11. Adrenalina.

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Chrystalle.

Despierto en mi cama, un poco mareada. Miro la pantalla de mi celular, es sábado, son las 7:00 pm.
¿Qué pasó ayer? ¿Dónde está Theo?
En ese momento, mi celular empezó a vibrar, lo tomé y respondí la llamada de Theo.

-Hola, Theo. ¿Qué pasa?

-Hola Chrys, no voy a llegar esta noche. Dejé dinero en mi buró, puedes salir a comprar tu cena.

Hubo un breve silencio.

-¿Por qué no vas a llegar?

-Lo siento hermana, ha llegado una chica desangrándose y la estoy atendiendo junto con Benjamín en urgencias.

-Oh... Bueno, no te preocupes. Éxito. Te quiero.

-Yo más, Chrystalle. Adiós -dicho esto, colgó-.

Me dispuse a ir a su habitación por el dinero para ir a comprarme una hamburguesa o algo similar. Salí de la casa y me puse los audífonos para escuchar música.

A veces no me gustaba el trabajo de mi hermano, era demasiado demandante, trabajaba seis días a la semana y casi no pasaba tiempo con él. Pero no podía quejarme, él era el sustento de la casa, mi salario estaba
bien, pero yo sólo soy practicante en paidopsicología, él ya es un médico hecho y derecho.

Salí de mi casa y me encaminé a comprar comida a un restaurante.
Seguía caminando, pero mi celular sonó otra vez.

-Hola -respondí-.

-¿Chrystalle? -habló una voz grave del otro lado de la línea-.

-Sí. ¿Quién habla?

-Soy Benjamín, médico del Hospital Navarro. Hablo para decirte que tu hermano está metido en aprietos y requiere de tu ayuda.

-¿Qué aprietos?

-Será preciso que acudas al hospital para que pueda explicarte los detalles.

-En seguida voy.

-Sólo una cosa, Chrystalle. No te van a dejar pasar al hospital, ya es tarde, a partir de las 10 p.m. no se permiten visitas. Así que nos veremos en el del quirófano.

-Pero -comencé a decir, pero ya había colgado-.

Mmm, qué extraño. Pero tengo que ir, no puedo dejar a Theo solo. Me encaminé al hospital, y en el camino vi a un muchacho con una sudadera blanca que me saludaba con la mano.

Por cortesía, le devolví el saludo. El muchacho salió corriendo hacia la siguiente calle. Bastante extraño, pero le resté importancia.

Ya llegué al hospital. Qué extraño, sólo 2 habitaciones de todo el hospital tienen las luces prendidas.

-Buena noche, señorita. ¿Puedo ayudarla en algo? -preguntó un policía, tocando mi hombro amablemente-.

-Sí. ¿Podría indicarme dónde queda el quirófano, por favor?

-Camine derecho y al fondo doble a la izquierda, ahí lo encontrará.

-Gracias -dije, y fui corriendo hasta el quirófano-.

Abrí las puertas del quirófano y las luces estaban completamente apagadas. Usé la luz de mi celular para ver algo, y no había nadie. Qué extraño.

Sentí cómo una mano tapaba mi boca y oprimía en mi estómago un objeto frío y metálico.

-Cállate, no hagas ruido.

Me jaló hasta una habitación y me lanzó a la cama, cerrando el pestillo de la puerta. Y pude verlo. Era el muchacho de la sudadera blanca. Tenía cabello negro, ojos azules y piel pálida. No lo había visto de cerca, pero era aterrador. Tiene una cortada en la mejilla en forma de sonrisa. Dios mío.

-Chrystalle -dijo el muchacho alargando su sonrisa-. Permíteme presentarme. Soy Jeffrey Woods. Y soy el que acabará con tu pequeña y miserable vida -hizo una pausa y abrí mis ojos como platos-... Si no haces lo que te digo.

-¿Qué quieres que haga? -dije con un hilo de voz-.

-Verás, Chrystalle. Felicidades. Eres la elegida.

-¿Elegida de qué? -pregunté con temor-.

Jeffrey soltó una sonora e histérica carcajada. En ese momento alguien abrió la puerta. Y entró un chico joven. Cabello dorado, piel blanca bronceada, era apuesto.

-Hola, Chrystalle. Me llamo Benjamín. Verás, te he traído aquí, no exactamente por tu hermano.

Abrí los ojos, sorprendida.

-Sí -continuó diciendo Benjamín-. Trataré de ser breve. Te hemos elegido a ti para llevar a cabo un experimento. ¿Qué tanto puede resistir un humano a la tortura?

Se me abrieron los ojos como platos. ¿A la tortura?

Benjamín se rió.

-Obviamente, Chrystalle, que si haces algunas cosas por nosotros, no tendrás una tortura tan dolorosa. Todos los años hacemos esta elección. Elegimos un hombre y una mujer, y los torturamos, hasta el punto en el que ya no puedan más. Y todo por una simple razón.

-¿Cuál? -pregunté muy asustada-.

-Queremos comparar si la recepción de adrenalina en los neurotransmisores es mayor en momentos en los que el dolor físico es mayor al dolor psicológico.

Vaya mierda en la que me metí yo sola.

Activity X |Laughing Jack|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora