Cuando llegué al coche, le conté todo a Luis. Se sintió fatal por no haber subido conmigo, pero fui yo quien se lo impidió, así que no tenía por qué preocuparse.
Llegamos a su casa y nos empezamos a arreglar para la quedada con los chicos... Estaba un poco nerviosa, no la veía desde que pasó todo, y encima, el sueño que tuve no ayuda mucho. Estaba sentada en la mesa de la cocina con la mirada perdida cuando noté al brazo de Luis rodeándome por el costado. Me dio un beso en la cabeza y me apoyé en su hombro.
—Va a salir todo bien, rubia.- me acarició el pelo y sonreí. Me aparté y le miré con miedo.
—Luis, no me va a querer ni ver... - noté mis ojos y mis mejillas humedecidas. Me bajé de un salto de la mesa y me puse delante de él.- Necesito un whisky.
—¡No! Espera a la fiesta, así te lanzas otra vez.- puse mis manos en la boca para no reírme, pero Cepeda me las intentó apartar.- Ríete, jo.- sonreí y me limpié las lágrimas.
—Bueno, vámonos, que mientras antes nos vayamos, antes acabamos.
El trayecto en el coche estuvo cargado de nervios pero, sobre todo, de miedo. Miedo de ver rechazo en su mirada, o miedo, o, lo que es peor, dolor.
Llegamos y llamamos al timbre. La puerta se abrió y tras ella apareció Ricky. Nos abrazó levantándonos del suelo y cuando nos soltó fuimos hacia dentro. Escuché su voz desde el pasillo y el corazón me empezó a ir a mil. Ricky entró en el salón, y antes de que lo hiciera Cepeda le agarré del brazo para que se girara. Antes de que pudiera abrir la boca me acarició la espalda y me guiñó el ojo. Respiré hondo y entramos con paso firme.
—¡¡¡Gallega!!! - la granadina se lanzó literalmente a mis brazos junto con Roi.
—Te hemos echado de menos.
—Y yo a vosotros, sapoconcho.- le acaricié la cara y me guiñó el ojo como señal de apoyo. Se apartó de mi campo de visión para dejar un claro pasillo entre Ana y yo.
En cuanto nuestras miradas se encontraron, mi corazón pasó a estar a dos mil por hora. No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos, desde aquella maldita vez, pero estaba mil veces más guapa. Ninguna apartaba la mirada, y eso me estaba poniendo de los nervios, más aún. Nos acercamos andando lentamente, recordándonos con la mirada todo lo que habíamos vivido juntas, todo lo que nos habíamos querido, y todo el daño que nos hicimos. Debimos haber pasado así mucho tiempo, porque Mimi tuvo que carraspear para que reaccionásemos. Le miró confundida, y acto seguido volvió a posar su mirada en mí. Quería decir algo, pero no le salían las palabras.
—Hola, Miriam.- su voz estaba rota, y eso me partía el alma.
—Hola...
