Capitulo XXIX: los amantes desafortunados, sentimientos contra beneficios.

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Isla del norte, trono de la harpía, capital del Imperio Templario...



Los gritos de ira y los ataques aleatorios que lanzaba la enfadada harpía se escuchaban en toda la capital templaria. Los pobres soldados de guardia como los esclavos y sirvientas que estaban a los costados del trono, cerraban sus ojos esperando a que ningún ataque o poder los dañase. Cualquier humano que ha servido en tal palacio sabe, que cuando ella se enfurecía, una pila de cadáveres salían del castillo. Pero las personas que realmente estaban aterradas al punto de morir por infarto eran los viejos eruditos, que estaban de cabeza al suelo intentando calmar a la deidad por su acto que no fue ordenado.

-¡Aaaahh! ¡Me dejaron como una débil ante todos mis rivales! -Grito eufórica mientras aplastaba la cabeza de uno de los ancianos con sus garras-. ¡¿Por que me regresaron en plena batalla!?

Del grupo de ancianos presente, uno levanto su vista hacia ella y respondió.

-mi se-señora, solo lo hicimos p-para su bien. Ese chico parecía muy peligro...

Pero antes de que siguiera hablando, Irselen lo decapito con una fuerte ráfaga de viento. Los demás al sentir la sangre de su compañero encima de sus caras, comenzaron a rogar por sus vidas como condenados ante la horca.

-¡Perdonen nuestro error! Solo nos asustamos al ver que ese muchacho tenia mucha semejanza con el dios Lang -exclamo uno casi llorando como un niño ante su madre.

-¡¿ustedes creen que una copia barata de Lang puede contra mi?! -Agarro a dos ancianos de sus túnicas-. Yo me deje golpear en último momento para sentir su fuerza, pero gracias a que me hicieron desaparecer cuando iba a demostrar un poco de mi verdadero poder, han hecho que todas las ratas que estaban en esa cueva tengan más valor de revelarse ante nosotros, el imperio templario, ¡mi imperio! ¡Guardias!

Un grupo conformado de nueve caballeros vestidos con armaduras de color bronce se acercaron a los ancianos restantes y se lo llevaron a arrastras. Luego de cerrar las gigantes puertas de madera del salón, se escucharon unos gritos de agonía que hicieron temblar a los demás sirvientes.

-¡mensajero! -Grito al aire.

En un instante alguien entró al salón dejando atrás suyo unas pisadas cubierta de sangre y se arrodillo ante ella.

-¿Me ha llamado majestad?

-Haz una carta para cada sirviente, general y monarca que se presentó en la reunión. En la cual se les ordena de que todos, sin excepción alguna, deberá viajar a la isla del oriente para invadir y destruir la ciudad llamada Mao Lang. Tienen un plazo de un mes para que cubran todos sus deberes y reúnan todo sus fuerzas para la masiva invasión y dominación relámpago que se hará dentro de dos meses aproximados.

El mensajero trago saliva ante lo último.

-nuestro próximo objetivo será el imperio Akuma... -Susurro asustado-. Si ni siquiera hemos derrotado el resto del imperio Gitan aún, ¿Por que...

Un pequeña ráfaga cortante paso cerca del cuello del joven templario. Dejando a este paralizado.

-¿imperios? ¡Ja! -Rio ante tal comentario-. Hace un gran tiempo mis espías me han informado que los reinos que conformaban el imperio Gitán han decaído tanto que ya nadie respeta a sus lideres, ni mucho menos sus jerarquías vecinas -se sentó en su trono y ordeno que le sirvieran vino en una copa de oro-. El imperio Akuma va por el mismo camino, solo son reinos que se cuidan por si mismo. Incluso, el emperador de la isla del oriente es solo un idiota que lo tienen pintado en un trono de oro solo para representar una supuesta fuerza unificada en la isla... Ahora que te aclare la actualidad del mundo, ¡cumple lo que te encomendé!

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