Chrystalle
Estaba escuchando música en mi habitación, mientras podía escuchar cómo Alysha y Theo reían mientras cenaban. Me preguntaron si tenía hambre. Les dije que tenía sueño y que prefería descansar un poco. Estaba pensando en cómo pasó todo tan rápido. Empecé a escuchar pasos atrás de mí, me giré rápidamente y vi a un hombre con un hacha en su mano. Me asusté, e iba a gritar, pero me tapó la boca con la mano y con el mango de su hacha me dio múltiples golpes en las costillas, uno en la cabeza y me dio una cachetada.
Luego me tiró al piso y comenzó a ahorcarme, cuando se percató de que estaba perdiendo el aire apresuradamente me levantó con sus brazos para después caminar conmigo hasta mi casa, amenazándome con su hacha para que no saliera corriendo. Y después se despidió agitando alegremente su mano, como si fuéramos amigos. No tuvo sentido. Un asesino no se despide así. Y un amigo no hace eso. Espero que Jack se entere de esto, de todas maneras, sí, está loco, pero trató de protegerme. Me advirtió de que iban a venir por mí.
Tal vez el chico, como vio que nunca llegué al supermercado, fue a buscarme cerca de mi casa y para suerte suya me encontró. Ojalá Jack supiera que sí me encontró y que no sirvió de prácticamente nada su advertencia. Pero aun así se lo agradezco, porque trató de salvar mi pellejo.
Tal vez no es tan malo como pensaba y dentro de ese descolorido y tétrico cuerpo tiene un corazón que todavía late y puede sentir cariño hacia otra persona.
Qué estúpida yo, que estoy cayendo en garras, literalmente, de un amor peligroso y hostil. No puedo evitarlo. Me siento atraída por un engreído, orgulloso, psicótico y extravagante payaso asesino.
Carajo.
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Sonó mi alarma. Hora de levantarme.
Corrí a la ducha, me vestí, cepillé mi cabello, me maquillé un poco. Lo mismo de siempre. Después, salí corriendo de mi habitación y abrí la de Theo. Alysha y él dormían plácidamente en su cama.
—Theo, ¿a qué hora entras a trabajar hoy? -pregunté-.
Él, sin abrir los ojos, respondió.
—Entro a las 11, Alysha a las 12:30 y tú a las 9. Te dejé el desayuno en la cocina, te amo.
Me reí en voz baja. Theo sigue cuidándome como si fuera una pequeña. Qué tierno, seguramente hace algo similar con Alysha.
—Vale, nos vemos al rato, chicos -me despedí y bajé a la cocina-.
Comí mi avena con leche lo más rápido que pude, porque eran las 9:13 am, y tenía cita con Meredid, mi caso más difícil, puesto que a sus 13 años tiene síndrome de personalidad limítrofe y anorexia nervosa. Es alta para su edad, mide 1.58 cm, y la desgracia es que pesa 36 kilogramos. Me presiono demasiado con Meredid, pues si no la ayudo pronto, seguramente muera pronto de inanición.
Salí corriendo de la casa y tomé un taxi. El conductor del taxi era un chico apuesto, tenía piel pálida, ojos azules y cabello negro azabache.
—¿A dónde la llevo? -preguntó amablemente-.
—Al hospital Navarro, por favor.
—Por supuesto -dijo comenzando el viaje-. ¿Es usted médico?
—Sí. Bueno, soy psicóloga.
—Es una magnífica profesión.¿Psicóloga clínica?
—Paidopsicóloga.
—Oh, trabajar con los niños debe ser interesante.
—Lo es -dije, dando por terminada la conversación. Pero no quería ser descortés, así que le pregunté por su profesión-. ¿Usted qué estudia?
—Soy artista plástico -me dijo sonriendo-.
Nunca había conocido a un artista.
—Vaya, qué interesante -comenté-.
Me dedicó otra sonrisa. Este chico es muy risueño, y tiene una sonrisa que te derrite cuando la ves.
—Ha de tener horarios muy arduos, me han comentado unos amigos que son médicos, que normalmente descansan muy poco.
Asentí con la cabeza.
—Así es, la mayoría son horarios difíciles. Depende del área médica en la que estés. Siendo sincera, estoy cansada, pero me encanta mi trabajo.
—¿Usted tiene horarios muy extensos?
Lo miré un poco extrañada, no sé si debía comentarle mis horarios. Pero seguramente no lo volveré a ver, qué más da.
—Sí, hoy salgo hasta las 10 pm.
—Vaya, y así es todos los días, supongo.
—La verdad es que no, mañana junto con los sábados es mi día de descanso.
—¿Trabaja los domingos?
—Sí.
—Hemos llegado a su destino, señorita. Tenga un buen día, ojalá crucemos nuestros caminos... Muy pronto.
Y antes de que pudiera decir algo, se perdió entre la multitud de automóviles. Qué extraño. Es un chico muy peculiar.
Entré al hospital y fui directo a mi consultorio, a empezar mi jornada con Meredid.
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Fue un día agotador. Menos mal que mañana no trabajo. Ya había llegado a mi casa y me encontraba viendo la televisión y comiendo pizza.
Theo y Alysha están todavía en el hospital, salen hasta la madrugada.
Pensé en Jack. Hace dos días que no lo veo y ya lo extraño. ¿Qué estará haciendo en este momento?
¿Tendré la suerte de que en algún momento de su día piense en mí?
En ese preciso momento, se escuchó un golpe en la ventana. La miré, aterrada, pensando lo peor. Pero era sólo una rama que había golpeado mi ventana por el viento. Empecé a formular muchas preguntas en mi mente, todas acerca de Jack.
Creo que estaba volviéndome loca. Tenía miedo de que alguno de sus locos secuaces irrumpiera en mi casa para matarme.
Últimamente he tenido sueños en los que termino brutalmente asesinada o torturada. Este estúpido juego me está sacando de mis casillas, ya no puedo estar tranquila ni un segundo.
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Activity X |Laughing Jack|
FanfictionHasta que miré mi reflejo en su cuchillo, supe que esa cosa era tan real como la muerte. Tan real como ese nuevo sentimiento hacia él que brotó desde la profundidad de mi corazón. Nunca acato las órdenes de mis sentimientos. Nunca me enamoré de alg...
