La noche llegó sin prisa a la ciudad, y los tres investigadores aguardaban con paciencia en el lugar indicado por Santino.
Los tres tomaban un café dentro del auto, y observaban a los transeúntes que pasaban por ahí. Meg había estado en silencio desde que salieran de la calle Almeida; Bert estaba ceñudo, y Minch observaba a cada uno que pasaba.
Cuando ya estaba oscuro, y no pasaban muchas personas. Aparcó una furgoneta, primero se bajó un hombre robusto con el cabello hasta los hombros, y luego otro, macizo y de cabello corto. No había mucho en ellos que llamara la atención, salvo la furgoneta en la que había llegado, la cual estaba vieja y destartalada. Los hombres volvieron minutos después y echaron andar el furgón. Minch olió problemas.
Los siguieron y notaron que estacionaron la furgoneta en un pasaje sin salida, que daba a la salida de un pub, llamado EKoS. Horas más tarde, la furgoneta salía con normalidad del lugar, demasiado normal, notó Minch. Por intuición, decidió conducir lento tras ellos.
–¿Crees qué ellos son de lo que hablaba Santino? –preguntó Linker, analizando la situación.
–Algo me dice que sí.
–Estoy rastreando la matrícula –comentó Hedo, desde el asiento trasero –no hay nada, de hecho tiene sus papeles al día, tampoco hay infracciones o algo.
Le siguieron 6 cuadras, y notaron que estaban recorriendo manzanas completas. Minch decidió adelantarlos y con un muy osado movimiento del auto, lo dejó de tal modo que les cortó el paso. Minch salió del auto, y les pidió a los demás que estuvieran atentos.
Caminó en dirección a la furgoneta, y con un linterna alumbró la ventana del conductor, el hombre de cabello largo lo miró asustado mientras bajaba el vidrio, el acompañante parecía sereno.
–¿Puede mostrarme sus papeles, porfavor? –pidió de forma amable, como si no hubiera puesto el auto para detenerlos.
–¿Es usted policía? –preguntó el de cabellos largo.
–Así es, ahora déjeme ver los papeles.
El hombre que estaba de copiloto, abrió la guantera y comenzó a buscar los papeles, y cuando parecía que los había encontrado, sacó un arma y disparó dos veces hacia la cabeza de Minch.
Bert y Meg que estaban en el auto, se pusieron en alerta, pero no pudieron salir del auto, ya que la furgoneta aceleró y comenzó a embestirlos. En el interior, Ver había quedado atrapado con el cinturón de seguridad, mientras Meg había intentado abrir la puerta, pero estas se habían trabado con tantas embestidas. En un rápido movimiento por sobrevivir, rompió el vidrio trasero, sacó un arma de entre sus piernas y disparó donde se había trabado el cinturón de Linker.
Lograron salir segundos antes de que el auto terminara hecho pedazos. La furgoneta al final terminó huyendo del lugar, en medio del espanto de los pocos transeúntes que quedaban en la calle.
Hedo corrió a ver a Fedora, que por suerte no había sido herido de bala, pero el golpe contra el cemento, lo había aturdido, dejándolo desorientado.
–¿Están bien? –preguntó Minch a los jóvenes, una vez se repuso.
–Sí, por suerte no pasó nada.
–Bert, llama al cuartel -se sentía un poco ahogado -diles que vengan por nosotros.
♢♢♢
Eran alrededor de las 4 de la mañana, y Minch estaba notoriamente más repuesto del golpe, pero eso no quería decir que no estuviera molesto. Debió preveer que podía pasar algo así, había sido muy descuidado de su parte, poniendo en peligro a sus compañeros y a él mismo.
Por suerte habían logrado anotar la patente del auto. JK RM 5. Pero cuando buscaron en los archivos de la estación, no hallaron nada. Era una patente falsa.
En cuanto habían llegado a la estación, Bert se había puesto a buscar por medio de las cámaras de seguridad de la ciudad, el trayecto que había hecho la furgoneta. Fue así como notó hasta donde llegaban para esconderse y luego cambiar a otra furgoneta, pero de colores más llamativos. La patente esta vez no podía verse con claridad.
Era hora de hacer una redada.
Minch llamó a reunión extraordinaria, para hablar el tema de la emboscada que le harían al par de hombres. Cuando llegaron todos, Fedora notó que faltaba uno, Benito Longhborn. Trataron de localizarlo, pero su celular no funcionaba, ni el número de su casa. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Minch, algo muy malo estaba pasando.
–¿Por qué la redada? –preguntó Fermín, con su típico aire déspota –¿Porqué, se te escaparon?¿Llevaban droga algo?
–Si alguien es capaz de disparar a un policía, y además intenta matar a dos más, definitivamente no es algo bueno –a Minch le estaba cabreando su compañero –ellos llevaban algo ilegal, estoy seguro.
–Yo los e estado siguiendo por las cámaras, de ese modo, se donde ubicarlos –acotó Bert –cambiaron de vehículo, pero se escondieron en un edificio, y de ahí no han salido.
–Muy bien, Estévez, Maciel, Hedo, Linker y yo, iremos por ellos –se notaba agotado –Felicia, necesito que traigas a Longhborn aquí, necesito su ayuda.
–Iré a buscarlo a su casa –trataba de llamarlo por su celular –no contesta ningún teléfono, les avisaré cuando estemos aquí.
♢♢♢
El edificio de 5 pisos, era de material sólido, pero tenía un aspecto lúgubre debido a que la pintura se había descolorido. El ataque fue a primera hora de la mañana, la hora ideal cuando todos duermen. Hedo y Linker entraban por una entrada trasera, mientras que Minch, Maciel y Estévez, por la parte de entrada. Se habían a parapetado en el último piso, pero no lograron percatarse que ya estaban atrapados, y no podían escapar. Cuando irrumpieron en el departamento, ellos dormían a pierna suelta, y solo atinaron a saltar del susto que les habían dado.
Los sacaron a rastras y se los llevaron lo más rápido posible, no querían alertar a nadie. Pero eso era algo inevitable.
Una vez que llegaron a la comisaría, los pusieron en celdas diferentes, y que no pudieran comunicarse entre sí. Habían buscado en el edificio evidencia, pero fuera de la cajita minúscula con marihuana, no había mucho de que culparlos.
Cuando ya estaban encerrados, Minch recibió una llamada.
–Jefe, le llama Felicia, dice que es urgente –le dijo Bert.
–¿Felicia...–contestó al teléfono.
–Minch, trae al laboratorio de criminología y a la brigada de homicidios –se escuchaba acongojada –Benito está muerto.
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La Bestia de la Calle
Misteri / ThrillerLa ciudad de Escaris, es una ciudad cosmopolita que nunca duerme, con una población que va en aumento. Pero las noches no son seguras, al menos no para los violadores y asesinos. El investigador Fedora Minch y su inexperto compañero, Bert Linker, bu...