y su rostro serio se trasformo a uno un poco molesto, agarro una bufanda carmesí y se la puso, quedando un borde adelante y el otro en la espalda.

Salió a la calle a las 5:34 a.m. por lo tanto no había nadie y el clima era muy frío. Todo como le gustaba.

Se puso unos audífonos negros y puso música *Pierce the veil- A match into water, camino un rato y cuando llego a el parque se sentó en una banca que estaba enfrente de una fuente apagada y mugrienta, parecía que nunca la habían prendido y que solo había sido un mal gasto por parte de el gobierno, se puso las manos en los bolsillos y se quedo dormido al poco rato.

Todo estaba oscuro.

-¡Christian!- la voz se escuchaba distante y no muy clara- ¡Christian!.

Sus ojos se abrieron aturdidos, veían todo borroso.

-¡Christian!- Por el tono de la voz se notaba que le habían estado hablando persistentemente un buen rato.

-¿Eh?- saco una mano de su bolsillo, se quito los audífono y se sobo la cabeza, levanto la vista y se topo con un hombre muy alto, de cabello café, ojos grandes y verdes con unas gafas y una barba de 5 días.

-Explícame por qué siempre te encuentro aquí si tienes una casa para ti solo.

-No me gusta estar ahí...- se cruzo de brazos, su voz sonaba distante.

El hombre alto se sentó (Era una cabeza más grande) y le acarició el cabello negro.

-Tienes que superarlo... -su voz daba cierto aire de confianza-.No siempre puedes ser así, sé que es duro y eras muy pequeño, pero...

Christian desvío la mirada, esa opresión en el pecho le molestaba demasiado, no quería ponerse a llorar ahora.

El señor suspiro.

-Bueno, no quieres hablar de eso. ¿Ya desayunaste?- pregunto cambiando el tema.

-No. Es muy temprano.

-¡Hasta tu lo admites! Hace frío, sigo pensando que deberías estar en tu casa. Así me hubieras podido ofrecer un té- se quejo el mayor riendo.

Christian lo miro de soslayo, era idéntico a su padre... O por lo menos lo que recordaba de él. Después de tanto tiempo era obvio que olvidara como era.

Un hombre con un perro paso corriendo adelante de ellos.

-He pensado en adoptar un perro ¿sabes? Tal vez un Husky.

-Creí que no te gustaban.

-No me gustan los gatos- se quito las gafas y las limpio- pero los perros son algo distinto.

Permanecieron en silencio un rato, no fue incomodo puesto que ambos estaban en sus pensamientos.

-Toma- hablo por fin el mayor y le tendió un sobre-. Es lo de este mes.

-Gracias- respondió agarrando el sobre.

-Me tengo que ir. Te recomiendo meterte a tu casa, se ve que va a llover-se paro y le dio un abrazo- Adios.

-...Adiós...

Rick Wood, era el tío de Christian. Cuando ocurrió el accidente y su único sobrino había perdido tanto a su madre como a su padre, hermano de Rick, le dijeron que lo debía cuidar o de los contrarió diera su consentimiento para ponerlo en adopción, a pesar de ser rico y tener una enorme mansión, no le agradaba la idea de tener a alguien que solo conocía de mirada y que, siendo un niño, sería muy latoso, pero al final aceptó cuidarlo el mismo. Cuando llego el niño a la casa fue todo lo contrario a latoso, de todos modos le dio un cuarto muy apartado de el suyo. El niño no salía de su cuarto ni para comer, ya que las sirvientas le llevaban la comida. Un día en la madrugada paso delante de el cuarto y se quedo frío al oír un llanto proveniente de el cuarto, entro para asegurarse de que estuviera bien pero cuando entro vio a el niño dormido solo que llorando, al día siguiente le pregunto a la sirvienta encargada de el niño y se impresiono cuando la sirvienta le dijo que así eran todas las noches, que se acostaba bien y que cuando ya esta bien dormido se ponía a llorar. Después de eso contrato a un psicólogo, pasaron 2 meses pero no había cambió, despidió a el psicólogo y contrato otro, lo mismo, al cuarto psicólogo se dio cuenta que el trauma era mayor , pensó que solo el mismo Christian podía superarlo. Años después, cuándo Christian cumplió los 15 le dio las llaves de su antigua casa y sin resistirse el joven se fue.

Vio como su tío se alejaba y se perdía entre la poca neblina que había.

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¡Otro capitulo terminado! Espero les este gustando, no olviden comentar que les parece, marcarlo con la estrella y ponerlo en su biblioteca, tratare de subir uno o dos por semana, gracias por leerlo

¡No puedo!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora