17. Dulce delirio.

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Laughing Jack

Hoy es Miércoles, Chrystalle no trabaja. Y se llevará una agradable sorpresa en su casa. Son las 10 a.m, aún es muy temprano para que Helen entre a su casa.

Decidí quedarme a dormir en la casa de Slenderman, para así poder supervisar de cerca las acciones de Helen. Por su bien, ojalá que no cometa ninguna idiotez que esté fuera de nuestro plan.

Me encaminé a la habitación de Jeff y la abrí. Me encontré a Jeff tocando el filo de su cuchillo, viendo a la pared, distraído.

—Jeff -llamé su atención-. Tú sigues después de Helen. Sabes a lo que me refiero.

Jeff me miró y asintió rápidamente.

—Esto va a ser divertido.

—Sabes cuáles son mis reglas.

—Sí, lo sé.

—Cuando veas a Masky, avísale que él va después de ti.

—¿Crees que aguante tanto?

Medité un poco mi respuesta. No había pensado en cuánta tortura podría aguantar el cuerpo de Chrystalle.

No es frágil, pero tampoco es tan fuerte. Inmediatamente, sentí un leve remordimiento y preocupación por ella. Comienzo a sentir cariño por ella, sí. También anhelaba ver pronto sus grises ojos y sus mejillas sonrosadas. Es un sentimiento extraño.

Sí, creo que la extraño. Pero eso no impedirá que mi juego no se lleve a cabo.

—Aguantará lo que tenga que aguantar -le respondí a Jeff-. No puedo saber cuánto tiempo aguantará, pero haré que ese tiempo se prolongue.

—¿Te interesa el bienestar de Chrystalle? -preguntó Jeff con curiosidad-.

—No -respondí automáticamente, mintiendo-. Sólo quiero prolongar el juego, no su vida.

Dicho esto, salí de la habitación.
Pensando una vez más en Chrystalle.
Es para mí, un delirio. Un peligroso y dulce delirio.

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Eran las 8 p.m. en punto. Ya era hora.
Observé cómo Helen desaparecía tras los árboles del bosque después de decirme que llevaría acabo su cometido con Chrystalle. Y yo quería supervisar eso. Desaparecí entre una negra humareda.

Aparecí afuera de la casa de Chrystalle, en su jardín. Pude divisar que Chrystalle estaba sentada en su cama utilizando su laptop, estaba distraída. Divisé a Helen subiendo las escaleras sigilosamente.

Al encontrarse fuera de la habitación de Chrystalle, Helen abrió la puerta provocando un estruendo.

Pude ver cómo Chrystalle cerraba su laptop y la dejaba a un lado y se encontraba petrificada mirando a Helen.

Helen se acercó con su cuchillo, agarró a Chrystalle de los brazos, y mientras ella forcejeaba por soltarse del agarre, Helen le arrancó la playera y le realizó cortes en forma de cruces en su espalda.

Podía escuchar los desgarradores gritos de Chrystalle. Algo dentro de mí empezó a hervir. No me encantaba escuchar sus gritos de dolor, me enfurecía ver cómo estaba siendo lastimada. Pero a la vez me provocaba placer, porque sus alaridos de dolor alimentaban mi gélido corazón, me hacían sentir vivo.

Pude observar cómo Chrystalle salía corriendo de su habitación y se dirigía a las escaleras, pero tropezó por ellas y cayó a la planta baja lastimándose la espalda.

Helen bajó tranquilamente las escaleras y levantó a Chrystalle jalándole el cabello. Helen hizo que Chrystalle lo mirase a sus fríos ojos azulados, mientras le hacía un pequeño corte en el cuello, justo al lado de la yugular.

Y en ese momento, Helen la tiró otra vez al piso y salió corriendo de su casa por la puerta principal.

Observé cómo Chrystalle se levantaba lentamente del suelo y se sentaba en el sofá, sin hacer más. Y miraba la televisión sin siquiera prenderla. Se veía trastornada.

Y así fue como me di cuenta de que Helen había logrado su cometido, y lo hizo mejor de lo que pude haber pensado.

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