Capítulo 61

33 2 0
                                        


POV LEVI

El olor metálico a sangre me golpeó apenas crucé la puerta del cuartel. Era el mismo hedor de mi infancia, de las paredes que guardaban los gritos de mi madre. Pero ahora, mezclado con ese recuerdo, estaba el jadeo entrecortado de Eren.

Lo vi.

Atado, la piel marcada por cortes frescos, los ojos aún brillando de rabia a pesar del cansancio. Mi garganta se cerró. Una presión oscura me subió desde el estómago hasta los pulmones, hasta los dedos que apretaban el gatillo de mi arma.

Kenny estaba frente a él, cuchillo en mano, como si no hubiera pasado el tiempo. La misma sonrisa podrida, la misma sombra que había arruinado todo lo que alguna vez quise proteger.

—Así que viniste —rió, levantando los brazos como si fuera un espectáculo—. Sabía que tu obsesión te traería hasta aquí.

—Suéltalo —mi voz salió baja, cargada de veneno.

Kenny ladeó la cabeza, estudiándome.—Mírate, Levi... igual que cuando eras niño, temblando cada vez que levantaba la voz. Solo que ahora crees que eres fuerte porque tienes un arma.

El recuerdo se clavó como un cuchillo en mi cráneo: yo, pequeño, sujetando a mi madre ensangrentada, él riendose por lo que había hecho y diciendome que debía volverme mas fuerte si queria vengarme de él. El dolor de aquellos recuerdos se impregnaron en mi, empece a sudar , mi mente poco a poco se nublaba con ansias de asesinarlo .

No pensé más, Disparé.

La bala rozó la mejilla de Kenny, apenas un aviso. Él se echó a reír, lanzándose hacia un costado mientras sacaba su propia pistola. El eco de los disparos llenó aquel lugar, reventando las paredes como si fueran tambores.

Me cubrí detrás de una columna, disparando sin descanso, con los ojos puestos en Eren. Su mirada me atravesaba, suplicante y desafiante al mismo tiempo.

—Todo por tu culpa, maldito homosexual —rugió Kenny, y lo golpeó brutalmente en la cara.

ChatGPT dijo:

Algo en mí estalló. La visión se nubló de rojo; el mundo se redujo a un único latido: el de Eren. Ya no veía a Kenny, ni las paredes desvencijadas del cuartel, ni las columnas por las que me cubría; solo percibía la silueta malherida de Eren y su respiración, desigual, clavada en mi pecho como una aguja que tira de cada fibra de mi ser.

Salí de la cobertura como una bestia sin cadenas. Cada bala, cada paso, era el peso de todos mis traumas ardiendo en los dedos que apretaban el gatillo. Avancé sin pensar, como si el impulso me empujara con la fuerza de todo lo que me habían hecho, todo lo que había perdido. No había estrategia. No había lógica. Solo furia.

Kenny, sin embargo, se movía con la misma destreza de siempre: esquivó dos disparos, rió con esa mueca que me heló la sangre y en un segundo se abalanzó sobre Eren. Lo derribó de un empujón, la silla volcó y las cuerdas crujieron. Eren, con la cara hinchada, logró incorporarse lo suficiente para escupirle entre los dientes:

—Eres un maldito... estoy seguro de que Levi te matará.

Kenny se inclinó sobre él, como un depredador olfateando la certeza del miedo. —¿Eso crees? —replicó con sorna—. Vamos a comprobarlo.

Antes de que pudiera reaccionar, clavó el cuchillo en la pierna de Eren con un movimiento seco. El grito que salió de Eren era más que dolor; era el sonido de algo que se partía por dentro. Lo vi doblarse, las manos aferrándose a la herida, la cara desencajada por el espasmo.

Y entonces, algo... se frenó en mí. No fue una decisión; fue un choque: el sonido de ese gemido me cortó la rabia en seco. Mis disparos se cortaron de golpe; el eco dejó de parecerme música y se volvió estúpido, destructivo. Vi la sangre en la pierna de Eren, la expresión rota, y por primera vez desde que había entrado, la confusión me abrió una puerta en el pecho.

Kenny me miró con esa sonrisa retorcida y, como si lo disfrutara, pronunció despacio: —Eso, eso... más te vale no atacar si no quieres que lo mate.

Eren, con la voz que le quedaba, vomitó un insulto tembloroso: —Eres un cobarde.

Mi instinto —el de protegerlo a cualquier precio— me empujó hacia adelante. La ira volvió en oleadas, pero ahora mezclada con un pánico agudo. Apunté, sin pensar, y solté una orden con toda la autoridad que me quedaba:

—¡Suéltalo!


Kenny se incorporó con lentitud teatral, sacó un arma y, en un gesto que fue una sentencia, colocó la fría boca del cañón contra la frente de Eren

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Kenny se incorporó con lentitud teatral, sacó un arma y, en un gesto que fue una sentencia, colocó la fría boca del cañón contra la frente de Eren. Lo sostuvo así, con el pulso firme, mirándome a mí y a la rendija de humanidad que aún quedaba en él como quien decide el momento en que caerá la guillotina.

El silencio se hizo denso, salvo por la respiración jadeante de Eren y el lejano crujido de la pólvora apagándose en las esquinas del cuartel. Yo, temblando, con el arma en mano y la rabia contenida como un animal herido, supe que todo se iba a decidir en el pulso de un segundo.

Kenny se incorporó con lentitud teatral, sacó un arma y, en un gesto que fue una sentencia, colocó la fría boca del cañón contra la frente de Eren. Lo sostuvo así, con el pulso firme, mirándome a mí y a la rendija de humanidad que aún quedaba en él como quien decide el momento en que caerá la guillotina.

El silencio se hizo denso, salvo por la respiración jadeante de Eren y el lejano crujido de la pólvora apagándose en las esquinas del cuartel. Yo, temblando, con el arma en mano y la rabia contenida como un animal herido, supe que todo se iba a decidir en el pulso de un segundo.

¿Ese bastardo planea acabar con la unica razón de mi existencia? ¿realmente permitiré que algo asi ocurra?


...

espero les haya gustado

bye

Mi reclutaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora