capítulo 14

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pov eren

Mi sueño y mi cansancio se habían ido, a causa de las revoluciones de mi mente. Me levanté de aquella cama que ahora se sentía fría. ¿Fría? Tal vez solo para mí... sí, si no estoy con ese maldito.

Di un golpe en la pared, derramando una lágrima tras otra, arropándome con las sábanas. Como era de esperarse, mi corazón no dejaba de sentirse afligido. Me limpié las lágrimas repentinamente y me puse de pie, pensando que sería mejor un baño para relajarme y así poder quitarme mis pesares.

Las gotas de agua corrían por lo largo de mi cuerpo, limpiándome de sus toques, sanándome de sus golpes, llenándome con una sensación de liberación. Me sentía aliviado, aunque cargado con la inconsciencia de haber querido a un ser tan odioso.

¿Me gusta? ¿Lo amo? ¿Qué demonios es lo que siento por ese tipo tan repugnante? ¿Cómo es posible que me haya enamorado de aquel idiota? ¿Soy un masoquista? ¿Debería siquiera estar vivo? ¿Por qué siempre me pasan este tipo de cosas a mí?

La respuesta era más que clara: me había enamorado del hombre más siniestro que pude haber encontrado en mi vida. En ese instante no sabía qué debía hacer, no sabía si lo que pensaba era bueno o malo. Sin embargo, en mi corazón surgía un cálido sonido... el sonido del amor.

Cuando Hanji se entere se decepcionará de mí. Entonces... imposible contarle esto. No quiero que se meta en más líos por mi culpa —pensé, considerando la opción de pedirle un consejo.

Suspiré, salí del baño y me cambié. Después fui a la oficina de mi capitana; seguramente debía estar buscándome, ya que mis entrenamientos habían acabado hacía una hora. Entré en su oficina, la cual estaba en unos pasadizos más alejados de mi habitación.

Apenas me vio, Hanji me abrazó. Sentí cómo su cuerpo se relajaba al tenerme entre sus brazos. Como suponía, había estado preocupada por mí.

—¡Eren! Pequeño, te estuve buscando. Dime, ¿te fue bien? ¿Te hizo algo el enano de Levi? ¡Dímelo y te juro que le daré unos golpes! —dijo separándose de mí y golpeando la mesa.

Ahora era el momento en que me fundí en mis pensamientos: ¿debía decirle a Hanji lo que sentía por el capitán? Si se lo decía... ella podría salir lastimada, ya que haría todo por alejarme de Levi. Pero si no lo hacía, tal vez yo... tal vez...

—¿Eh? No, no se preocupe, Hanji-san, no me hizo nada... solo fue muy riguroso en el entrenamiento —mentí, porque tenía dos contraposiciones en mi corazón. Si la capitana Hanji acusaba al capitán Rivaille, posiblemente ambos terminarían con su amistad. Además, él tendría problemas a causa mía, y yo... yo no quiero ser una molestia.

—¿Seguro? Tu semblante se ve pálido. Aunque bueno, era de esperarse. Levi siempre ha sido así, exigente. Pero no te preocupes; si te fue mal, aprenderás, y la próxima vez te irá mejor —dijo acariciándome el cabello. Reí levemente; Hanji era como una madre en aquel lugar donde tan solo me sentía perdido.

—Gracias, Hanji-san, eso espero —suspiré y la abracé, sorprendiéndola. Ella solo correspondió a mi tierno abrazo. Al separarnos, se sentó en su escritorio.

—Bueno, Eren, te mereces un descanso por el arduo trabajo que siempre desempeñas en mi laboratorio. Como lo único que falta es firmar algunos archivos, te daré la tarde libre, ¿vale? Recuerda venir antes de las once de la noche.

—Está bien, Hanji-san, y muchas gracias —dije saliendo de su oficina. Al cerrar la puerta detrás de mí, me recosté un momento contra ella.

Qué difícil es esto... —pensé, caminando por los desolados pasillos de aquel cuartel. Muchos habían aprovechado la tarde para descansar o salir. Hacía tiempo que no veía a Mikasa ni a Armin; ni siquiera me había dado la oportunidad de conversar con ellos por el trabajo con Hanji. Creo que ya es hora de ir a darles una visita.

Mi reclutaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora