Capítulo 18

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Le pedí, en cierto modo, permiso con la mirada. Dio un paso hacia mí y me abrazó tímida pero firmemente. Las dos necesitábamos ese abrazo. Mucho. Le rodeé con mis brazos apenas 5 segundos, por miedo a agobiarle. Nos separamos y me puso una sonrisa de medio lado. Nos sentamos todos en los sofás y, entre copa y copa, fuimos hablando de anécdotas de la academia. Durante todo el tiempo que estuvimos así, Ana y yo habíamos intercambiado alguna que otra mirada, pero nada más allá de complicidad.

Pasaron un par de horas y todos estábamos ya algo perjudicados. Decidimos empezar a ver vídeos de la academia, y hubo uno que me mató. Éramos Ana y yo, cómo no, cenando juntas. Ella me decía que necesitaba salir y aclarar todo lo que sentía. Lo que yo no sabía era que en ese "caos sentimental" era yo la protagonista. En una de las miradas que cruzamos durante el vídeo, pude leer de sus labios "está todo bien, amiga".
Amiga.
Me tranquilizaba saber que al menos le tenía como una amiga, que le tenía en mi vida, pero no de la forma que me hubiera gustado.
Le sonreí y volví a mirar al móvil en el que se estaban poniendo los vídeos, que era el de Roi. Al poco tiempo, Mimi y Ricky pusieron música y empezaron a dar el cante, como siempre. Al final acabamos todos en el centro gritando y saltando como unos adolescentes, sin importarnos ni la hora, ni los vecinos. Me sentía realmente cómoda y feliz, no estaba teniendo mucho contacto con Ana, pero las dos estábamos disfrutando de la compañía de la otra, se notaba a kilómetros. Empezamos a bailar todos juntos, pero al poco tiempo nos dispersamos. La pantalla de mi móvil se iluminó, era un mensaje, y pude leer en ella el nombre de Héctor. Me separé del grupo para poder mirarlo con tranquilidad:

Disfruta de ella, gallega. La felicidad no va a durarte mucho. Cuídale.

Respiré lo más hondo que pude y le respondí:

¿¡Qué coño te ha hecho ella!? Deja de amenazarle, la movida va conmigo, no con ella.

Tardó a penas 10 segundos en responder:

Recuerdos de mi parte, aunque no sé si se acordará bien de mí...

¿Cómo se iba a olvidar...? No me iba a perdonar nunca lo que pasó por mi culpa. Le perdí a ella, y, sobre todo, perdí a mi padre. Una lágrima resbaló por mi mejilla, pero la atrapé a tiempo para que no salieran más.

Escuché unos acordes que me resultaban familiares y sonreí como una imbécil... Era nuestra canción. Esa que tanto habíamos cantado y bailado juntas en la academia.

—¿Bailas?

Me di la vuelta y me encontré con ella y esa sonrisa que tanto me gustaba ver.

Una Eterna Despedida ||•Wariam•Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora