-¿Por qué no? Roi me ha invitado y a mí me apetece ir. ¿Cuál es el problema?
-Pablo, es mi momento de desconexión de todo, de mí, de esto... No puedes seguirme a todos lados. Ya hemos hablado de esto.
Salgo de la habitación cabreada y a paso ligero. Llego a la cocina y me sirvo un vaso de agua. Sé perfectamente por qué quiere venir, no tiene mucha ciencia. Estoy harta de sus celos. Quiero que me deje ser libre por una vez, es mi vida, no la suya. Necesito pensarme muy bien todo esto, si darle el permiso de arriesgarme y cambiar mi vida por completo a todo lo que llevo dentro de mí...
Un sonido muy familiar me saca de mis pensamientos. En mi móvil suena "camina", lo que me indica que me están llamando. Lo cojo con una sonrisa de oreja a oreja y contesto al segundo.
-Eeeeeeelllaaaaaa!!!
-¡¡Amiga!!- grita Ana al otro lado de la línea.
-¡Cuánto tiempo sin hablar jo!
-Ya, lo siento... Llevo unos días con el disco que no paro y no he tenido tiempo para nada... ¿Tú cómo estás?
-Bueno, bien. Lo único...
-¿Ha pasado algo?
Él aparece en la puerta de la cocina y me guiña un ojo. Sonrío como una imbécil y me sonrojo. Odio que tenga este efecto tan inmediato en mí, porque me acaban doliendo las mejillas.
-No, nada... Mañana te llamo Ana.
-Estás muy rara, Miriam.
Le cuelgo y voy hacia Pablo. Le rodeo la cintura con los brazos y me besa la frente. Me aprieta contra su pecho y hundo mi cabeza en su cuello.
-Lo siento por lo de antes...
-Tranquila, entiendo que no quieras que te vuelvan a ver conmigo.
-Si se enteran se puede liar una gorda... Después de la pelea con Jadel te ven como un auténtico monstruo...
Sonó el timbre y fue hacia la puerta. Al abrir se lleva una bofetada en la mejilla izquierda.
-¡Eres un cabrón!
