Los días habían transcurrido con normalidad, Emily Tate se había mantenido al margen, y Fedora estaba seguro de que se debía a la muerte de Benito Longhborn. Aún no se decidía a contarle a los demás de la información y mucho menos de la relación que ellos tenían. Por otra parte, Meg había pedido que se revisaran las páginas de internet, y que alguien revisara si el sistema había sido violado. Luego de días de tramitar la petición, al fin lo habían aceptado, pero el informático que había ido, no había encontrado nada, y Hedo estaba segura que era un incompetente.
Meg había pedido que la acompañasen, pero se había reservado la ubicación y el motivo. En su compañía fueron Fedora, Bert y Bürry, y por supuesto, habían omitido a sus otros dos compañeros, pues ella no los hallaba aptos para aquella salida.
-¿A dónde vamos Hedo? -le preguntó finalmente Minch, ya en el auto -estamos nosotros solamente.
-Nuestro protocolo, exige que debemos mantener al margen a los civiles, y confiar en nuestros compañeros -recitó con su melodiosa voz -pues el informático que revisó la página, era un verdadero inútil, vamos a ir a ver a un especialista, alguien que conoce muy bien el tema de la informática.
-¿De quién hablas? -Bürry no le entendía.
-De un Hacker.
Media hora después, llegaron a un barrio tranquilo, una zona residencial, conocida por la gran población asiática que había llegado.
-Los chinos son unos genios, no se me ocurrió que el hacker fuera asiático -Dijo Bürry.
-Nunca dije que lo fuera -Meg estaba seria y algo intranquila.
Estacionaron el auto frente a una casa roja, muy pequeña, con un bonito jardín con peonias blancas, que hacían resaltar la belleza de la casa. Meg tocó el timbre, y sus tres compañeros, esperaban que saliera abrirles, un chico asiático, gordo, con espinillas, lentes y frenillos. Pero para su sorpresa, salió una anciana china, que saludó enérgicamente a su modo a Hedo. Ella correspondió el saludo, y para sorpresa de los demás, otra vez, Meg habló en un perfecto y fluido idioma chino. La anciana le dedicó una sonrisa y los invitó a pasar.
La casa estaba finamente decorada con colores azules y blancos, con muebles chinos antiquísimos, que no eran para nada fácil encontrar en el mercado, y mucho menos a un precio razonable. Meg caminaba detrás de la anciana, mientras tenían una conversación en chino. Los demás solo se miraban entre sí, sin comprender nada. Finalmente la anciana hizo un ademán de despedida y se retiró a una habitación. El pequeño grupo quedó en una sala de estar, con unos hermosos sillones y sofás, que Bürry sintió que los dañaría si se sentaba en ellos.
–Bueno, déjenme explicarles porque los traje aquí –dijo Hedo mientras se sentaba cómodamente en un almidonado sofá –el informático que revisó el sistema dijo que no había problema con el, sin embargo no me dio confianza su informe, es por eso que decidí tener una opinión externa, se que no debí hacerlo, pero prefiero arriesgarme.
–¿Acaso la anciana es la hacker? –preguntó Minch un tanto escéptico.
–No, soy yo –dijo una voz jovial pero autoritaria, que sorprendió a todos –es un gusto conocerlos.
Al cuerpo de investigación no les sorprendió que fuera una mujer, si no que fuera joven, no era mas que una chiquilla, que no debía tener más 15 años. Menuda, de rasgos finos y redondos, Minch solo se preguntaba, como es que se conocían esas dos.
–Les presento a Gina Spencer, ella es la hacker a quien quise consultar –la presentó Meg, como si fuera de lo más normal, que una adolescente fuera una hacker.
–¿No eres un poco joven para ser una hacker? –preguntó Minch con su típico tono sereno y pesado.
–Y ¿usted no es poco mayor para ser investigador? –le devolvió Gina en un impetuoso tono de voz.
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La Bestia de la Calle
Mystery / ThrillerLa ciudad de Escaris, es una ciudad cosmopolita que nunca duerme, con una población que va en aumento. Pero las noches no son seguras, al menos no para los violadores y asesinos. El investigador Fedora Minch y su inexperto compañero, Bert Linker, bu...