29. Dejar ir.

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Chrystalle

Saqué el celular de mi bolsillo, pues éste había vibrado, indicando la llegada de un nuevo mensaje. Rápidamente lo desbloqueé, y me había llegado un mensaje de texto de un número desconocido, el cual decía "Abre la puerta, pero antes diles a las demás personas que están aquí adentro que se vayan, si no es que quieres que yo las haga irse."

Lentamente levanté mi mirada de la pantalla, y observé a Helen. Sus fríos ojos me escaneaban, mientras me ofrecía una sádica sonrisa y guardaba su celular.

Me dirigí a la sala y les pedí a Theo y Alysha que fuesen a realizar unas compras al supermercado, inventándoles que necesitaba comida y algunas cosas de higiene personal, y ellos aceptaron, dejándome sola después de unos cuantos minutos. Cuando volví a la cocina, en la puerta ya no había nadie. Helen se había ido.

Entonces, sentí cómo una gruesa mano me tapaba la boca e inmovilizaba mis manos, sujetándolas con su otra mano libre.

—Eres una perra muy, muy rebelde y escurridiza, Chrystalle. Yo te traté muy bien, demasiado, diría yo, al principio. Pero ya no más, no lo merecías, y no lo vales —después de escupir aquellas palabras con odio, sacó un cuchillo de carnicero, el cual colocó en mi cuello, y comenzó a presionarlo, a tal punto en el que podía sentir cómo pasaba de rozar mi cuello, a cortarlo. Podía sentir la sangre que fluía y escurría por mi cuello. Me ardía, unas lágrimas se derramaban por mis mejillas, poco a poco estaba perdiendo mis esperanzas de vida. Ojalá tuviera en estos momentos la garra de Jack... Pero él no puede hacer nada. Mi vida depende únicamente de mí.

—Vete a la mierda, Helen —chillé, antes de que el cuchillo se encajara aún más en la carne de mi cuello, y como pude me zafé de su agarre, y rápidamente corrí a un cajón de la cocina para sacar un cuchillo y extenderlo enfrente de mí, de manera amenazadora.

—Jodida escurridiza. Ya escapaste una vez de mí, no lo harás otra vez —Helen se abalanzó contra mí, provocando que nuestros cuchillos se cayeran y que él quedara arriba de mí, pero con todas mis fuerzas, cambié de posición y quedé encima de él. Sin darme cuenta, Helen quedó exactamente debajo del cuchillo, y este, al hacer contacto con su estómago al momento de caer encima de él, lo perforó. Mis ojos se abrieron en demasía cuando Helen empezó a toser sangre, y manchó gran parte de mi ropa. No pude hacer nada, no sabía qué hacer. Me quedé ahí, encima de él, mientras veía cómo el cuchillo cada vez se encajaba más, hasta traspasar completamente su estómago. Los ojos de Helen se quedaron fijos viéndome.

Me quedé unos segundos más observando el inerte cuerpo de Helen, que yacía sobre el piso de mi cocina. Cerré sus ojos con mis dedos, por respeto a su cadáver. Sí, tal vez es un maldito idiota que estuvo a punto de matarme, pero eso no quiere decir que no desee que su alma se vaya en paz a donde quiera que se vaya.

Escuché el crujido de la puerta de la casa al ser abierta, y luego escuché el sonido de las bolsas llenas de cosas al ser dejadas en el suelo.

—¡Chrystalle, ya llegué! Alysha se fue a su casa, después de hacer las compras conmigo —gritó mi hermano. Sí, muchas gracias, Theo. No me había dado cuenta de que habías llegado, eh.

Escuché que sus pisadas se acercaban cada vez más, y maldije mentalmente, ¿qué podía hacer? ¿acaso era posible ocultar un cadáver y cambiarme de ropa en 5 minutos?

—¿Qué haces aquí? —preguntó Theo, entrando a la cocina. Me giré lentamente, para ver su rostro, contraído por el terror al ver la escena de la cocina.

—Theo, por favor, déjame explicarte... —supliqué, con los ojos cristalizados por mis lágrimas.

Los grises ojos de Theo se salieron de sus órbitas y me miró con miedo, jamás olvidaré esa mirada. Jamás me había temido una persona. Es la sensación más horrible que alguien puede sentir, que alguien te tenga miedo.

—¿Qué es esto? —preguntó con un hilo de voz—, ¿tú mataste a ese hombre? ¿quién es ese hombre? —se tapó la boca con sus manos.

Lentamente me levanté del suelo, y traté de acercarme a él para poder hablar mejor, pero él retrocedió lentamente, mirándome con temor. Realmente estaba atemorizado. Me sentía un monstruo.

—Aléjate de mí. No sé quién seas, pero no eres mi hermana.

—¿Qué dices? —lo miré, estupefacta, mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas—, ¡soy tu hermana! ¡yo no he asesinado a nadie!

—¿Y ese hombre qué? ¿Qué carajo has hecho, Chrystalle? No te conozco —declaró, mientras también las lágrimas se hacían presentes en sus ojos.

—Yo no lo maté, te lo juro. Él vino, él vino a matarme. Y nos caímos al suelo, y los dos teníamos cuchillos, y entonces... —hice una pausa, limpiándome las lágrimas que me imposibilitaban ver con claridad— se cayeron al suelo, junto con él, y al momento de caer el cuchillo al suelo, él también se cayó, y el cuchillo se clavó, pero yo no se lo clavé. Por favor, tú tienes que creerme... Eres mi hermano, eres mi Theo.

Sus ojos se volvieron más fríos, y estos vieron al cadáver, para segundos después volver a verme a mí. Negó con la cabeza.

—No. No soy hermano de una asesina —escupió esas palabras con odio. Sentí un ardor en el pecho, al haber escuchado esas palabras y el tono de voz con las que lo había dicho—. No puedes mentirme, lo mataste. Aparte de asesina, eres una mentirosa. Vete de aquí. Yo limpiaré tu puto desastre. Es lo único que haré por ti.

—¿A dónde? —pregunté, con un hilo de voz.

—No me importa, vete lejos, agarra lo que sea que necesites y vete. No quiero tenerte cerca de mí, ni de Alysha. Vete. Tienes suerte de que no llame a la policía.

Su mirada se endureció, y salió de la cocina, dejándome sola. Suspiré, para tratar de calmarme, aunque era algo realmente imposible, y después subí las escaleras, para poder agarrar una maleta y meter ropa, zapatos, y otros accesorios de higiene personal. Y dentro de una cajita de madera, metí la garra de Laughing Jack. No podría olvidarla. Ni siquiera a él...

No sé a dónde iría, pero necesitaría encontrar un lugar seguro. Trataba de enfocarme en pensar dónde quedarme, para dejar de enfocarme en el dolor que sentía por el rechazo y la falta de confianza de parte de mi hermano. Pero está bien, no lo culpo. Si yo hubiera visto esa sangrienta escena, me sería difícil creer que no maté a nadie, al menos no a propósito.

Salí de mi casa, echándole un último y rápido vistazo. Extrañaría mi casa. Y a Theo. Y a mi mejor amiga, Alysha. No quería derramar más lágrimas, así que me fui rápidamente de ahí, dejando todo lo que tuviera que ver con mi vida atrás.

Activity X |Laughing Jack|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora