Capítulo 29.-El gran devorador.

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—Por aquí —dice Elías corriendo.

Gilbert no duda ni un segundo y corre siguiendo a la ahora chica, que se detiene detrás de un muro mientras con la mano le ordena que se detenga. Moisés también hace lo propio.

—Tsk. Esto será más complicado de lo que esperaba —declara la pelinegra.

Gilbert se asoma y lo primero que le llama la atención son las dos figuras en el suelo.

—Gilbert, Moisés. Yo me encargo del demonio grande, ustedes rescaten a Adren y Karkemish, —dice Elías—. De cualquier forma huiremos en cuánto podamos.

—¡Sí!

Con eso dicho los tres salieron de su escondite mientras la mirada de Luxeuil se posa sobre la ahora chica.

—Veamos, ¿No eres tú el homunculo que busca Kéter? —cuestiona el demonio.

—¿Qué dices? —Le cuestiono.

—....supongo que no lo sabes —Suspira Luxeuil.

En un instante, el demonio de la gula aparece frente a Elías y con una patada que no logra bloquear es enviada a volar contra la muralla, agrietandola.

Gilbert trata de correr hacia los otros dos humanos pero de repente el aire se solidifica, provocando que el canoso se golpee. Moisés también trata de correr pero su paso es bloqueado por Eurinome.

—Realmente tienes prisa ¿Cierto? —Pregunta aquella demonio con voz apagada y robótica.

Asmodeus observa fijamente al humano y como éste le mira impotente.

—Un momento —dice Eurinome—. ¿A dónde crees que vas?

Con un chasquido de dedos, varias personas atraparon a Moisés siendo civiles inocentes además de Jesús quién le agarra su brazo derecho.

—¿Hm? ¿Qué ocurre? —cuestiona Eurinome.

Moisés sólo baja la cabeza, sin poder hacer nada.

Luxeuil corre contra la pared y con su puño golpea el vientre de la ahora chica para luego tomarla de la cabeza mientras la sostiene en el aire.

—No logro comprenderlo. ¿Vinieron aquí a sabiendas de su inferioridad? O ¿Acaso realmente pensaron tener una oportunidad? —cuestiona el demonio.

Elías tan sólo se sacude mientras trata de librarse del agarre de su enemigo.

—No, no. Tan sólo permanece observando —dice el demonio de la gula mientras forza a la pelinegra a mirar a su compañero—. Ahora, ¿Qué crees que sucederá?

Elías abrió los ojos pensando lo peor y trató de zafarse desesperadamente al tiempo que Luxeuil se rasca la cabeza.

—Ah, esto no es divertido si te desesperas tan rápido ¿Entiendes? —explica Luxeuil.

—¡Sí te atreves a po-

—¿Qué? —cuestiona Luxeuil acercando su rostro al de la pelinegra—. ¿Qué harás? Tus palabras no tienen poder, no tienes la fuerza suficiente para oponerte a mí, así que ¿Qué harás?

—¡Cómo si me fuera a- ¿Hm?

En un instante, una extraña estaca atraviesa el brazo de Gilbert y lo corta por la mitad.

—¡Gahhhh! —exclama el canoso mientras se retuerce de dolor.

Asmodeus se acerca al humano,  con un rostro tan tranquilo como sólo ella podría hacer en tal situación.

El encapuchado se aproxima y camina hasta llegar frente a Gilbert, quién se pone de pie mientras observa a los dos

El demonio encapuchado es calvo, mitad de su cuerpo cuenta con graves quemadura y una cicatriz recorre su ojo izquierdo que permanece cerrado. Debajo de su capa sólo viste un par de pantaloncillos de color gris.

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