10. La advertencia

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Fedora Minch estaba sentado a su sillón, viendo una película en blanco negro, que por alguna razón, había aprendido amar gracias a su difunta esposa Tasha.

Grace llegaría dentro de poco, y quizás se quedaría a almorzar.

Era el día libre de Minch, uno de los pocos que solía tomarse, pero había sido su jefe, Óscar Poly, quien le había pedido que descansara. E.T. había dejado de atacar, desde hace semanas y era precisamente eso, lo que lo tenía nervioso. Su instinto, por así decirlo, le decía que había que estar alerta, que la asesina no iba a dejar de matar así por así, era lo que él llamaba hibernación.

Una llamada a la casa, lo sacó de la película, y una vez que contestó, notó enseguida el tono de voz preocupante de Grace, y entró en pánico.

♢♢♢

La rubia de cabellos corto, estaba sentada a la mesa de la cocina, frente a Fedora, parecía triste mientras tomaba un sorbo a su café de avellanas. Había llegado hace 15 minutos, y aún estaba en shock.

Aquella tarde, Grace había ido al centro, específicamente a la peluquería, todo había ido muy bien, hasta que salió del local. Cuando llevaba varias cuadras caminando, notó que había una gran cantidad de personas en torno a la estación de policía, fue entonces que lo vio con claridad y comprendió porque todos sacaban fotos desesperadamente.

El edificio estaba en una esquina pronunciada, y tenía 6 pisos de largo, y desde la parte alta, habían 6 hombres colgados, con los rostros negros y congestionados. A un costado del edificio había mensaje escrito en la pared, donde se leía con claridad:

Aquellos que crean que están solos, recuerden que no lo están, la justicia estará de su lado, y va por las bestias que habitan en estas calles.

Este es solo un recordatorio, para aquellos que crean que pueden escapar de mi, están equivocados, yo soy quien limpia estas calles, soy la justicia y quien decide si eres realmente inocente o no.

E.T.

La rubia sintió que su cuerpo se enfriaba, jamás había visto a una persona muerta, al menos no en ese estado. Quiso vomitar, pero su cuerpo no respondía. La gente empezó a ser cada vez más, pero ella aún estaba en ese estado, y no supo que momento se puso en marcha y llegó a un teléfono público, y llamó a Fedora.

– Grace –dijo Minch, sacándola de su mutismo.

– ¡Oh, Minchi! –suspiró –te juro que fue algo horrible, su rostro estaba morado, casi negro. Y .... Y....

Grace no sabía que decir, se sintió aterrada y perdida. Y Fedora estaba decidido a ir por E.T., pero no quería dejar a la rubia ahí, sola y con miedo. El café de avellanas, había dejado un aroma dulce y cálido en la cocina, pero Grace seguía igual.

– ¿No deberías ir por ella? –preguntó con dulzura.

– No voy a dejarte sola, no ahora –su mirada estaba fija en ella.

Se quedaron en silencio por largo rato, Minch quería darle tranquilidad, pero no sabía cómo, para él, ver sangre, cadáveres y muchas otras cosas grotescas, no significaban nada.

– Se que quien hace esto, no lo hace por maldad, pero fue...demasiado grotesco.

–¿Qué quieres decir?

– El asesino, está haciendo esto porque nadie lo hace, nadie quiere ensuciarse las manos.

– Muchos reclaman, pero no hacen nada en contra de la justicia o las leyes.

– La ley ampara a las víctimas, pero al final, son los jueces quienes dan el veredicto, y deciden quien es víctima y quien victimario.

– El asesino es mucho más astuto, no deja huella, y lo poco que sabemos es por una grabación donde se descuidó, y Poly nos a pedido que lo atrapemos lo antes posible, antes de que todo empeore.

– Puede que sea un asesino, pero no es malo.

– Grace....

– ¡Ay, Minchi! Tú harías lo mismo, por mí, por Mindy o Larita.

Ella tenía razón, el también habría hecho lo mismo, pero habría tratado de no llamar tanto la atención.... momento, pensó. ¿Llamar la atención? E.T. había estado llamando la atención de los medios, de la policía, las investigaciones, todo. Pero ¿Porqué? ¿Para demostrar que era una ciudad plagada de depravados sexuales con sed de torturar? No, había algo más, algo oculto, los asesinos comunes, trataban que no se notaran sus fechorías, en cambio, E.T. siempre trataba de llamar la atención.

Volvió a mirar a Grace, que aunque aún seguía pálida como la taza que tenía entre sus manos, defendía al asesino. Y entonces, fue tan claro como el agua. E.T. estaba creando conciencia, estaba haciendo justicia, pero sobre todo, estaba haciendo que todas aquellas personas que habían sido amedrentadas, despertaran de su estado sumiso. Grace jamás había defendido a un asesino, a un psicópata, pero E.T. era la excepción, porque estaba haciendo lo que los juzgados no se atrevían.

Al día siguiente, estaría a primera hora en la estación, necesitaba hablar con Óscar Poly acerca del descubrimiento. El asesino estaba a punto de crear un movimiento social, que pondría a la ciudad de cabeza.

La Bestia de la CalleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora