Capítulo 7.- "¿Dónde estamos?"

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Elías despierta parpadeando varias veces y acostumbrándose a la luz del lugar. Lo primero que llega a ver son las copas de unos altos (muy ALTOS) árboles.

Al poco tiempo comenzó a sentir frío por lo que empezó a temblar, la ahora chica busca con la mirada a sus amigos. Gilbert cayó de cara contra el concreto mostrando una clara cara de dolor, Rin está boca abajo sin aparente daño mientras que Anastasia no está por ningún lado.

La pequeña bruja cae en los brazos de la Asmoth, quién mira hacia arriba y observa un agujero negro encogiéndose al punto de desaparecer.

—¿Dónde estamos? —pregunta Elías.

La pelinegra baja a la niña con cuidado. Analizando el lugar se percata de una cosa de vital importancia: el lugar dónde están no parece seguir las reglas de la naturaleza, pues aún estando cerca del mediodía y en el ecuador la atmósfera es fría.

—Por lo visto aún estamos cerca del reino —asegura Gilbert levantándose.

—¿En qué te basas? —cuestiona Elías.

—Lo escuché del rey: "Más allá de las montañas del sur, hay un bosque con árboles tan grandes y un clima frío incluso para invierno" —cuenta el canoso.

Elías suspira y trata de encontrar el norte con una brújula que trae guardada en un bolso secreto de su vestimenta.

—Parece que no será fácil salir de aquí —dice la ahora chica.

La brújula se muestra inutilizable ya que su aguja da vueltas como loca. La pelinegra guarda la brújula y comienza a caminar sin aparente rumbo.

—¿A dónde vas? —pregunta Gilbert con Rin entre brazos.

—Trataré de encontrar un campo despejado para determinar la dirección en base al sol —argumenta la Asmoth.

—Ya veo —agrega Gilbert siguiendo a la anteriormente nombrada.

—¡Esperenme! —exclama la bruja corriendo detrás de sus ahora compañeros.

Los cuatro caminan por el bosque tratando de llegar a campo abierto. Debido al aburrimiento del camino mantienen su vista en los árboles, dándose cuenta de la ausencia de vida en el lugar.

Todos se detienen al escuchar un rugido estruendoso que les pone los pelos de punta, por lo que se preguntan si realmente están solos.

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Lo que alguna vez fue el más grande y esplendoroso reino de la tierra ahora no es más que el mismo infierno, las hordas de zombis avanzan masacrando a todo aquél que se les ponga en su camino.

—¿Dónde estará? —pregunta Baltasar.

El objeto que Gerard se encuentra buscando es nada más y menos que la lágrima de dios, gema con la cual podrá cumplir sus anheladas ambiciones.

—Lord Gerard cof cof cof vengo a traer mi reporte —dice Khloros.

—Ya lo sé, Sabrina evitó sus muertes ¿Verdad? —cuestiona el rey demonio.

Baltasar está sentado en el trono de Evan mientras balancea un cráneo con sus manos. El demonio tiene una gran sonrisa al mismo tiempo que oye gritos y explosiones a la distancia.

—Sólo es cuestión de tiempo. Ese maldito de Evan creyó poder engañarme por siempre, la gema nunca estuvo en ninguna biblioteca, sino que la escondió en algún lugar del reino —declara Gerard.

Khloros sigue sobre su caballo con su aspecto demacrado de siempre.

—¿Por qué no sales a alimentarte? Así volverás a tu forma original —opina el rey con notable alegría.

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