24. Princesa legionaria.

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Chrystalle

Observé con atención mis manos cubiertas de sangre, formulando preguntas y maquinando teorías para entender cómo he llegado aquí y porqué estaba cubierta de aquel fétido líquido carmesí.

Estaba dentro de 4 paredes grises, con una inmensa cantidad y variedad de recortes de notas periodísticas o fotografías reveladas.
Me paseé, observando y leyendo las notas. "Masacre en La Odisea, bar cercano al bosque", "Personas afirman ser atacadas por un perro diabólico", "Asesino en serie deja su símbolo en el cuerpo de las personas", "Avistan hombre de 3 metros en el bosque"...
Las fotos eran difusas, en ninguna se apreciaba con certeza el objeto o persona fotografiado. En una se observaba un hombre muy alto, sin rostro. En otra se observaba un joven con cabello dorado y ojos cubiertos por sangre seca. Muy parecido a Ben.
Y divisé más fotografías, hasta que llegué a una que de verdad me interesó e hizo que los latidos de mi corazón cesaran al verla. Era un muchacho con cabello rojo, piel pálida y aterciopelada, mejillas rosadas y un traje colorido. Se parecía a Jack. No, era Jack.

Me quedé paralizada observando la fotografía, pensando cómo dos personas totalmente distintas pueden ser las mismas.
Mi mente comenzó a divagar, ya no tenía certeza del tiempo y lugar en el que estaba. Sentí un dolor punzante en el pecho al recordar a Theo y Ally.
Deseaba verlos y haber acatado su orden de quedarme en el auto, cosa que no pasó y ya no pasará.

Escuché un pequeño crujido al momento en el que se abrió la puerta metálica de la habitación y entró un chico de ojos azules y cabello azabache. Sus felinos ojos me analizaron y me dedicó una sonrisa ladina, la cual acaparó mi atención y a decir verdad, mi mente, al encontrarlo bastante atractivo.

—Mira qué tenemos aquí —dijo, mientras cerraba la puerta y se dirigía hacia mí a paso lento—. Chrystalle, pequeña Chrystalle. ¿Qué hacías jugando en el bosque a las 11:15 de la noche?

Tragué saliva ante su pregunta, y antes de responder, observé sus gestos y su penetrante mirada me hizo sentir nerviosa.

—Yo sólo buscaba a mi hermano y a mi mejor amiga... —susurré, casi inaudible, a lo que él chasqueó la lengua en señal de desaprobación.

—No sé si te gusta ser una princesa encerrada en una torre o una princesa en apuros. Al parecer has conseguido las dos cosas, ¿no te parece? —cuestionó soltando una pequeña risa—. Y ahí entré yo, a salvarte.

—¿Salvarme? —pregunté aturdida y confundida.

—Puedes decirme príncipe si así lo deseas, eso podría hacerlo aún más excitante —ronroneó mientras colocaba su pulgar en mi barbilla y depositaba un frío beso en mi mejilla.

—¿Príncipe? ¿Salvarme? Pero me tienes aquí encerrada, ni siquiera sé quién eres —solté, enojada y confundida ante su reacción.

—Soy Helen. Y sí, yo te salvé, te salvé de él y te traje aquí. Podrá parecerte que soy tu enemigo, pero no lo soy, yo sólo quiero ayudarte.

—¿Salvarme de quién? —cuestioné, mirándolo con enojo—. Me ayudarías más si me dejaras salir de aquí...

—Chrystalle, eso no pasará —tajó de inmediato—. También sigo órdenes, y tú debes seguir las mías si no quieres morir.

—¿De quién sigues órdenes?

—Es alguien que te cae muy bien. Alguien a quien podría decir que amas, alguien que te ha dado la mano, pero también te ha jalado del pie. ¿Quieres adivinarlo? —preguntó, divertido.

—No —escupí enfadada—. Yo no conozco a nadie así. Y no voy a seguir tus órdenes, no voy a confiar en ti.

Sus celestes ojos centellearon aún con la falta de iluminación en el lugar, y pude ver cómo por unos segundos destilaron una oscuridad inexplicable, pero después recobraron su divertida y hasta podría decirse inocente aura.

—Nadie te obliga a confiar en mí.
¿Hoy tienes ganas de morir?

Abrí mis ojos como platos, impactada por sus palabras, pero después vi cómo se rió y me lo tomé como una mala broma.

—No me importaría —dije, a lo cual él reaccionó con una sonrisa.

—Nos vemos luego —se despidió de mí, caminando hacia la puerta y desapareciendo tras ella.

Sí, "entre broma y broma la verdad se asoma", un refrán que repetía mi hermano más veces de las que me hubiera gustado. Pero pude sentir cómo ese refrán se volvía una ley para mí, porque yo sabía que una parte de mí sólo quería morir y dejar de sentir. Eso hubiera deseado más que nada si hubiera sabido qué es lo que me pasaría después.

Activity X |Laughing Jack|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora